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martes, 11 de julio de 2017

Mangos, Mangos y más Mangos

Es mi secreta opinión, que comparto por primera vez, que lo mejor de comer mangos es que volvemos a la infancia. Aunque sea por cortos momentos, sentimos esa rara y extraña felicidad. Pero – ojo – para disfrutar ese inusitado placer tenemos que hacerlo también como lo hacíamos cuando éramos niños; o, dicho de otra forma, volvernos niños cuando comemos mangos.

Estamos en plena temporada de mangos. Vivo en una región donde abundan y en mi casa tengo varios árboles. A diario, creo que me como por lo menos veinte... y no me canso. Eso sin incluir los jugos y la jalea de mango verde.

Pero también hay algo colectivo que nos causa gran placer y nos hace volver a épocas cuando imperaba la solidaridad y el afecto entre vecinos. Se nos quita el egoísmo impuesto por la sociedad de consumo y repartimos mangos a diestra y siniestra entre todos quienes quieran comerlos. A diario reparto entre los niños, especialmente, no se cuantas frutas y me gusta oír los chipilines y chipilinas siempre quejarse que son muy poquitos.

Pero, ¿qué eso que describo como “volvernos niños”?

Verán. Creo que amerita una explicación. A medida que avanzamos en edad nos deslastramos de esa encantadora naturalidad infantil que tanto celebramos en los angelitos que nos rodean. Adoptamos poses, maneras, actitudes generalmente impuestos por la sociedad. Nos volvemos seguidores de reglas que no sé quien diablos implantó. Entre otras la de comer como la gente educada. Pero – si no me creen hagan la prueba – para disfrutar la ingesta de mangos, repito, hagámoslo como lo hacen los niños. Cero etiquetas, cero cuchillos, cero pulcritud. Simplemente intentemos recordar como lo hacíamos nosotros mismos que muchas veces los comíamos con concha y todo. Agarremos la fruta madurita, la mordemos y si está bastante jugosa nos chorreamos, nos embadurnamos la cara, nos ponemos olorosos a mango, la disfrutamos y luego nos chupamos “la pepa” hasta dejarla blanquita. Al final estaremos chorreados, llenos de jugo, olor y sabor por casi toda la cara, brazos y manos, nos chupamos los dedos, nos ensuciamos de sustancia amarilla; en fin, presentaremos desde el punto de vista de las reglas de la pulcritud un estado sabrosamente lamentable. Atrévanse, háganlo, disfruten y después me cuentan su renovada experiencia de volver a la infancia por un ratico.

Por último, un postrer gusto. Después de jartarnos de mangos, especialmente si són de hilacha, el sabroso placer de sacarnos los pelitos de entre los dientes. ¿A que a más de una(o) le vinieron viejos, lejanos recuerdos?

Divaguemos sobre el mismo tema y adentrémonos en lo poco que sé sobre la historia del mango en nuestro país. Para empezar es falso de toda falsedad lo que han escrito historiadores y poetas sobre Bolívar niño correteando por los campos y comiendo mangos. Poeticamente muy lindo, tal vez, pero historicamente falso. En esos tiempos no existían mangos en Venezuela.

El mango es originario de la India al igual que la caña de azúcar y muchas otros vegetales que se producen en nuestros campos, solares y jardines. Es tal vez la única herencia positiva que nos han dejado los ingleses; fueron ellos quienes trajeron los mangos a Venezuela. ¡¿Qué?! ¡¿Como?! Sí, tal como lo leyeron. Ocurrió en el siglo XIX, por allá por los años 1880 y, por favor no me pidan la precisión cronológica, cuando ellos lo trajeron para reforestar las zonas por donde pasarían los viejos ferrocarriles contratados durante la dictadora de Guzmán Blanco, el llamado autócrata civilizador, un eufemismo para llamar un formidable ladrón de siete suelas. Gran parte de la India es un país tropical como el nuestro y el cultivo se extendió por todo el país, se adaptó maravillosamente a nuestros suelos y climas. Con el tiempo se han producido mutaciones e hibridaciones y hoy disfrutamos de una multitud de variedades y sabores de mango. Los otros constructores de ferrocarriles de aquella época fueron los alemanes. Ellos no tenían colonias en la India y no conocían el sabroso mango. Para reforestar sembraron pinos pero eso no lo comen los niños, ni los viejos tampoco.

