domingo, 13 de octubre de 2013

Las falacias legales


No todo lo legal es ético, no todo lo legal es moral, no todo lo que es legal es justo. Una cosa es lo legal, una cosa es el derecho y otra cosa muy diferente es lo justo, la justicia.

Mucho antes de que lo pensara, el filósofo francés Michel Foucault distingue entre la norma y la ley precisando que “esta última opera cuando existe una infracción. Se convierte en un mecanismo de legitimación del poder dominante y regula los marcos de interacción social del resto de los individuos”. Es decir “las leyes están hechas por unos y se imponen a los demás”.

Desde niño se me ha inoculado un concepto llamado legal según el cual “todo individuo es inocente hasta tanto se le demuestre su culpabilidad”. He comenzado a dudar la certeza y lo justo de ese postulado y ahora me percato, tal como lo dijo Foucualt que “las leyes están hechas por unos y se imponen a los demás”. Nos impusieron ese principio hasta el punto de ser aceptado sin discusión por, diría, todo el mundo; pero, pensemos, mejor dicho, dudemos, si ese supuesto principio del derecho fue maquiavélicamente impuesto por aquellos que cometen delitos inteligentemente, que esconden eficientemente las pruebas y por tanto se dificultan a cualquier mortal obtenerlas. Pensemos por un momento si ese supuesto principio fue impuesto por un poderoso para protegerse de aquellos sin muchos medios investigativos.

Vayamos a un ejemplo concreto. Un poderoso roba. ¿Qué puede realmente hacer un pobre para probarlo? Para empezar, recabar las pruebas tiene un costo. Pero además impusieron otro casi imposible, si el débil acusa al poderoso y sus pruebas no se ajustan al derecho, en consecuencia no puede probar nada, está sujeto a una contrademanda por difamación, injuria, etc. y, para colmo no puede defenderse porque es pobre, va con sus huesos a podrirse en una cárcel por atreverse a dudar de la honorabilidad de un pillo rico. La riqueza es el escudo protector de sus perversidades.

En mi anterior escrito propuse la figura de la renta presunta para juzgar los casos de corrupción y que se invirtiera la carga de la prueba, es decir, le tocaría al acusado de corrupción probar que es inocente. De esta manera se acabaría con la injusticia envuelta automáticamente en el caso señalado en el párrafo precedente.

Basándonos en la concepción actual de la justicia, un pobre puede incluso llegar a tener pruebas pero teme al poderoso porque éste tienes más y mejores armas que él. El sociólogo Zygmunt Bauman plantea una intrínseca tensión entre la ética y la moral y la conservación de la seguridad personal. Según el pensador polaco el reconocimiento de un “blanco que atenta” contra la integridad del individuo relega cualquier tipo de planteo moral frente a las acciones que se desarrollan ante su presencia. El pobre piensa en su propia seguridad personal, en la de su familia y, al final, decide dejar las cosas como están, termina no arriesgándose, antepone su seguridad a los principios éticos y morales y a sus deberes como ciudadano.

Lo que copio a continuación reposa en un recorte de periódico y lamento no saber quien lo escribió para darle justo reconocimiento: “Así pues, el Estado de derecho se ha configurado como aquel regido y ordenado por un conjunto de leyes e instituciones (previamente aprobadas y legitimadas), organizadas generalmente en torno a una Carta Magna, que sirven como marco de actuación y control al comportamiento y funciones de las autoridades. Sin embargo, aunque el Estado de derecho permitió un control de las autoridades, no resolvió todos los problemas que conlleva la estructura compleja de un Estado, de hecho conlleva en su concepción un riesgo para alcanzar su objetivo: ¿cuál es y cómo se construye el contenido de las leyes?

Tenemos, por ejemplo, una dictadura o un Gobierno dominado por la burguesía que manipule la opinión pública y que controle el Poder Legislativo y Judicial, puede generar leyes a su favor y definirse como ajustado a derecho. Por ello debemos tomar en cuenta que para que podamos hablar de un verdadero Estado con base en la legalidad, el mismo no debe quedarse en lo estrictamente formal (construcción de leyes), sino que debe transcender al plano material (ejecución de las leyes sobre la base de la garantía de los derechos humanos), y ello solo es viable en gobiernos democráticos con la participación del pueblo en la construcción de las normas que le van a regir.”

“Tampoco el Estado de derecho por sí solo (si desde el plano formal lo analizamos) es capaz de resolver las desigualdades sociales y económicas que se han instaurado y arraigado especialmente luego de la Revolución Industrial, por lo que debe incorporar un nuevo elemento vinculado con la equidad y justicia social y asumir que el Estado es el instrumento por excelencia para alcanzar la transformación social.”

Desde que se inventó la humanidad, los poderosos han organizado todo a su favor en todos los órdenes de la vida. Las leyes no son una excepción. ¿Habrá llegado el tiempo cuando los pueblos, es decir los pobres, tomen conciencia y comiencen a sacudirse esos yugos seculares?

