viernes, 22 de junio de 2012

No nos conocemos – Parte V


Aclaratoria: No es un salto en la serie ir de parte III a V. Mi amigo Edgardo Colombo escribió la parte IV y los invito cordialmente a leerla en:


Quienes hemos tenido la oportunidad de viajar a países no latinoamericanos, sea por estudio, trabajo o simplemente turismo, hemos experimentado una agradable sensación muy especial cuando hemos topado con paisanos de la PATRIA GRANDE. Algo me induce a pensar que mis propios sentimientos y emociones han sido igualmente sentidos y compartidos durante esos encuentros ocasionales, algunos de los cuales han propiciado y desarrollado amistad en grados variables.

El entendimiento, la solidaridad y el sentirse “hormigas de la misma cueva” han sido casi siempre los denominadores comunes de esos encuentros al azar, lo que ha prevalecido más allá de las insignificantes diferencias en el acento con que hablamos, los distintos significados muy locales que le damos a algunas palabras o frases usuales, los diversos nombres que le damos a ciertas cosas, actitudes o eventos; y en la mayoría de esas cosas nimias se ha llegado pronto al chiste, al chascarrillo o en general al estallido del buen humor. Rarísima vez se ha producido desencuentro alguno,

Es cierto y comprensible que determinadas costumbres y enfoques sean producto del lugar geográfico de donde provenga cada uno. Es absolutamente normal; y debemos entenderlo, aceptarlo y tolerarlo que haya diferencias superficiales entre un montañés del sur de Chile con un pescador del caribe dominicano, entre un originario del altiplano boliviano con un llanero venezolano, y así sucesivamente.

Quiero destacar el hecho que el sentimiento generalizado no es que seamos de uno u otro lugar, zona o región aunque eso sea común dentro de cada uno de los países, sino que somos paisanos de “algo mayor” que nos incita a la unión y este algo más no es otro sentimiento que el de pertenecer a la PATRIA GRANDE.


Desde tiempo inmemorial los imperios y las asquerosas oligarquías locales han intentado desmembrarnos y reducirnos a grupúsculos semiautárquicos y, vaya que lo han logrado, al punto de hacernos ir a pelear por ellos en defensa de sus egoístas intereses, han pretendido infundir odios artificiales para mantener enfrentamientos fratricidas pero, aún así, en el fondo del alma de casi todo latinoamericano subyace ese valioso sentimiento de sentirse miembro de la PATRIA GRANDE aunque no nos conozcamos en detalle y, por eso, ahora abogo porque nos conozcamos más, intercambiemos con frecuencia ideas, usos, costumbres y proposiciones. Gratamente descubriremos que en esencia compartimos lo mismo, amamos lo mismo, soñamos lo mismo. El mayor conocimiento entre nosotros acortará en años luz el definitivo momento de hacer realidad ese sueño secular de nuestros gloriosos antepasados y concretar la gran idea por la que Simón Bolívar luchó denodadamente, por que LA PATRIA ES AMERICA.

Cuando visitemos alguna región de “nuestra América”, como la denominó adecuadamente José Martí, vayamos con el corazón y el intelecto abiertos para recibir de esa savia que nos nutre el alma. Aprendamos, aprendamos y aprendamos; enseñemos, enseñemos y enseñemos; compartamos, compartamos y compartamos.

Dos días antes de la solemne Declaración de Independencia por parte del Congreso de Venezuela el día 5 de Julio de 1811, cuando la guerra no había comenzado aún, Simón Bolívar pronunció un encendido discurso en la Sociedad Patriótica de Caracas que remató con una lapidaria frase:

“Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana: vacilar es perdernos”

En medio de las avatares de la Guerra a Muerte, en pleno fragor de la contienda, escribe el 12 de Junio de 1818 a Juan Martín de Pueyrredón, Jefe de las Provincias Unidas del Río de la Plata:

“Una sola debe ser la patria de todos los americanos, ya que en todo hemos tenido una perfecta unidad…La América, así unida, si el cielo nos concede este deseado voto, podrá llamarse la reina de las naciones y la madre de las repúblicas.”

El máximo ideal de Bolívar era convertir la América hispana en una inmensa y sorprendente nación:
“Yo deseo más que otro alguno, ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria.”

Palabras éstas, y muchas más que merecen estar grabadas en bronce en todas las naciones de América.