Entre nosotros los más conocidos genericamente son los de hilacha, los de bocao (bocado) y las “mangas”. Los hay chiquitos, medianos, grandes y grandotes; con una gama de sabores entre los dulces como la miel y los aciditos. Según el tipo también sirven unos u otros para hacer jugos, jaleas y mermeladas pero lo mejor de la mejor es hacer como los carajitos y comerlos cuando están en sazón, bien maduritos aunque a muchos les gusta comerlos verdes con sal. Ahh, ¿empiezan a recordar viejos tiempos? Por mi parte, me gustan maduritos y mejor si son picaos de pájaro. Decían los viejos de mi niñez que eran los más sabrosos porque los pájaros saben cuando las frutas están en su mejor sazón. Ahora me vienen a la memoria dos recuerdos, uno de antaño y otro de hogaño; cuando niño mi gran gusto era trepar a los árboles, sentarme en una rama y darme banquetes con frutas en plena sazón. Envejecí y llegó la prohibición de trepar árboles pero adquirí otro gusto envidiable para muchos: jarto e mango, guindarme en un chinchorro bajo esos frondosos árboles y disfrutar un descanso único. Si no lo han probado se los recomiendo ampliamente.

Para mis amigos de otras latitudes les aclaro: chinchorro en Venezuela es una hamaca tejida con fibras naturales, las más frescas. Son famosas las tejidas con enea por los tejedores wayúu y con moriche por los cariña, dos etnias originarias de hermanos amerindios.

Olvídense de modales de gente chic. Déjense de placeres neoburgueses. Vuelvan a su infancia y sean felices. A comer mangos maduritos, a chorrearse bastante. ¿Qué carajo importa si manchamos la camisa o toda la vestimenta?



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domingo, 18 de junio de 2017

¡¿Yo?! ¡¿Constituyente?!

Si alguna(o) de mis lectoras(es) ha tenido la curiosidad de ir a los orígenes de esta blog habrá notado que surgió en 2010. En ese entonces hubo elecciones para elegir diputados a la Asamblea Nacional. Amigos, vecinos y otros me ofrecieron su apoyo, me entusiasmaron y, efectivamente, me postulé para Diputado. Hubo elecciones, no gané en mi circuito. Ahora vivo en otra comunidad, en otro pueblo y vuelve a ocurrir lo mismo; nuevamente vecinos, amigos y otros muestran sus simpatías y me ofrecen apoyo. Estudié brevemente simpatías y apoyos que podría lograr, además de otras consideraciones y, llegando a ciertas conclusiones, no acepté ser postulado.

Pensando por adelantado, si llegara a ser electo a la nueva Asamblea Constituyente, no les quepa la menor duda, que una de las medidas que propondría y lucharía para su aprobación sería la inclusión en el Código Penal de las más severas penas, sin atenuantes ni beneficios, a los delitos de lesa Patria, lesa humanidad, terrorismo de todo tipo y el peor de los castigos para los traidores a la patria, incluyendo entre estos a quienes reciben financiamiento de gobiernos y o instituciones extranjeras para atentar contra la paz y estabilidad de mi país. Revivir, actualizar, adaptar a la época aquel famoso decreto del Libertador estableciendo severas penas a jueces y otras autoridades judiciales que no sancionaran delincuentes como debe ser.

Los aspectos económicos no pueden ni deben quedar fuera de los ámbitos señalados en el párrafo precedente. Facilmente se pueden vincular esos delitos con las formas de guerra económica a las que nos han sometido. Atentar contr la barriga colectiva es crimen de lesa humanidad, ¿o no?

Pero todavía iría más allá. Pediría lo más drástico. Lo que verdaderamente castigaría de manera ejemplar a esos malos hijos de la Patria. QUE TAMBIÉN LES SEAN CONFISCADOS TODOS SUS BIENES. Lo único que les duele es el bolsillo.

Y para hacerles bajar la cerviz de manera definitiva, cero privilegios especiales. No, nada de eso. PRISIÓN COMÚN. Que los metan con los peores delincuentes en cárceles comunes. Ellos son aún peores que los peores. Y lo afirmo porque un asesino o un ladrón es redimible. Ellos jamás lo serían.