Con la inversión de la carga de la prueba se daría un primer paso fundamental para comenzar a deslastrarnos de injusticias finiseculares. Ese asunto de que el individuo es inocente hasta tanto se pruebe lo contrario es un verdadero engaño. Propongo que se aprehenda al criminal solo con la presunción y que le toque a él probar su inocencia. Me atrevo inclusive a proponer que se le señale y acuse confidencialmente para que no opere la venganza posterior. En el caso de los corruptos (eufemismo para llamar los ladrones) basta observar los súbitos cambios en sus estilos de vida porque ellos son maestros en el arte de esconder (justificar) delitos. Ya lo afirmó Simón Bolívar cuando dijo que “el talento sin probidad es un azote”.

Simón Bolívar fue sumamente drástico con relación a los corruptos. Su famoso decreto fechado en Lima el 12 de diciembre de 1824 contempla la pena de muerte a quienes roben más de 10 pesos; pero no solo eso, idéntica pena se aplicaba a los jueces venales que protegieran a esos ladrones; pero, hay algo sumamente importante que la mayoría de los historiadores soslayan, Bolívar apela al pueblo para que los denuncie y establece la obligación de hacerlo. Confiaba en el pueblo más que en los sabios cuando de la salud de la patria se trataba. Al invertir la carga de la prueba y establecer la obligatoriedad de la denuncia se daría un paso gigantesco hacia EL REINO DE LA JUSTICIA. No olvidemos jamás que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece en su Artículo 2 que el régimen que debe imperar en el país es uno de Derecho y de Justicia.

  
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martes, 1 de octubre de 2013

La Corrupción


El delito, en cualquiera de sus formas, se esconde, se mimetiza, se mezcla con las demás actividades. El delito se transforma y se renueva. Todo delito, por supuesto, debe ser ilegal aunque a veces ciertos delitos no lo sean. Todo delito es pecado y fruto directo de otros pecados – los pecados capitales – porque se origina y forma parte de ellos. La corrupción es una forma de delinquir derivada directamente de los pecados capitales; la envidia, la codicia, la avaricia, la soberbia y hasta la lujuria. Su principal nutriente es la ambición desmedida e insana propia de almas podridas, pervertidas.

Hay mucha gente que permanece honrada porque nunca tuvo oportunidad de probar su verdadera naturaleza. Nunca se le presentaron tentaciones para ser deshonestos.

Para que haya corrupto tiene que haber corruptor. ¿Quién da el primer paso? Tanto el uno como el otro pueden tomar la iniciativa y al juntarse se da el matrimonio diabólico. Como siempre, la víctima de todo delito es el pobre. De hecho, los ricos son ricos porque siempre han robado a los pobres y esta conducta se ha hecho habitual y casi se considera como parte del orden natural. Peor es cuando el pobre roba a otro pobre, ese es un pobre ladrón, las migajas que roban son realmente pocas.

Antes dije que muchos delitos pueden no ser ilegales. Inmorales y faltos de ética siempre lo son. No todo lo legal es ético, ni moral ni mucho menos justificable; pero las leyes, muchas malhadadas leyes, son escritas por los corruptos directa o indirectamente. Uno de los grandes ejemplos en Venezuela fue una tristemente famosa “Ley de Bancos”, escrita por banqueros corruptos, aprobada por políticos corruptos, ley que amparó el tal vez mayor robo colectivo de la historia de Venezuela.

Ultimamente se ha mezclado peligrosamente la corrupción con una guerra económica que intenta sabotear el país. Los capos de la guerra se han aliado con los corruptos, que en esa mezcolanza son los mismos, han estimulado el delito y han encontrado campo fértil en aquellas personas que de honestos tienen la honradez virginal de las mujeres muy feas. Son honestos porque nadie les ha propuesto dejar de serlo al igual que esas mujeres que se conservaron vírgenes porque nadie les dio la oportunidad de dejar de serlo.

Daré algunos casos, a veces difíciles de identificar, que sabotean y a la vez nadan en el asqueroso pozo de la corrupción. Son saboteadores los empleados administrativos de empresas u organizaciones públicas que se encargan de cancelar “las cuentas por pagar”. Retrasan con cualquier pretexto, real o imaginario, la cancelación de las facturas vencidas. De este punto se derivan dos vías: una, la empresa afectada corta el suministro hasta recibir el pago, las máquinas, equipos o procesos no son atendidos debidamente, se retrasa o suspende la producción y el sabotaje se consuma. Otra, la empresa afectada está presionada por su falta de flujo de caja y le proponen pagar las facturas atrasadas siempre y cuando “se bajen de la mula” con determinado porcentaje. En ambos casos se sabotea la producción.

Otra forma de corrupción es la desidia. Esos empleados a quienes no les importa que el ciudadano común o la institución para la cual “trabaja” obtengan lo que buscan. El primero se llena de ira o frustración y echa pestes contra la institución y sus líderes superiores y, en el segundo caso, la empresa no cumple con sus objetivos en el tiempo deseado.

La corrupción no se puede relativizar. Es tan corrupto el funcionario que por desidia, incapacidad, flojera, perversión, mala leche o grupos de estas “cualidades” guarda “involuntariamente” un expediente o solicitud en una gaveta, como el tipo que cobra millones en comisiones por contratos o compras millonarias. A la sempiterna corrupción (existe en todo el planeta desde que se inventó la humanidad) se ha unido ahora en Venezuela la guerra económica contra el país. Hay necesariamente complicidad de funcionarios públicos y el daño se le hace a todo el pueblo. Los oligarcas burgueses siempre han robado a todo o todos los pueblos y diseñan los más elaborados planes para lograrlo. En eso son expertos.