Al final de sus días, antes de pasar definitivamente a la inmortalidad, sentenció:

“El gran día de la América del Sur no ha llegado.”

Casi doscientos años después, te decimos Padre Libertador, que tus pueblos han retomado ardorosamente tus ideas y tus banderas, que ahora al fin, sí ha llegado ese “gran día” y haremos lo posible todos tus hijos para que se concrete tu profecía y tu sueño, los de Miranda, San Martín, Sucre y de tantos otros porque definitivamente LA PATRIA ES AMÉRICA.

Avancemos optimistas y alegres hacia esa aurora luminosa a paso de vencedores, a tambor batiente, a todo estruendo.



PATRIA GRANDE SOCIALISTA Y VICTORIA  -¡VIVIREMOS Y VENCEREMOS!

martes, 1 de mayo de 2012

No nos conocemos – Parte III


El territorio que hoy ocupa la República Bolivariana de Venezuela fue uno de los territorios coloniales de España más pobre de todo el continente americano.

El historiador Manuel Pérez Vila lo describe maravillosamente: “Durante la primera mitad del Siglo XVI las perlas de Cubagua incrementaron sustancialmente el tesoro de la Corona, pero los ostiales se agotaron pronto y el “boom” cubagüense no tuvo consecuencias durables para la economía venezolana. La empresa coriana de los Welser resultó un fracaso económico, si bien dejó como saldo el establecimiento de ciudades – Coro, El Tocuyo…- en la región occidental; y tal vez aquel fracaso contribuyó a arrancar de las mentes el espejismo de “El Dorado”, es decir, la esperanza de un súbito enriquecimiento mediante el botín de imaginarios reinos indígenas opulentos. Pronto pudo verse que Venezuela no era un nuevo México, ni un nuevo Perú. Los conquistadores se volvieron hacia las tareas más prosaicas de la agricultura y la cría”.

Es así como aquella Venezuela de esa lejana época colonial volteó sus ojos al campo a partir de los comienzos del Siglo XVII hasta entrado el Siglo XX cuando nos cayó la maldición petrolera, que no solo acabó con unas actividades ya seculares de apego a la tierra que, ciertamente, nació en la colonia sino que también perduró después de la independencia trunca. Venezuela sorteó épocas difíciles, guerras, montoneras, caudillaje, pobreza, desastres, pero sus producciones primarias sustentaron la país a través de todas sus épocas. Es a partir del segundo tercio del Siglo XX cuando el petróleo termina por desarticular totalmente al país y nos sumerge en la miseria del rentismo que solo benefició al imperio y a las podridas oligarquías lacayas.

A partir del Siglo XVII, el cacao se convierte en el primer producto de exportación, seguido por el tabaco y los cueros de ganado. La producción de cacao fue la fuente de grandes riquezas de ciertos personajes al punto que, aún hoy en día, perdura desde entonces el apelativo de “gran cacao” para señalar a los oligarcas millonarios.

Entre 1728 y 1784, la Corona concede el monopolio de todo el comercio a la Compañía Guipuzcoana de la cual el mismo Rey de España era accionista. No analizaré las implicaciones políticas, económicas o sociales que este hecho trajo consigo; pero el comercio de alguna manera se desarrolló y creció. El cacao fue el primer producto de exportación. A partir de 1784 el cacao continúa ocupando su lugar seguido por el añil, cueros, ganado en pie y comienza a tomar importancia el café que para 1830 desplaza al cacao y se convierte en el principal rubro de exportación. Para 1854, el café genera el 37% de los ingresos por exportaciones, el cacao 21%, los cueros 14%, etc. Hubo periodos cuando el café y el cacao llegaron a producir el 70% de esos ingresos y la diferencia la aportaron el algodón, los cueros y el ganado en pie.

Una vez logrado el propósito imperial de convertir a Venezuela en solo una factoría petrolera, la producción de la tierra casi desaparece pero, aún así, bajo esas terribles condiciones, muy adversas, lograron sobrevivir ciertos cultivos, de tal manera que el café y el cacao se mantuvieron como segundo y tercer rubros de exportación detrás, por supuesto, del petróleo. Lógico que sus valores relativos resulten insignificantes frente al petróleo y así permanecieron hasta la segunda mitad del Siglo XX cuando fueron desplazados por el hierro y el aluminio.