Es ahora cuando empiezo a estudiar lo que seguramente haría. Pero como no seré yo, lo propondría con fuerza a quienes sean mis futuros voceros en próxima Asamblea Nacional Constituyente. Tomen nota que no digo “representantes” sino “voceros”. Tal vez no me entienden fuera de Venezuela; los elegidos no representarán, solo hablarán y harán lo que les sea ordenado porque la soberanía nacional reside intransferiblemente en el pueblo, no es delegable.

Opino que el Sr. Presidente tomó la decisión más acertada. Los traidores a la Patria no quieren otra cosa que la erradicación de la Revolución Bolivariana; pero, analicemos algo lo que realmente ocurre en Venezuela. Según encuestas serias y confiables, más del 80% de la población no quiere violencia y es lo más natural del mundo. Hay que ser loco para estar de acuerdo con semejante diablura. Pero, ¿que pasa con el resto? Quienes quieren violencia, los vendidos al imperialismo gringo y al gran capital neoliberal son apenas una ínfima minoría. La gran ventaja con que cuentan es con el financiamiento ilimitado que le proporcionan la CIA, la NED, el Instituto Republicano, la Fundación Adenauer, banqueros, empresarios, etc., y sobretodo, apoyo mediático a escala casi mundial. El resto que los apoya pero no participa en sus acciones criminales es un puñado de enfermos de infofrenia, disociación psicótica y otra variedad de patologías mentales que, de hecho, confieren a ese aspecto características a ser tomadas en cuenta como un verdadero problema de salud pública. Tal vez, algunos serán curables, otros son candidatos a ingresar a sanatorios mentales de manera vitalicia.

Con esa clase de oposición no se puede negociar nada, no hay forma humanamente posible de dialogar ni de establecer acuerdos en beneficio mutuo ni en beneficio para el país. Pienso que el Sr. Presidente tomó la decisión más acertada. Que el pueblo decida lo más conveniente, lo más sano, lo que crea que más le conviene. Llegado a este punto debo señalar y resaltar las palabras fundamentales del Sr. Presidente al anunciar su sabia decisión al país en general:

El poder radica intransferiblemente en el pueblo; el pueblo me confirió el poder que detento; pongo ese poder en manos del pueblo a quien pertenece y que el pueblo sea quien decida. Me subordinaré ante la soberana y plenipotenciaria Asamblea Nacional Constituyente.

¿Quieren más democracia? ¿De qué dictadura me hablabas?

Esa conducta es eminentemente bolivariana. Nuestro Libertador dijo, palabras más, palabras menos, cito de memoria:

Creo más en la sabia intuición del pueblo que en los consejos de los sabios porque el pueblo es incorruptible.

Buenos presagios. La inmensa mayoría se alegró con esa decisión y la apoya con entusiasmo. Ahora a esperar, desear y confiar que todos los Dioses, los Dioses de todos, bendigan la Patria Venezolana para el bien de todos, incluyendo a los enfermos mencionados porque ellos, si acaso merecen algo, es nuestra lástima y nuestra compasión.


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martes, 15 de marzo de 2016

Pueblo pequeño productivo

Nací en un pueblo pequeño y recuerdo fielmente que mi pueblo era autónomo en muchos aspectos en cuanto a las necesidades elementales de los pobladores. La carne vacuna y la leche, así como la porcina, caprina y de aves era surtida por sus propios habitantes, bien porque en los solares de las casas se criaban gallinas que producían huevos y pollos, cerdos y otros animales o porque había producción en los campos cercanos. Igual ocurría con frutas, hortalizas y verduras en general y no hablemos de granos, cereales y otros rubros porque la situación era igual. En lo que respecta a productos agro-industriales, en las afueras del pueblo había haciendas de caña y el papelón era abundante. Basicamente, lo único que se traía de otras partes era la sal y alguna que otra excentricidad.

Parte de mis recuerdos infantiles eran los arreos de burros o mulas provenientes de las campos de la periferia con sus cargamentos para surtir el llamado Mercado Municipal y las pulperías. Todo cuanto se comía o bebía era 100% natural. Del pan ni hablar, muchas casas tenían su horno redondo de barro, a leña, en el cual se hacían también muchas granjerías y para la ocasiones especiales las famosas y deliciosas cabezas de cochino horneadas.