El Señor Presidente Maduro va a solicitar a la Asamblea Nacional una Ley Habilitante para luchar contra la corrupción y, supongo, la guerra económica desatada contra toda la nación. Ruego a los lectores dar difusión y divulgar lo que diré a ver si estas notas llegan a los altos niveles del gobierno y consideran mi propuesta. Es la siguiente:

Considerar la figura de la renta presunta. Se dice que hay tres cosas que nunca se pueden ocultar: la tos, el humo del cigarrillo y la riqueza. El robo fabrica millonarios de la noche a la mañana o acrecienta los activos de quienes ya lo son. Si se les encuentra riqueza súbita – no el producto de viejos robos cometidos por sus antepasados – que se les confisque todo, al menos preventivamente. Tocará a ellos la difícil prueba de demostrar que esas ganancias “son honradas”. ¿Podrán los acaparadores, especuladores, cobradores de comisiones, etc. superar esta clase de prueba? A esa gente hay que aporrearla donde les duele: en sus bolsillos y cuentas bancarias. Acaparen o especulen con lo que sea no importa, no tiene que ser solo con productos de primera necesidad, que se les quite todo sin contemplaciones. Si ellos roban con toda clase de productos, que se les castigue por lo que sea que ellos roban, es decir, acaparan y o especulan.

No es raro ver tipos que siempre fueron pobres, como de la noche a la mañana viven en mansiones, tienen carros de lujo, viajan por el mundo, se codean con “el alto perraje” y ostentan riquezas de origen dudoso. Que se les caiga encima sin piedad ni consideración alguna, que se les quite todo. Ya tocará a ellos probar la legitimidad de esos capitales. Sería la única manera con que contaría para devolver al pueblo al menos parte de cuanto le fuera robado.

Simón Bolívar lo dijo muy claro que debe haber leyes inexorables, draconianas agrego yo, para preservar la moral y la virtud de toda la nación. Ojalá Bolívar viviera y pusiera en práctica su famoso decreto ordenando pasar por las armas a todo aquel que robe más de 10 pesos, y a los jueces que los apañen.

Para cerrar, voy a parafrasear la frase de aquel inmundo batracio (con el perdón de esos inocentes animalitos) aquel 4 de febrero de 1992 en el extinto congreso nacional (en minúsculas en señal de asco y desprecio):

MUERTE A LOS LADRONES, A LOS ESPECULADORES QUE ES LO MISMO, MUERTE A LOS CORRUPTOS.

Sé de antemano que la pena capital no la contempla nuestra humanista Constitución, pero volver a la pobreza sería peor para esos desgraciados escatológicos tipos que la pena de muerte misma.


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sábado, 21 de septiembre de 2013

Amuay – Un año después

Sí amigas y amigos, hace poco más de un año escribí mis artículos “Amuay” - http://juanpedrotorres.blogspot.com/2012/08/amuay.html y “Sigo con Amuay” - http://juanpedrotorres.blogspot.com/2012/08/sigo-con-amuay.html#comment-form – Desgraciadamente, mis sospechas se han confirmado con el paso del tiempo. Cuanto me hubiera gustado no tener razón.

El pasado día lunes 9 de septiembre quedé estupefacto ante lo que llamo una Conferencia Magistral del ciudadano Rafael Ramírez, Ministro del Poder Popular de Energía y Petróleo de la República Bolivariana de Venezuela, sobre los tristes, dolorosos, lamentables sucesos del día 24 de Agosto de 2012 en el bloque 23 de la Refinería de Amuay, operada por Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) y propiedad de TODOS LOS VENEZOLANOS. Ver “Evento Clase A – Refinería de Amuay” que pueden leer y/o descargar de la página web oficial de PDVSA http://www.pdvsa.com/ desde una conexión “Resultados de Investigación: Caso Amuay”

La conclusión del ciudadano Ministro y de un multidisciplinario equipo técnico, basado en contundentes pruebas técnicas (metalográficas, químicas, etc.) es que en ese desafortunado incidente hubo una(s) mano(s) inhumana(s) muy peluda(s) que, con plena conciencia de sus actos, perpetraron un CRIMINAL sabotaje.

El genio de Simón Bolívar pronunció por allá por los 10 ó 20 del Siglo XIX una estupenda y profética frase: “El talento sin probidad es un azote”.

Desgraciados y mil veces malditos esos talentos que asesinaron tanta gente inocente, inclusive niños; que destruyeron tantos hogares, que causaron tanta infelicidad, angustia, horror, terror y muerte, además de considerables daños económicos a la nación, a la patria, a SU propia patria. Y conste que digo “SU propia patria” porque nacieron en algún lugar de Venezuela y tienen ciudadanía, nacionalidad y cédula de identidad de venezolanos; aunque sabemos que muchos, así hayan nacido en Guaracaral de Abajo o en San Fermín de Perromojado, hijos, nietos, bisnietos, etc. de Venezolanos, tienen su mente enferma, podrida, maloliente, sus jirones de alma perversa y su corazón envenenado en otra parte y, además, son obedientes lacayos de los intereses más cínicos, pérfidos, malvados, criminales, etc. del planeta y quizás más allá.