Actualmente ha tomado auge nuevamente la producción de café y cacao bajo el estímulo y los auspicios de los ambiciosos programas de desarrollo agrario impulsados por la Revolución Bolivariana,

Lo que nunca llegó a perderse fue la tradicional calidad y el gran aprecio de los consumidores por el café y el cacao venezolanos.



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domingo, 29 de abril de 2012

No nos conocemos – Parte II


Insisto con el primer párrafo del anterior escrito. Los latinoamericanos hemos vivido de espaldas y no nos conocemos. Sabemos todo o casi todo de aquello que les ha interesado y les interesa a los centros imperiales. A cualquiera de nosotros le preguntan y responderá correctamente mucho sobre Nueva York, Londres, Paris y últimamente Miami; pero es bien poco o nada lo que puede decir sobre Guadalajara, Santiago de Cuba, Guatemala, Medellín, Guayaquil, Arequipa, Valparaíso, Belo Horizonte o Santiago del Estero.

Inútil decir que hablo de la generalidad y no de todas las honrosas excepciones.

Y no hablemos de nuestra historia. No tenemos idea sobre Hidalgo, Morelos, Juárez, Emiliano Zapata, Morazán, Martí, Maceo, Ricaurte, Camilo Torres, Calderón, Inanue, Santa Cruz, O´Higgins, Moreno, Rivadavia y otros miles.

Hay una incontrovertible realidad histórica y es que a Venezuela le ha correspondido la innegable gloria de haberse constituido en punta de lanza, bandera y vanguardia de la independencia americana; pero, poco saben nuestros compatriotas de la PATRIA GRANDE sobre el más universal de todos los venezolanos de todos los tiempos: FRANCISCO DE MIRANDA.

Brevemente, solo diré que le tocó participar activamente, de manera destacada, en las tres grandes revoluciones de su tiempo histórico: la Independencia de los EUA, la Revolución Francesa y la Independencia de las antiguas colonias antes españolas. ¿Sabías que su nombre está grabado en el Arco de Triunfo allá en París como héroe de la Revolución Francesa y alcanzó el grado de Mariscal?

Casi ningún colombiano o ecuatoriano sabe que su bandera, al igual que la venezolana con sus colores amarillo, azul y rojo, fue creada por Miranda. Casi nadie sabe que el nombre de Colombia es invento de Miranda y casi ningún latinoamericano sabe que el proyecto de Miranda, su COLOMBEIA, contemplaba la creación de una gran nación que se extendía desde la América del Norte hasta el Cabo de Hornos. Territorios que luego pasarían a formar parte de los EUA, Louisiana, Florida y todo lo que le robaron a México y de ahí hacia el sur, incluyendo todo el Caribe, hubieran llegado a ser parte de la PATRIA GRANDE, COLOMBEIA.

Luchó, sufrió y murió viejo prisionero de España, la cual lo persiguió por todo el mundo durante casi cuarenta años, pero sus banderas fueron recogidas por otros venezolanos y de otras partes quienes hicieron la epopeya que nos dejó una independencia trunca porque, a la muerte de Simón Bolívar, los imperios de turno nos colonizaron de nuevo contando para ello con el apoyo, ayuda, y participación activa de las serviles, lacayas y podridas oligarquías criollas.

(Continuará)

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viernes, 27 de abril de 2012

No nos conocemos – Parte I


Decir que nosotros los latinoamericanos hemos vivido de espaldas los unos a los otros y que no nos conocemos es un lugar común, una verdad de Perogrullo. Y lo peor es que lo hemos sabido, lo sabemos y bien poco hemos hecho para revertir esa triste y deplorable situación.

A lo largo del tiempo he sufrido el desaliento y la frustración que casi nadie en el mundo sabe de nosotros, excepto los deformados estereotipos implantados por la filmografía de Hollywood. Nos han hecho creer la deformada e irreal visión que presentan de los mejicanos como unos seres tarados y desnutridos que se la pasan durmiendo arropados con un xarape bajo un sombrero alón, que viven en un pobrísimo lugar desierto donde solo hay polvaredas y chamizas voladoras y que, además, están a la espera de un gringo elegante, fuerte, prepotente y machote que venga a redimirlos.