Luego vino una especie de maldición. Llegaron las bebidas carbonatadas, los enlatados y una serie de productos que llamaré exóticos. Pero esa maldición trajo aparejada la implantación de una rara cultura que inducía al desprecio de lo campesino, a las labores del campo y sus productos. Lo chic era consumir comida chatarra importada y cuanto más exótico el incomprensible nombre, mejor

La autonomía del pueblo no era solo en lo alimentario. La ropa era elaborada por las costureras y sastres del pueblo, los zapatos y alpargatas igual. En definitiva, había una economía local productiva y la dependencia respecto a otros lugares era ínfima. Que recuerde, jamás hubo crisis de abastecimiento de ningún rubro.

Los sociólogos y los antropólogos tendrán explicaciones sobre este terrible cambio cultural que acabó con la autonomía de, me atrevo a decirlo, todos los pueblos pequeños del país. Ahora se depende de las grandes agro-industrias que están practicamente centralizadas en zonas muy específicas y particulares del país. Igual pasa con la ropa, el calzado y otros artículos necesarios para la vida diaria, lo que quiere decir que estamos en manos, a merced, de lo que decidan unos pocos empresarios quienes ultimamente nos acogotan con sus prácticas malsanas. Y peor aún, muchos de estos mal llamados empresarios cerraron o redujeron al mínimo su producción, se dedicaron a importar toda suerte de cachivaches lo que, obviamente, nos hace dependientes de otros países. Me parece un exabrupto que cosas tan sencillas como un peine, unos caramelos o un par de calcetines tenga que importarse de lugares tan distantes como la mismísima China.

Es hora que intentemos, al menos, darnos cuenta, percatarnos de nuestra terrible involución disfrazada de adelanto y progreso. No digo que volvamos exactamente al esquema al cual me he referido antes; pero, sí estudiar como vivíamos antes y extraer de esas vivencias lo positivo que había y adaptarlo a nuestra nueva realidad y, de paso, creo imperativo dar pasos firmes hacia muchos núcleos en todo el país de pequeños pueblos con la mayor autonomía productiva posible, con economías locales sustentables que satisfagan muchas de las necesidades elementales de sus pobladores.

Insisto en hablar del tema de la alienación cultural. Presencié por TV un acto en el cual se inauguraba un mercado en un pueblo no tan pequeño con el fin de reubicar un grupo de buhoneros, o como les dicen, miembros de la economía informal. El representante de los vendedores de ropa insistía en que los importadores les vendieran directamente para rebajar sus costos. Analicemos. El hombre pretendía seguir vendiendo ropa importada y me pregunto y les pregunto, ¿cómo no se le ocurrió proponer que se financiara un grupo de costureras del pueblo para que les suministraran las prendas que ellos venden? De esa manera, se quedaría en el pueblo parte del esfuerzo, el llamado valor agregado de la confección, porque al no haber empresas fabricantes de telas en el municipio tendrían que traerla de otras partes del país, suponiendo de buena fe que los empresarios textiles no estén saboteando el abastecimiento.

Los pobladores de pueblos pequeños, y con más razón los de medianos y grandes, deben hacer esfuerzos para aumentar su producción local de la mayor parte de sus necesidades; es decir, buscar su propia autonomía económica. En caso de no poseer determinadas capacidades productivas, ir pensando en desarrollarlas. Después vendría la interacción comercial entre localidades cercanas y así, sucesivamente, estableciendo circuitos regionales más ambiciosos y para ellos solo se necesita motivación, que alguien tenga la idea de propagar entre la gente la conveniencia de emprender una actividad productiva para satisfacerse a sí mismos y nadie mejor para hacerlo que los Concejos Comunales y las Comunas. Ya he observado algunos ejemplos iniciales que vale la pena imitar, de actividades en ese sentido en algunos lugares del país en materia agrícola y artesanal.

Cada población haría las cosas en razón de su vocación. Por ejemplo, si el pueblo tiene vocación turística, pensar en producir localmente para satisfacer los pedidos de sus visitantes.

Me entusiasma tanto la idea que ya me imagino, en un futuro próximo, una serie de poblados productivos cuya vida haya cambiado para su propio bien y olvidado las desastres que la guerra económica nos está causando en estos momentos.