Por desgracia, tengo algún conocimiento sobre esta materia y he podido aquilatar la perfección del plan de sabotaje. Cerebros y manos expertas se conjugaron para llevar a cabo ese criminal acto que, gracias al altísimo, gracias al Dios de todos y cada uno, tuvo una falla. Falla no de ellos, de la naturaleza que nos salvó de un infierno mayor. El diseño original, sin duda, contemplaba un resultado mucho más catastrófico, muchísima mayor destrucción, quizás miles de muertos, heridos y desaparecidos. Buscaron la destrucción casi total de la refinería de Amuay mediante la creación de un súper infierno cuyas llamas hubieran tardado semanas y tal vez meses en apagarse. Pero no solo eso, destruir más de la mitad del centro refinador MAS GRANDE DEL MUNDO no es poca cosa. La catástrofe, además de humana y técnica hubiera representado al país un gigantesco daño económico y financiero, y casi seguro también político.

Nos salvamos, no me queda la menor duda, porque el Dios de todos y de cada uno metió su mano y les arruinó parcialmente el plan. Sabemos que la explosión fue causada por una chispa que se originó en el estacionamiento del Destacamento 47 de la Guardia Nacional Bolivariana ubicado fuera del área de la refinería en dirección sur-este. Esa chispa afectó una nube de olefinas muy volátiles que escaparon a la atmósfera debido a la rotura intencional de una bomba vertical. Lo anterior explica la razón por la cual la mayoría de las víctimas y los daños materiales corresponden en número, aunque tal vez no en dinero, a la población aledaña a las instalaciones de la refinería.

Digo y repetiré que Dios metió su mano e hizo fallar parcialmente el criminal intento por lo siguiente: normalmente el viento sopla en dirección noroeste y solo en raras ocasiones exactamente lo contrario como realmente ocurrió. La verdadera y calculada intención de los criminales saboteadores era que la nube se desplazara en sentido exactamente contrario y, al incendiarse, lo hiciera precisamente sobre la zona de concentración de la mayoría de las plantas de procesamiento de crudo y derivados. Imaginemos la dantesca situación de muchas plantas de proceso, llenas de hidrocarburos en proceso, todas, súbitamente, ardiendo de repente y generando una interminable cadena de catastróficas explosiones.

Se hubiera generado un caos y una conmoción cuyas consecuencias hubieran alcanzado al país entero. Ahora vayamos a lo que es PEOR. A un año de ese fatídico acontecimiento, se sabe a ciencia cierta, con pruebas contundentes que no dejan asomo a ninguna duda, que algunos dirigentes de la criminal fascista ultraderecha antivenezolana se reunieron con altos personeros, malvados todos ellos, del gobierno gringo y planificaron medidas para impedir un nuevo triunfo de la Revolución Bolivariana en las próximas elecciones presidenciales programadas para el día 7 de octubre de 2012.

Ante la evidente victoria del Comandante Supremo, llegaron a la tétrica y aberrante conclusión que SOLO UN EVENTO CATASTROFICO podría hacer variar a la opinión pública y cambiar el curso de los resultados electorales. Esos malditos hijos de engendro diabólico planificaron y ejecutaron ESE EVENTO CATASTROFICO y, ciertamente, lo lograron parcialmente y causaron esos terribles daños que todos lamentablemente conocemos. No lograron su fin último. La reacción inmediata del Comandante Supremo y su gobierno en general surtieron efecto contrario al esperado y el inevitable triunfo se consolidó en la fecha señalada pero los daños quedaron y sus consecuencias materiales aún tardarán tiempo en ser subsanadas. Imposible recuperar los daños humanos, menos aún a los mártires.

Vuelvo a Bolívar: “El talento sin probidad es un azote”. Inconcebible que gente “bien preparada” técnica y científicamente tenga cerebros tan malvados y pongan sus capacidades, conocimientos y experticia al servicio de Lucifer. Cerebros llenos de conocimientos pero también llenos de maldad. Esos cerebros son realmente los malos engendros de la sociedad capitalista que los inocula con el diabólico veneno de la codicia, la avaricia, la ambición desmedida y los peores principios, los antivalores, la falta de aprecio a sus semejantes y a la humanidad en general. Me faltan calificativos para seguir juzgándolos, no soy tan inmundo como ellos. No lo intenten, no se ensucien ustedes, queridas(os) lectoras(es), tampoco.


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martes, 17 de septiembre de 2013

Dinámica de grupos en la vida real

He tenido recientemente una experiencia que me atrevo a calificar de poco agradable. Intento movilizar a los vecinos de una pequeña comunidad con la idea de obtener un beneficio para todos y, a pesar de los varios intentos para conseguirlo, no logro entusiasmarlos y, conste, he buscado argumentos que en principio captan la atención y la aprobación de esos interlocutores pero, de ahí no logro pasar más allá y convertirlo en acción creadora.

A veces tiendo a desanimarme pero me entusiasmo de nuevo y para darme ánimos me digo a mí mismo que estoy luchando contra un patrón cultural firmemente establecido, muy difícil de romper o modificar. ¿Contra qué lucho específicamente? Pues, sinceramente, yo mismo no le sé. ¿Egoísmo? ¿Molicie? ¿Incredulidad? ¿Abulia? ¿Individualismo?

¿Por qué no se dan cuenta que al beneficiar colectivamente a la comunidad donde viven, también se benefician ellos en lo personal, grupal o familiar?