Según esos estereotipos, los argentinos lo único que hacen es bailar tango, los colombianos son todos despiadados guerrilleros terroristas y traficantes de drogas; los brasileños andan todo el año bebiendo cachaza disfrazados en un eterno carnaval. En resumen, todos somos feos y tarados, ninguno es “smart” pero en medio de todo hay una enorme contradicción porque ellos, los gringos y muchos europeos, donde quiera que llegan dan por sentado que los heladeros, barrenderos, choferes, al igual que todos los miembros del más bajo y despreciable estrato social sea perfectamente bilingüe, que hable su idioma, si es inglés mejor que un académico de Oxford y se comunique con ellos espléndidamente, sobretodo para obedecerles servilmente.

Una vez presencié el alborotado berrinche que armó un turista gringo porque un vendedor callejero de perros calientes no hablaba inglés. Por fin, ¿en qué quedamos? No me explicaré jamás como un presunto tarado analfabeta tiene que hablar perfectamente un idioma extranjero. Inútil decir que ellos no se rebajan a aprender aunque sean veinte palabras de ningún idioma cuando viajan como turistas o como “experimentados hombres de negocio”.

Al fin y al cabo me y nos importa un carajo lo que ellos digan, sientan, piensen u opinen sobre nosotros. Lo que sí me escuece es que entre nosotros mismos, los latinoamericanos, tenemos también esos estereotipos que nos han hecho tragar de cada uno de nosotros y así, estupidamente, nos creemos esas ficciones tan falaces.

(Continuará)

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sábado, 24 de marzo de 2012

El Teatro de la Vida


Dedicado con especial afecto a un amigo argentino. Che, vos sabés quien sos.

Perdonen el egocentrismo, es una anécdota personal pero la cuento porque el personaje central es otro y no yo. Vale.

Antes de entrar en materia propiamente dicha, repasemos un poco de historia. William Shakespeare nació en Stratford-upon-Avon, Reino Unido, en fecha incierta que puede ser 26 o 23 de abril de los años 1564 o 1616 según el calendario que se emplee, sea juliano o gregoriano. Fue dramaturgo, poeta y actor; conocido en ocasiones como el Bardo de Avon (o simplemente El Bardo), Shakespeare es considerado el escritor más importante de la lengua inglesa y uno de los más célebres de la literatura universal. La New Encyclopædia Britannica señala que "muchos lo consideran el mayor dramaturgo de todos los tiempos. Sus piezas se representan más veces y en mayor número de naciones que las de cualquier otro escritor". Las obras de Shakespeare han sido traducidas a los principales idiomas y sus piezas dramáticas continúan representándose por todo el mundo. Además, muchas citas y aforismos de sus obras han pasado a formar parte del uso cotidiano, tanto en el idioma original como en los otros.

El poblado donde nació y está enterrado Shakespeare, está situado al margen del Río Avon, donde millones de visitantes de todo el mundo celebran anualmente su nacimiento y sus obras. Son muy famosos los festivales de teatro que se celebran durante casi todo el año, especialmente en el Royal Shakespeare Theatre que puede albergar 1040 espectadores. Por cierto, en él se conservan muchas obras de art deco del viejo Shakespeare Memorial Theater.

Entre otras, existe también una vieja academia de teatro con siglos de tradición. A ella ingresan niños y muchos permanecen hasta la senectud estudiando arte dramático y ensayando una y mil veces las obras que se presentarán. Se puede asegurar sin caer en exageraciones que son los actores de teatro más perfectos del mundo según la opinión de muchos “entendidos”; no en balde muchos de esos actores han estudiado, repasado y ensayado durante sus largas vidas. Como detalle adicional, obras que han representado anteriormente cientos de veces, las ensayan un mínimo de seis meses antes de cada premiere.

Hace muchos años asistí a una de esas presentaciones teatrales y, siguiendo una vieja costumbre, al final solicité el autógrafo del actor principal sobre el programa de la función. Era un atildado y sereno caballero a quien le calculé unos sesenta años. Se mostró sorprendido que un joven suramericano, cuya lengua madre no es el inglés, le hiciera tal petición y, con inimaginable gentileza, como buen inglés me invitó a tomar té.

Hablamos más de una hora y siempre he recordado desde entonces una maravillosa lección de vida.

La vida es un teatro – me dijo – en el cual todos esperan que tú representes un papel que a ellos les guste; pero no es cualquier papel, es el que ellos de improviso aspiran que representes aún sin dártelo. Esa representación, además, quieren que sea perfecta, sin fallos, que no amerite crítica al alguna. Todo a su total satisfacción.
Después de una pausa, continuó hablando de manera perfectamente pedagógica.