La ayuda proveniente de “papá estado” no debe faltar pero ésta no llegará si previamente los pobladores de esos pequeños centros poblados no toma la iniciativa y muestra, por lo menos, que sus ideas funcionan. Hagan una pequeña prueba, muestren sus resultados iniciales, muestren los productos que son capaces de generar y el mandado estará practicamente hecho.

A pensar como resolver sus propios problemas y ¡suerte!


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Pueblo pequeño

Nota explicativa previa: este escrito tiene exactamente un año y no me decidí a publicarlo antes porque tuve la preocupación de enviarlo a un elevado funcionario del Estado, junto a las ideas para un Proyecto Integral de Desarrollo que menciono más adelante. El caso es que, muy lamentablemente, tres envíos no tuvieron respuesta alguna. Debo decir que no culpo al funcionario, es muy razonable que tenga un equipo de burócratas que revisa previamente la correspondencia que le llega y, dolorosamente, estamos en manos de personas que filtran los requerimientos que hacemos los ciudadanos de a pié. Fin de la nota.

Mi anterior escrito Intitulado “Mano durísima, Señor Presidente suscitó un comentario, positivo digo, por parte de un señor Anónimo. Esto me ha movido a no contestarle con otro comentario corto similar al suyo sino con un análisis un poco más extenso.

Omití el nombre del pequeño pueblo donde vivo porque la situación que vivimos y describí a grandes rasgos no es privativa de mi comunidad; el contrario, es generalizada en todos los pueblos pequeños del país, o por lo menos en todos aquellos por los cuales he tenido la oportunidad de pasar recientemente. Esta razón me ha traído a la mente una preciosa idea de la que se ha venido hablando desde hace mucho tiempo, que se deja de lado por algún tiempo y vuelve a reaparecer sin que, hasta el momento, ni el Gobierno ni la sociedad se decidan a ponerla en práctica. Se trata de la vieja idea de hacer de los pueblos pequeños y los campos lugares agradables para la vida, con todos los servicios y ciertas comodidades privativas de los grandes centros poblados.

Si nuestros miles de pequeños pueblos y comunidades tuvieran lo mínimo elemental para una vida satisfactoria se evitarían las migraciones temporales o definitivas a los grandes conglomerados. Por otra parte, serían muchos los habitantes de esos centros atraídos a las pequeñas poblaciones donde, por lo general, se respira algo casi imposible en los otros lados: PAZ.

Como es de imaginar, los problemas que se confrontan en los pueblos pequeños son también obviamente pequeños, de mucha menor dimensión, que se pueden entonces resolver con planes y proyectos mas modestos que, logicamente, requieren inversiones menores. Con lo que se invierte en un barrio de Caracas, por ejemplo, que no es más que un paño de agua tibia porque la presión demográfica siempre superará las soluciones, se pueden resolver definitivamente los problemas que confrontan muchas comunidades y poblaciones con escasa población.

Pongo un ejemplo concreto. El pequeño poblado donde vivo no tiene cloacas ni drenajes y las aguas putrefactas corren por zanjas en todas las calles, lo que sin duda constituye un peligro potencial para la salud pública. Los más de veinte Concejos Comunales existentes hace unos dos años (ahora son más y existen o están en formación tres comunas) estuvieron de acuerdo en elevar una propuesta general contentiva de ciertos lineamientos, o criterios, que debería contener un Plan Integral de Desarrollo del Municipio. Estas ideas incluyen la construcción de cloacas, drenajes y una o varias plantas de tratamiento de pequeñas dimensiones por lo reducido del núcleo poblacional, más otras previsiones para el saneamiento ambiental, tomando en cuenta que uno de los atractivos de la zona y, a la vez fuente de alimentos, es un bello y rico humedal que está siendo permanentemente atacado por la contaminación con heces fecales y otros desechos. Simultaneamente, se consideró entonces la remodelación, readecuación, reordenación territorial y embellecimiento del lugar en vista de que el Gobierno Nacional ha anunciado muchas veces la intención de convertir a la zona en Centro Turístico, lo que haría obligante volver atractivo el lugar para incentivar la presencia de visitantes. Es de Perogrullo que ningún turista se animaría a visitar un lugar feo, sucio, descuidado, desordenado, sin servicios, contaminado y sin población minimamente preparada para atenderlo.