¿Qué los mueve; o, mejor dicho, que los detiene?

Confieso también que he buscado por diferentes vías obtener una respuesta y me asombro de una paradoja que no sé como interpretar y, naturalmente, resolver. Esa paradoja consiste en que muchos parecieran negarse en vista de que consideran que los otros vecinos no cooperan y eso parece frenarles su deseo de cooperar. No hacen la pregunta, pero casi automáticamente la supongo:

¿Por qué debo yo hacer algo con lo cual beneficiaré a otro que no hace nada por beneficiarme a mí? Le agrego, ni siquiera por beneficiarse él mismo o ella misma.

La idea del beneficio directo propio parece predominar siempre y cuando no beneficie a más nadie. Por el contrario, soy de la idea que, si para beneficiarme yo debo ayudar a que otros también se beneficien, y es la única forma para yo lo logre; entonces, que muchos tengan también lo que yo tendré. La alegría, la felicidad, el bienestar, la mejor vida y muchas otras cosas más se disfrutan a plenitud cuando los vecinos también lo disfrutan. Eso elimina la posibilidad de que exista envidia y por ende maledicencia. Entendamos de alguna manera, es mejor ser felices todos juntos.

Soy ferviente repetidor de la una frase feliz expresada por el gran mexicano Don Mario Moreno, mejor conocido como Cantinflas quien afirmó que “el primer deber de un ser humano es ser feliz; el segundo, hacer felices a los demás”.

Oigamos a Cantinflas, hagamos felices a los demás y deslastrémonos de ese inveterado pensamiento egoísta que le he oído a unos cuantos, que se jodan los demás aunque me joda yo también. Eso es exactamente solidaridad al revés, sí estamos dispuestos a compartir la desgracia porque parece ser que las desgracias de los demás son las que nos satisfacen. ¿Algo absurdo, verdad?

Parte de ese negativo patrón cultural es la sempiterna quejadera. La gran mayoría lo hace a cada rato por los motivos más baladíes y el tema favorito es encontrar defectos y fallas en los demás para justificar la ausencia de cooperación. Para no abundar ni redundar en ese aspecto e intentando modificar esos patrones de conducta que propician la maledicencia, para cerrar les cuento una fábula (gracias al Rev. Numa Molina) y que cada quien saque sus conclusiones:

ASAMBLEA EN LA CARPINTERÍA

Hubo en la carpintería una extraña asamblea; las herramientas se reunieron para arreglar sus diferencias. El martillo fue el primero en ejercer la presidencia, pero la asamblea le notificó que debía renunciar. ¡La causa! Hacía demasiado ruido, y se pasaba el tiempo golpeando.

El martillo reconoció su culpa, pero pidió que fuera expulsado el tornillo: había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo.

El tornillo aceptó su retiro, pero a su vez pidió la expulsión de la lija: era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás.

La lija estuvo de acuerdo, con la condición de que fuera expulsado el metro, pues se la pasaba midiendo a los demás, como si él fuera perfecto.

En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo, utilizando alternativamente el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Al final, el trozo de madera se había convertido en un hermoso mueble.

Cuando la carpintería quedó sola otra vez, la asamblea reanudó la deliberación. Dijo el serrucho: “Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestra flaquezas, y concentrémonos en nuestras virtudes”.

La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba solidez, la lija limaba asperezas y el metro era preciso y exacto. Se sintieron como un equipo capaz de producir hermosos muebles, y sus diferencias pasaron a segundo plano.

Moraleja
Cuando el personal de un equipo de trabajo suele buscar defectos en los demás, la situación se vuelve tensa y negativa. En cambio, al tratar con sinceridad de percibir los puntos fuertes de los demás, florecen los mejores logros. Es fácil encontrar defectos –cualquier necio puede hacerlo–, pero encontrar cualidades es una labor propia de almas nobles, capaces de despertar lo mejor que tienen los demás.


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miércoles, 28 de agosto de 2013

Ser algo mejores

Hay un viejo cuento, fábula o como quiera que lo llamemos que brevemente narra la menuda historia de un hombre que intentó cambiar su país, y no pudo. Redujo sus metas y aspiraciones y se dijo a sí mismo que intentaría cambiar su estado, y no pudo. Continuó sucesivamente reduciéndolas e intentó cambiar entonces su municipio, su ciudad, su barrio y su cuadra, y tampoco pudo. Después de todos esos intentos y perdido inútilmente tanto tiempo, las redujo aún más, se dijo a sí mismo que intentaría cambiar su familia y, como imaginarán sin dificultad, tampoco pudo.

Ultimamente está intentando cambiarse a sí mismo.

La moraleja, según algunos, es fácil de deducir: para cambiar cualquier cosa es preciso cambiarnos a nosotros mismos; eso sí, siendo como dice la canción que canta Silvio Rodríguez “un tilín mejores”. No aspiremos a ser mucho mejores porque simplemente no lo lograremos, seamos tan solo un poquito mejores; persistamos, seamos un poquitín más con cada intento, y así lograremos, tal vez, llegar a ser algo mejores. Pero eso sí, hagamos pequeños esfuerzos y persistamos en alcanzar lo inalcanzable, lo que nunca lograremos, pero algo habremos conseguido.