Fíjate – dijo pausadamente – nosotros estudiamos arte dramático durante décadas, aprendemos todas las técnicas histriónicas, sinceramente ponemos nuestro corazón y nuestro intelecto en cada parlamento, ensayamos durante largos meses; de hecho, nos convertimos en personajes vivientes de cada obra y, sin embargo, nos critican amargamente, a veces de manera soez y procaz, sin ningún miramiento nos descalifican de la manera más despiadada. Y no son pocos que hasta puede decirse, sin llegar a exagerar, que son casi todos los espectadores; quienes, dicho sea de paso, saben de teatro lo que yo de sánscrito.

¿Qué no dirán de ti, que no has estudiado, practicado ni ensayado cuando no representes a perfección un papel que te han dado de improviso?

¿Cual es entonces la solución? - Creo recordar haberle preguntado.

Jamás olvidaré aquella fascinante respuesta.

Sé siempre tú mismo. - Continuó. - Es el único papel que siempre podrás representar bien en cualquier tiempo, condición y bajo todas las circunstancias.

Después de una pausa que creo estudiada, remató:

Te criticarán igual. Tampoco les gustará. Pero te quedará la satisfacción que no perdiste ningún esfuerzo. Si representas mal el papel que ellos te dan o si representas el tuyo propio, te criticarán. Siempre lo harán.

Tampoco llegaré a olvidar cuando, con el rostro iluminado, remató:

Ellos son felices criticando a los demás. Sé bueno con ellos. Prodígales esa felicidad, pero no les des nunca el gusto de haber dejado de ser tú mismo por satisfacer a gente que no se satisface con nada.


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domingo, 18 de marzo de 2012

La diferencia entre ellos y nosotros


Estaba en deuda con un amigo lector quien me pidió hace tiempo opinión sobre lo que ocurre actualmente en Grecia y otros países especialmente europeos, y sobre las diferencias en la forma de reaccionar entre ellos y nosotros frente a la aplicación – o imposición – de esos llamados “paquetazos” neoliberales.

En cierta manera la pregunta me desconcertó y no me arriesgo a dar una opinión que considere certera. Eso no es posible establecerlo así como así, no hay puntos de comparación entre esos pueblos y el venezolano.

En primer lugar está el mal llamado aspecto racial. Me opongo a ese calificativo porque, para mí, todos pertenecemos a una sola raza: la humana. Aunque a veces observo ciertos individuos con características exteriores propias de los humanos pero que – repito – para mí realmente están muy lejos de serlo.

El tal aspecto racial lo traspolo al social. Fenotípicamente, ellos son, diríamos, casi uniformes y nosotros muy diversos y, es bien sabido, que muchas de nuestras diferencias en el fenotipo están directamente asociadas a los problemas vinculados con la exclusión social impuesta de manera dispar a muchos sectores y estamentos de nuestra sociedad. Históricamente, nuestros excluidos han sido los aborígenes, los negros, los mestizos (eufemísticamente llamados pardos) y los “blancos de orilla”, o sea los blancos pobres. La exclusión en realidad ha sido contra los pobres y ésta es el reflejo de una antigua concepción judía aún vigente entre los poderosos.

Las sociedades venezolana y latinoamericana en general han sido terriblemente dispares e injustas en cuanto a la distribución de la riqueza. El pobre acude gustoso y entusiasta al llamado de la revolución porque lo único que tiene que perder son las cadenas que lo atan. Lo único que siempre ha tenido no pasa de ser una vida miserable y la muerte es para ellos una forma de liberación. Si la revolución triunfa y lo redime aunque sea un poquito, su ganancia habrá sido inconmensurable.

Eso no ocurre en las sociedades europeas. La gente cree que tiene algo en su poder y no se arriesga a perderlo, pero, entretanto, sus explotadores le aprietan más y más los torniquetes. Al final terminarán perdiéndolo todo pero continuaran teniendo peores cadenas opresoras que antes, porque la molicie les impide revelarse. La única esperanza de que reaccionen es que se les haga absolutamente insoportable el dogal que les aprieta el pescuezo, que el hambre les atenace el estómago, que el banquero ladrón les expropie la casa, que los saquen a patadas de los sitios de trabajo donde los explotan, que sus hijos no puedan ir a la escuela, que vean morir a sus ancianos podridos en la miseria. Entonces es posible que se alcen, se dispongan a perder nada, vuelvan otra vez a ser gente de pelea, se revelen y hagan su revolución.