Ese "Plan" fue entregado oportunamente, en sus propias manos, al Ciudadano Alcalde del Municipio, al Ciudadano Gobernador del Estado, al soberano Concejo Legislativo del Estado, al Consejo Federal de Gobierno y al Ciudadano Ministro del Ambiente de la época.

Es de justicia mencionar que los Diputados al Concejo Legislativo en algo lo tomaron en cuenta y enviaron una comisión a "inspeccionar" uno de los lugares claves del municipio. Pero, del resto, hasta el día de hoy, además de esa fulana inspección, no se conoce reacción alguna por parte de nadie, en ningún sentido.

Pasando a otro aspecto de la vida, ¿cuantas veces se ha solicitado Mercal, PDVAL u otros servicios alimentarios? ¿Cuantas gestiones se han hecho por distintas vías ante Corpoelec para que arregle problemas de alumbrado público, etc.? ¿Cuanto tiempo tienen algunas pequeñas comunidades, tres barrios especificamente, solicitando a CANTV la instalación de telefonía fija? ¿Cuantas llamadas y mensajes a la Sundee para que envíe fiscales a los comercios abusadores? No hablemos de educación como la sede del único liceo paralizada su construcción hace más de ocho años, salud con los aparatos dañados en el único CDI/SRI, vialidad urbana en estado desastroso, etc. La frialdad de las instituciones desanima y vuelve escéptica a la población. ¿Es que acaso nos consideran ciudadanos inferiores a los pobladores de pueblos pequeños?

¿Por qué ocurren estas cosas? No sé la verdadera razón pero me inclino a echarle la culpa a un determinado patrón cultural - o anticultural - que se ha sembrado en la neuronas de muchos venezolanos que solo consideran a Caracas como si fuera la totalidad del país. Sé positivamente que Caracas tiene infinidad de problemas, pero muchos de ellos son producto del hacinamiento propiciado por la migración. Está bien que se atienda a Caracas, no niego que se le resuelvan sus problemas, pero, por favor, entiendan que atendiendo las pequeñas poblaciones del interior se le evitan problemas a Caracas y otras ciudades muy pobladas.

Por último, hago públicas estas preocupaciones porque, en tantos años, no he conseguido respuesta en ninguna parte, a ningún nivel. Revisen mis escritos en este lugar y verán que siempre estoy pendiente y defendiendo la Revolución Bolivariana, así que descarten esta exteriorización de sentimientos como un ataque. No, al contrario, es un clamor que espera contar con el apoyo de muchos compatriotas de buena voluntad y, por parte de los burócratas, algún oído que oiga y, sobretodo, entienda; en fin que olvide su pequeño mundo rodeado de papeles sobrantes y se sensibilice ante los problemas que debe atender.

Y sigo sin mencionar el nombre del pueblo porque creo interpretar lo que sucede en otros miles de lugares similares. Si alguien tiene la curiosidad, por favor, escríbame a cualquiera de mis correos electrónicos que están en esta misma página y le daré todos los detalles menores que desee. Y gracias anticipadas a nombre de los casi diez mil habitantes de mi municipio.


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lunes, 12 de octubre de 2015

Clamo ante mi pueblo



El BRAVO pueblo de Venezuela, a decir del gran poeta Andrés Eloy Blanco, nació en un vivac y se crió en un cuartel y por eso es un pueblo retrechero, altanero y tercamente igualitario que no tolera señorías ni reconoce castas sociales. Pero también ese pueblo, al igual que nuestro Padre Libertador Simón Bolívar es el pueblo de las dificultades a las que siempre ha enfrentado y vencido. En los peores momentos de nuestra historia jamás se ha rendido ni doblado su cerviz.

La actual guerra económica debemos enfrentarla con brío y determinación hasta vencerla. No será fácil porque, además, es guerra con muchos frentes siendo el peor el del terrible veneno que han introducido en nuestras neuronas o, perdón, en las de muchos de mis compatriotas. La perfidia y la maldad de nuestros enemigos, valga decir la burguesía explotadora, apátrida y chupasangre, han sido increiblemente eficientes porque han puesto en práctica las peores teorías y prácticas de científicos y expertos en la manipulación de la mente colectiva. El peor frente de esta guerra actual es, sin el menor asomo de duda, el psicológico.