Sé positivamente que estoy hablando de algo muy trillado. Cuantas veces hemos oído o leído cosas parecidas o semejantes a lo dicho. No obstante, a pesar de haberlo oído o leído tanto, seamos sinceros con nosotros mismos y hagámonos la pregunta: ¿Cuántas veces de veras lo he intentado? Y, en todo caso, ¿Qué he logrado hasta ahora?

Lo anterior se limita a una o a muchas personas. Pero, por extensión, lo podemos extrapolar a grupos humanos más grandes: una pequeña o gran comunidad, un barrio, un municipio, un estado, una región y hasta un país.

No tengo la menor duda que la Revolución Bolivariana ha logrado hacer que muchos venezolanos seamos un poco mejores de lo que antes éramos; pero, aún falta mucho. Y, precisamente, donde más falta es en aquellos conglomerados donde la revolución ha hecho poco o nada, pero no por falla de ella sino de la gente misma.

Resulta curioso darse cuenta que donde la Revolución ha tenido sus mayores y mejores éxitos ha sido en aquellas comunidades donde la gente era o se convirtió en algo mejor. Pero, más curioso resulta comprobar que, entre esos grupos humanos, los éxitos han sido más asombrosos en muchas comunidades indígenas. Sí señores(as) incrédulos(as), muchas comunidades de “salvajes sin educación” nos pueden dar y de hecho nos dan lecciones de organización, lucha comunitaria, acciones colectivas y sobretodo, gran solidaridad. La cooperación de unos con otros para lograr un fin colectivo ha sido y es notable. Digno de estudio y admiración.

Cualquiera puede argumentar que para “ellos” no es difícil porque esa es y ha sido su forma de vida. Efectivamente es cierto. Quien lo diga tiene razón y razón, mucha razón, tenía José Carlos Mariátegui – El Amauta – cuando afirmó que “no hay nada menos foráneo que el socialismo en América”. En Nuestra América – Ab ya yala - originaria agregamos nosotros. Las comunidades originarias han vivido durante siglos en sistemas socialistas en los cuales impera la solidaridad, o lo que es lo mismo, la desinteresada ayuda mutua con la que se consiguen logros que, para los imbuidos en la mal llamada civilización occidental, resultan asombrosos.

Se puede afirmar con lenguaje matemático que existe una relación inversa entre egoísmo individual y solidaridad colectiva. A menor egoísmo más solidaridad. Y también una relación directa: a más solidaridad más resultados concretos en lo colectivo y, por antonomasia, en lo individual. Se puede entonces afirmar que donde reina la felicidad colectiva reina la felicidad individual y no al revés.

Los nefastos antivalores impuestos por el capitalismo, especialmente el neoliberal salvaje, tales como el egoísmo y el individualismo, han creado seres insensibles pero a la vez muy infelices. Se han vuelto tan requetestúpidos que son infelices por lo que no tienen en vez de serlo por lo que sí tienen. Así, nunca podrán llegar a obtener la felicidad que ansían porque, por mucho que tengan, siempre habrá algo que no tendrán. En cambio, que feliz es quien lo es por y con lo que tiene. Y cuando digo lo que tiene no me estoy limitando solo a corotos materiales. Hay tantos intangibles que nos proporcionan tanta felicidad y, eso, los descerebrados lamentablemente no lo entenderán jamás a menos que lleguen a ser como canta Silvio, un tilín mejores.

Volvamos a comparar lo obtenido por una u otra comunidad. Aquellas que han echado a un lado el egoísmo y el individualismo, han actuado en colectivo y se han organizado mejor han logrado más y mejores cosas. Eso no requiere análisis ni discusión. Es absolutamente obvio que un grupo como el descrito tramita sus aspiraciones (convertidas en proyectos concretos) con más facilidad ante los entes gubernamentales. Y no me digan que no saben hacer proyectos. Buscan ayuda, se asesoran, aprenden. De paso, la Revolución enseña, la gente aprende y genera resultados maravillosos. ¿Quieren un ejemplo? Me remito a la gran Misión Vivienda. Ver http://juanpedrotorres.blogspot.com/2011/06/el-mas-importante.html#comment-form

Los que no cooperan no hacen nada y por mucho que chillen tampoco lograrán nada. Jamás.

Refocílense en su desidia, en su egoísmo y su flojera. Critiquen. La Revolución no sirve ni servirá…para ustedes. De hecho, ni la Revolución ni nada servirá.


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jueves, 22 de agosto de 2013

Ladrón es ladrón

La ultraderecha fascista, lacaya y apátrida se rasga las vestiduras cuando alguien, en el colmo de su desesperanza o en un arranque de sinceridad de lenguaje sin eufemismos, los llama ladrones. ¿Cómo se llama entonces a quien roba, roba continuamente y ha robado desde siempre? ¿Será que sus “impolutos” tímpanos se recienten con la palabreja y preferirían que los llamaran cacos, cleptómanos o simplemente amigos de lo ajeno?

Ladrón es ladrón y hay que llamarlo ladrón. Sin ambages.

Da risa porque ultimamente han pretendido relativizar el término. No, el término LADRÓN no es sujeto de relativización. Tan ladrón es quien se roba un centavo como quien se roba varios millones. Es como las mujeres, están o no preñadas; ninguna puede estar medio preñada o algo preñada.