Ellos saben pelear y lo hacen bien. Lo han demostrado hasta la saciedad cuando los poderosos viejos que sí se conocen los han mandado con engaños a combatir entre ellos para que defiendan sus intereses. Así como han sabido pelear en defensa de los intereses de sus clases dominantes y opresoras, pueden salir al frente y pelear en defensa de sus propios intereses.

Solo entonces, cuando ya no aguanten más y les hayan quitado todo, se darán cuenta de lo que nunca debieron olvidar pero lo hicieron encandilados por las baratijas de la sociedad de consumo:

IMPORTA SER, NO TENER. Lo repito, LO IMPORTANTE ES SER, NO TENER.

Y viéndolo bien, no tienen nada. Dinero en el banco, viene cualquier banquero ladrón y se los roba. Casa, viene cualquier banquero ladrón y se la roba aunque la esté pagando, siempre habrá excusa y contubernio legal. Seguridad social, salud, educación, etc., viene cualquier gobierno de los banqueros ladrones y se lo quita de un plumazo. Entonces, en definitiva, ¿Qué carajo tienen? Sí, tienen algo, el encandilamiento y más nada.

Solo que si fueran – fueran viene del verbo SER - dignos que no permitieran que nadie los pisotee, si fueran libres para actuar conforme a su conciencia y a ciertos valores, si NO fueran apegados a tesoros virtuales, se atreverían a pelear, a hacer su revolución, a transitar el camino de su propia redención.

Al amigo que pidió mi opinión, y a todos, sinceramente creo, y ruego a Dios estar equivocado, creo que no harán nada, no se revelarán y los explotarán al máximo, los exprimirán hasta que sean solo bagazo inservible, los tirarán al basurero de la historia. No harán nada. Quien sabe cuando, si al final de un tiempo, recuperarán su dignidad forzados por sus explotadores, sí se alzarán y veremos.

Es triste pero así funciona la dialéctica de la historia. O el molino de la historia.


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jueves, 15 de marzo de 2012

El Retorno


He vuelto por un tiempo a mi vida normal anterior; esto es, a mi vida previa a la profusión de las computadoras e Internet. Al principio, cuando estas cosas no se habían generalizado y no me habían atrapado, parcialmente gozaba de un cierto modo de libertad que me permitía disfrutar de ciertos placeres cotidianos que, valga la redundancia, eran bien sabrosos. La cibernética me apartó de ellos.

No lo he dicho aún. Mi carapachito, mi vieja computadora cantó la estrofa de la rumba cubana “yo no camino más” y se apagó. Decidió descansar o morir en santa paz. Reemplazarla por una nueva, para mi no es tan fácil y repararla me ha tomado un tiempo superior al previsto inicialmente.


Hoy he vuelto y al volver me he propuesto cambiar. Ya no seré el cuasi fanático en que me había convertido. Lo prometo, no volveré a ser el cuasi esclavo del Twitter, de las noticias ni de los análisis sobre los acontecimientos locales, regionales, nacionales o mundiales. De la diatriba o del debate. Del mucho insulto y el poco elogio.

Prometo una mayor dosis de sindéresis, no intervenir en lo superficial, mucho menos en lo deleznable. Prometo hacer caso nulo a los fanáticos y a los disociados.

Concretamente, a los escuas, parodiando al genial Cantinflas, ni siquiera los ignoraré.

Si antes me enfrascaba durante horas a leer mayoritariamente cosas anodinas, a teclear, copiar y pegar y las usuales etcéteras, de ahora en adelante leeré y estudiaré temas valiosos y sustantivos, intentaré pensar más y escribir también sobre temas sustantivos o por lo menos más amables. Cero generalidades que no conducen a nada, cero intrascendencias.

Volver a mis anteriores libertades, reitero, ha sido sabroso. En próximos escritos, quizás, hablaré sobre algunas de ellas. Espero aportar algo positivo a mis pocos pero muy selectos,amados y sufridos lectores.

No se molesten las queridas damas por la redacción del párrafo anterior. Lo repetiré con especial cariño:

...a mis pocas, selectas, amadas – y sufridas – lectoras.


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