Precisamente, para intentar dar al menos una pequeña fórmula en contra tanta maldad, lo primero que digo es que reconozcamos que efectivamente esta guerra psicológica en contra nuestra existe; y existe en contra de todos los sectores, no hace distinción porque igual la sufrimos los revolucionarios patriotas que los más empecinados pitiyanquis. Lo que sí debemos distinguir es que también es una guerra de clases, los ricos ni la sienten porque ellos nos la hacen, la cosa es contra los pobres porque los ricos no soportan que la Revolución Bolivariana haya reivindicado a los pobres tal como Cristo mismo lo predicó, siendo ésta la mayor razón para crucificarlo. Ojo, que la llamada clase media ocupe su verdadero rango social porque los ricos también la odian y ella también sufre, quizás con mayor rigor, los efectos de esa guerra que he repetido tanto.

Al reconocer que la guerra psicológica efectivamente existe, pido, clamo, ruego a mi amado pueblo:

No permitas que pisoteen tu dignidad. Ten valor propio y mucho orgullo para que te respeten. Tu fuerza moral por delante.

No te arrastres ante los poderosos. Eso es indigno.

No te arrodilles ante ellos ni les ruegues que TE ROBEN al suplicar que, por caridad, te vendan caro una harina, un jabón, un litro de aceite, un rollo de papel toilet.

Mantente firme, con dignidad, vergüenza y mucha altivez. Reconoce que tienes valor y hazlo sentir, por lo tanto, NO HAGAS COLA. No les des el gusto de verte sudando y clamando por un producto que te niegan. No compres a bachaqueros, no pagues precios especulativos ni aceptes ventas condicionadas.

Pon en duda lo que los medios te digan. Verifica la información. Quítate de la mente la idea de que todo cuanto digan los medios es verdad. La mayoría de los medios miente y manipula. La mayoría de los medios es enemiga del pueblo pues son armas que usan contra ti. No te dejes embrutecer. ¡Reacciona, carajo!

Ahora me dirijo a ti, bachaquero(a) pendejo(a) especulador(a):

Que los ricos roben a los pobres es casi como un orden natural y así ha sido siempre, y lo será hasta tanto se lo permitamos. Ellos son ricos porque siempre nos han robado y de ese robo sempiterno proviene su mal habida riqueza; pero, POBRE ROBANDO POBRE ES UNA ABERRACIÓN, es contra natura.

Crees que te la estás comiendo, crees que eres muy vivo pero estás construyendo una trampa contra ti mismo. No creas que te harás rico. No, es un grave error pensar así. Al contrario, te volverás más pobre. Esa “ganancia” que crees hacer es tan solo una vana ilusión, ese dinero que crees ganar, y algo más, se te irá como el agua entre los dedos cuando quieras adquirir lo que necesitas para vivir porque otros como tú están ahí para robártelo también y, ¿sabes adonde irá todo ese dinero proveniente de la cadena de robos? Si no lo sabes ni lo intuyes te lo diré: a los bolsillos de los burgueses, a las arcas de tus eternos explotadores. Ellos serán cada día más ricos y nosotros cada día más pobres, la inflación solo los beneficia a ellos y, de paso, se chupan a sus trabajadores porque jamás les pagarán salarios ajustados a sus abusivas “ganancias” que pongo entre comillas porque deberemos leer ROBO DESCARADO.

Pueblo: no te dejes sojuzgar con argumentos, comentarios, chismes y maledicencia que son productos, o mejor dicho, armas para engañarte y modelar tu conducta para que hagas exactamente lo que ellos quieren. Los rumores también provienen de una fábrica de mentiras dirigidas a destruirte. Al contrario, intenta mantener abierta tu mente, razonar que es lo que individual y colectivamente nos conviene a todos. Cuando hayamos alcanzado cierto nivel de raciocinio ten por seguro que venceremos en una batalla más entre tantas que hemos ganado a lo largo de nuestra hermosa historia. Recuerda venezolano(a) que eres un(a) soldado(a) más del único ejército libertador del mundo.

Si tienes alguna duda sobre el éxito de nuestra pronta victoria, recuerda que Rondón no ha peleado todavía. Y si acaso eres uno que aún no sabe quien fue Rondón y que hizo, no pierdas tiempo, averígualo ya.