Tal vez, bajo ciertas condiciones, podría aceptar que alguien robe en caso de extrema necesidad bajo ciertas dolorosas y lamentables circunstancias; pero, jamás podré aceptar que un desgraciado desalmado sin conciencia lleno de dinero, lujos y comodidades robe.

¿Qué fenómeno obliga a alguien que disfruta de todos los bienes materiales imaginables e inimaginables robe? La avaricia y la codicia son pecados capitales. Son contra natura. Todas las religiones los condenan al igual que todas las reglas de ética y moral de todos los tiempos.

Ya dije que el término ladrón no es sujeto de relativización; pero, hay momentos cuando el robo adquiere ribetes de criminalidad. Eso ocurre cuando algún descerebrado androide roba, por ejemplo, la limosna a un ciego o el juguete a un niño. Y mayor aún es el grado de criminalidad cuando los grupos de ladrones – generalmente ricachones sin necesidades – roban lo que corresponde a pueblos menesterosos plagados de necesidades, muchas de ellas ancestrales causados por el robo que cometieron los antepasados de esos engendros.

Mención aparte se le debe dar al caso cuando el robo va precedido del asesinato, del crimen, de la matanza rápida o lenta de otro u otros seres humanos.

Y peor aún, el colmo del latrocinio es cuando el ladrón no tiene los cojones suficientes para hacerlo el mismo y manda a otros a robar en su nombre y para su provecho. A eso debemos agregarle la cobardía, algo por cierto no propio de hombres machos de verdad, dignos, corajudos y valerosos.

Y llegamos al summun de los casos: cuando el ladrón, como siempre ocurre, no asume su culpa, la niega, la disfraza, la justifica. Robar para dar a otro no elimina la falta, la culpa ni el pecado. Y generalmente, nunca se roba para realmente dar a otro sino que se usa ese pretexto como excusa falsa para intentar justificar lo injustificable.

Para ilustrar parte de lo dicho, les cuento algo real. Fui testigo.

En cierta ocasión presencié como un vendedor de “una prestigiosa gran empresa” le cobraba a un bodeguero de barrio una prima extra no reflejada en la “correcta” factura. Al preguntarle la razón de su conducta me respondió que “la empresa” lo obligaba. El bodeguero dijo que pagaba lo que yo califico de extorsión porque de lo contrario no le vendían los productos. Le razoné que él, - el vendedor - siendo un pobre explotado, hacía muy mal en robar a los de su clase para darle y beneficiar a los millonarios, que en todo caso robara, si él era realmente ladrón, para beneficiarse a sí mismo.

Quiso el destino que al cabo de un tiempo lo encontrara accidentalmente. Me reconoció y me agradeció cuanto le había dicho. Me llenó de satisfacción cuando afirmó que “había pensado en todo cuanto le había dicho y había renunciado a trabajar para sus antiguos empleadores”. Lo felicité por ser un hombre digno.

Es el caso típico del súper ladrón que convierte a personas decentes en ladrones que roban migajas y, seguro estoy, que muchos se habitúan a robar para favorecer millonarios que realmente no necesitan nada. El refrán dice que grano a grano la gallina llena el buche. Tremendo empresario que no emprende sino que crea un ejército de ladrones para que le llenen sus arcas y, dicho sea de paso, la gran mayoría de los llamados empresarios no lo son, jamás han emprendido otra cosa que establecer redes para el latrocinio y, de paso, medrar contra el tesoro público sempiternamente.

Clamo ante las personas dignas y decentes de mi país, no contribuyamos con los ladrones. No compremos nada de lo que producen en sus empresas. También clamo para que los desenmascaremos, clamo para que los saquemos a la luz, clamo para que los denunciemos.

Clamo para que les hagamos una guerra frontal.

De los politiqueros ladrones no diré nada. En ese podrido e inmundo charco de mierda no me meto. Mi estómago y mi epiplón no lo soportan.


¡INDEPENDENCIA Y PATRIA SOCIALISTA!  -  ¡CHÁVEZ VIVE!  -  ¡LA LUCHA SIGUE!






domingo, 18 de agosto de 2013

5 de Marzo de 2013 – 4:25 p.m.

A la fecha y hora señalada en el título se cubrió toda Venezuela con un manto de luto, llanto y dolor que, a esta fecha, no ha desaparecido aunque sus efectos sobre la población se han mitigado aparentemente. En ese instante se acabó la existencia terrenal de HUGO CHÁVEZ FRÍAS y, en ese instante, saltó a la inmortalidad.

Un ser excepcional de esos que nacen quien sabe cada cuanto tiempo pasó a otro plano de la existencia y, sin importar credos, religiones o creencias, hay casi unanimidad en el sentido de aceptar, entender y comprender que Chávez, así, simplemente, a secas, no ha muerto y que, por el contrario, CHÁVEZ VIVE Y LA LUCHA SIGUE. Inclusive, muchos de sus detractores en vida han mirado en su propio interior y han hecho manifestaciones fehacientes de sus nuevas y diferente opiniones respecto al hombre y a su obra; obra que trascendió los confines de Venezuela y se esparció por el Continente Americano y fue más allá alrededor del mundo.

