viernes, 12 de diciembre de 2014

¿Empresarios o pulperos?

Lo he repetido varias veces en estos escritos. Por allá por los años 80 del siglo XIX, el llamado Autócrata Civilizador o Ilustre Americano, el corruptísimo dictador venezolano Antonio Guzmán Blanco fue a la ciudad de Barquisimeto, unos 350 kilómetros al oeste de Caracas a una reunión con los “empresarios” de la región centro – occidental. Imaginemos el penoso viaje en coche tirado por caballos, el unico medio de locomoción terrestre de entonces. Se cuenta que llegó por la tarde, se quitó el polvo del camino y se fue a descansar. Al día siguiente asistió a la reunión de la cual se retiró a la media hora y, de inmediato, regresó a Caracas prometiendo nunca más volver a la llamada “ciudad de los crepúsculos”, no sin antes lanzar una lapidaria frase:

Esos carajos no son ningunos empresarios, son unos pulperos enfranelaos”.

Lo curioso del caso es que las palabras de Guzmán Blanco ahora, más de cien años después, siguen vigentes. La gran mayoría de los llamados pomposamente empresarios, no solo los de centro – occidente sino los de todo el país, son unos tipos arrogantes y soberbios que miran al común de los mortales por encima del hombro con gran desprecio, pero no son otra cosa que vulgares pulperos enfranelaos.

Eduardo Galeano, en su libro “Las Venas Abiertas de América Latina” los describe maravillosamente bien y los define, algo así, como parásitos que crecieron durante la colonia al amparo del comercio portuario importando de Europa toda clase baratijas, pero jamás intentaron producir algo.

Ambas ideas las he recordado con frecuencia al ver los noticieros de la televisión o leer algunas de las noticias más destacadas en los medios de difusión de mensajes de la burguesía. Observen que no los llamo deliberadamente medios de comunicación social porque ellos no comunican nada, solo atiborran a los distraídos lectores u oyentes con los mensajes, muy tergiversados y manipulados por cierto, que elaboran para alienar mentes y conciencias.

¿Pero que noticias son esas, a las que me refiero?

Pues, que los llamados empresarios, o sea supuestas personas que emprenden, o lo que es lo mismo, que arriesgan esfuerzo y capitales en una aventura que requiere inversión de dinero propio, se la pasan cual plañideras, llorando porque el gobierno no les da las divisas que quieren para IMPORTAR cuanta porquería se les ocurre, generalmente baratijas y otras menudencias que perfectamente se pueden producir en el país.

Entonces, les pregunto y me pregunto:

¿Por qué carajo no piden ayuda al gobierno para producir en el país?

Carajo, fabriquen algo, incluyendo productos que antes se fabricaban en el país con materia prima nacional. Que yo sepa, desde niño, en el país se fabricaban jabones, zapatos, chucherías, pantaletas y muchas cosas más que no requieren tecnología especializada alguna. Ahora, vayan a los llamados eufemísticamente supermercados o centros comerciales y encontrarán que todos esos adminículos son importados desde países tan lejanos como China, Corea, Filipinas o Malasia. Que pena y vergüenza ajena me da con mis paisanos que se hacen llamar empresarios aunque, a estas alturas, debo aclarar que no son todos porque sí existen excepciones que, por cierto, por alguna extraña razón no lloran si no que trabajan. Y lo hacen muy bien.

Queridas lectoras, queridos lectores, sería bueno hacer una campañita para hacer llegar al Gobierno Nacional esta aberración a la que me he referido hoy y no le den un solo dólar a quienes pretendan importar cosas que sí se pueden fabricar en el país sin hacer grandes esfuerzos. Que en vez de traer contenedores abarrotados de pantaletas chinas contraten una cuantas costureras, que las hay y muy buenas, y les dan trabajo. Que contraten zapateros, que también los hay, y fabriquen zapatos. Que inviertan en instalaciones sencillas que no cuestan mucho y fabriquen caramelos, chupetas y otras chucherías. Igual con los jabones y la pasta dental. O igual con tantos otros artículos de muy fácil elaboración.

Y también que el Gobierno Nacional otorgue las divisas que son de todo el pueblo a aquellos verdaderos emprendedores para montar fábricas y, luego, produzcan bienes en el país. Y no es cuestión de traer máquinas y otros implementos que se pueden fabricar aquí, porque bastantes mecánicos, herreros, soldadores, electricistas, carpinteros y otros obreros especializados también existen en el país para que fabriquen localmente muchísimas cosas. He visto en los puertos construcciones metálicas sencillas que cualquier taller de metalurgia de escasos recursos puede perfectamente hacer aquí.

La lista de ejemplos de los que ya se puede hacer en el páis sería demasiado larga y tediosa pero, señores burócratas, antes de conceder un solo dólar para importar cualquier artículo, cerciórense de que ese artículo es fabricable o no en Venezuela. Una manera sencilla de ahorrarle muchísimas divisas al país y de paso contribuir a erradicar el desempleo y la pobreza.

Ya basta de alcahuetear parásitos sinvergüenzas y flojos en desmedro de la población laboriosa. Solamente reflexionemos sobre los millones que han extraído del erario público que no han servido para nada sino para alimentar aún más fortunas mal habidas.



¡INDEPENDENCIA Y PATRIA SOCIALISTA! ¡VIVIREMOS Y VENCEREMOS!
¡CHAVEZ VIVE Y VIVE! ¡LA PATRIA SIGUE Y SIGUE!





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