Lo anterior nadie lo discute, ni siquiera sus más acérrimos detractores tanto en vida como después. Pero no es a eso a lo que me referiré. Además de la pérdida de Chávez, el país ha tenido que soportar estoicamente la peor guerra económica por la que ha pasado el país incluyendo el terrible paro-sabotaje petrolero de 2002/2003. Ese malhadado tiempo fue relativamente breve, tan solo 63 días aunque algunas de sus consecuencias siguen vigentes, pero esta nueva guerra ha sido mucho más larga. Comenzó antes de las pasadas elecciones presidenciales del 7 de octubre de 2012, continúa con enorme fuerza hasta el día de hoy y quien sabe cuanto tiempo más durará.

Los promotores y atacantes de esa guerra creyeron que con ella derrotarían a Chávez en octubre pero no fue así; luego, aprovecharon el difícil tiempo de su penosa enfermedad y arremetieron con más fuerza soñando que la muerte del líder lo era también la de la Revolución Bolivariana. Carentes de la más elemental pizca de solidaridad y caridad cristianas formaron un aquelarre bochornoso cuando Chávez finalmente partió hacia el nuevo plano de su existencia. A partir de ese momento elevaron a la enésima potencia sus ataques en todos los frentes y daban por descontado que en las elecciones del pasado 14 de abril de 2013 saldrían airosos, pusieron su más rabioso y descomunal empeño para lograrlo y atacaron despiadadamente en todos y desde todos los frentes. Volvieron a fallar pero eso pareció envalentonarlos, y no contentos con provocar muerte (asesinatos reales a sangre fría) y destrucción se regaron por el mundo, buscaron los más inmundos aliados, se negaron a reconocer los resultados y aún persisten, buscaron las mil formas posibles para sabotear el novel  gobierno de Nicolás Maduro y lo han continuado haciendo con salvaje saña y amoral empeño. La guerra continúa y el sufrido pueblo, especialmente los más sufrientes, han soportado estoicamente todas las arremetidas haciendo suyo el lema “Chávez vive – la lucha sigue”.

La derecha fascista, apátrida, lacaya servil del imperialismo y los peores intereses que afectan la nación venezolana refina cada día sus métodos, usa descarada e inmoralmente la mayoría de los medios de comunicación de todo tipo, se apoya en los mal llamados empresarios – jamás emprendieron ni emprenderán nada, solo han medrado y quieren seguir – que siempre usufructuaron los caudales del erario público en su propio y exclusivo beneficio y ahora sangran por la herida porque lo que antes se robaban a manos llenas a la vista de todos, ahora va en gran parte a sanar las heridas de la injusticia social acumulada a los largo de siglos.

No dudan en aporrear al pueblo por donde más duele, por la barriga. Y para eso cuentan inclusive con gente que sale perjudicada como los pequeños comerciantes que tampoco dudan en esquilmar los consumidores, especialmente los que menos tienen.

Producción hay que bien administrada y dirigida alcanza razonablemente para satisfacer las necesidades de todos. El truco sucio que han inventado con la complicidad de los mismos perjudicados ha sido el desviar especialmente los alimentos básicos por la puerta trasera hacia minoristas y buhoneros que, seguramente, les han hecho creer que harán el negocio de su vida especulando a los de su propia clase sin percatarse que ellos mismos también son perjudicados y que lo que hacen es cuchillo para su propio gañote.

Voy a proponer algo que implica un sacrificio heroico. No prestarse a hacer colas interminables cuando anuncian la venta de cualquier artículo, no acudir todos los miembros de la familia a comprar cada uno la arbitraria cuota individual que fijan los comerciantes, NO PAGAR LOS PRECIOS impuestos arbitrariamente que realmente consisten en un ROBO A TODOS LOS PENDEJOS que salen a pretender atiborrarse de productos dejando a muchos sin la posibilidad de adquirir aunque sea una ínfima cantidad; en resumen, no caer en el jueguito que los vivianes nos quieren imponer. NO COMPREMOS NADA EXCEPTO A PRECIO RAZONABLE. Que se les pudran los productos, que se los coman los ratones. Cuando eso ocurra y solo entonces se verán forzados a rectificar ante la muralla de honradez que el pueblo les presente. Así como ellos nos manipulan para esquilmarnos, hagamos lo propio PARA QUE NO NOS JODAN MÁS.

Que no comemos arepas, que no comemos pollo, que no endulzamos el café, etc., etc., no importa porque el sacrificio será, se los garantizo, por tan solo unos pocos días. Mientras no bajen los precios y eliminen las cuotas de racionamiento no compremos nada y auguro que en pocos días ganaremos la batalla. Si no están convencidos todavía simplemente piensen que harán los vendedores de pescado cuando se les empiecen a podrir, lo que harán los vendedores de tomates cuando les empiece a chorrear una agüita rojiza y los mosquitos a ronronear. Pónganse ustedes mismos el ejemplo que se les ocurra y entretanto hagamos como en los días del paro sabotaje petrolero de 2002/2003 cuando no había nada de nada e hicimos acopio de nuestra inventiva y creatividad para derrotarlos y los derrotamos bien derrotados.

Adelante mis bravos guerreros, la victoria contra los abusadores nos espera y será fulgurante.

INDEPENDENCIA Y PATRIA SOCIALISTA  -  ¡CHÁVEZ VIVE!  -  ¡LA LUCHA SIGUE!