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Estado de Excepción



Publicamente, sin ambages, sin estridencia ni falsas poses, debo felicitar al Sr. Presidente Maduro por la declaratoria y puesta en ejecución del Estado de Excepción en varios municipios de los Estados Apure, Táchira y Zulia. No obstante mi alegría y entusiasmo ante ese hecho, me quejo por lo corto y le ruego encarecidamente que lo EXTIENDA A TODO EL PAIS.

Si, Sr. Presidente y demás funcionarios del Gobierno Bolivariano, vistas las inmensas bondades obtenidas apenas en escasos días en los territorios intervenidos, siento una enorme envida sana y quiero que esos maravillosos resultados lleguen ya a mi comunidad y a los lugares por donde suelo ir y, adonde no suelo ir, también.

Sufro cierta angustia y desazón cuando veo por TV a la gente de San Antonio, San Cristóbal, Maracaibo y otras poblaciones con una amplia sonrisa de satisfacción porque se acabaron las colas para tratar de adquirir productos necesarios. Eso lo quiero yo y ya para mi comunidad y para todo el país. Los veo felices porque están adquiriendo lo que necesitan y eso lo quiero yo para mi comunidad. Los veo felices porque compran lo que necesitan a precios justos, no los roban y eso lo quiero ya para mi comunidad.

Sé de antemano que algunos dirán que los paramilitares ni los cambistas están en otras partes del país y lo admito como parcialmente cierto; pero, los ladrones especuladores están en todas partes y a esos enemigos de la Patria hay que darles hasta con el tobo y ya.

Además hay otra plaga que debemos fumigar. Me refiero a todo tipo de funcionario que mira para otra parte y no cumple con su deber. A esos hay que erradicarlos ya.

No puede ser posible ni mucho menos aceptable que quienes se hacen llamar empresarios, se hacen llamar industriales y o comerciantes, hagan subir los precios a discreción multiplicándolos algunas veces 10, 20 y hasta 100 veces los valores que tenían hasta hace poco y los ejemplos concretos sobran. Daré ejemplos: los huevos suben de precio semanalmente, antes aumentaban a razón de Bs. 10 semanal, ahora a razón de Bs. 50; el jabón líquido marca Clic lo compré hace poco tiempo a Bs. 60/lt.; ahora lo vi con PVJusto a casi 500 y, por supuesto no lo compré. Un simple bollo de pan de tan solo 300 gramos ya los venden a Bs. 50, 60 o más. No hablemos de las laticas de sardina. ¿Existen razones serias y verdaderas para semejante abuso? ¿Quien fija los llamados Precios Justos de venta al público? ¿Quien los aprueba? Incrementar al precio de venta de un producto 10 veces su valor anterior es absolutamente injustificable.

No puede ser posible que distorsionen y manipulen las cadenas de distribución para represar los productos que deben llegar con fluidez al pueblo necesitado y para ello los esconden, los desvían, los venden a quienes acapararan y boicotean al pueblo.

Causa rabia e indignación la humillación a que someten al pueblo pobre y necesitado que debe hacer largas colas, muchas de ellas a tiempo perdido porque los productos que esperan no terminan de llegar. He visto con mis propios ojos (expresión común aunque muy redundante) como la gente sufre haciendo colas soportando calor e inclemencias y, al cabo de largo tiempo, aparece un camión con un escaso cargamento que no alcanza para satisfacerlos a todos. Esta criminal táctica por parte de los distribuidores genera rabia, frustración, confusión; pero, también intolerancia que a veces llega inclusive a provocar pleitos y rencillas entre los sufridos que esperan. Cuantos he visto irse rumiando su rabia por el tiempo y esfuerzo perdido para no conseguir nada.

Casos como los señalados y miles de ejemplos más tienen a la gente al borde de la desesperación y los cretinos antipatria de la derecha se aprovechan de eso para desprestigiar a la Revolución Bolivariana. No debemos esconder que aprovechan el terreno fértil de los ignorantes, desinformados, disgustados, etc. para hacer mella, causar daño y llevarlos al molino triturador de sus adherentes.

El Estado de Excepción permitiría al Estado aplicar sin piedad ni contemplaciones todo el peso de la ley, de manera expedita, a quienes abusan del pueblo. Ya basta de manos de seda y, por cierto, las multas no bastan porque ellos recuperan rapidamente lo que pagan, cuando no evaden, aumentando los precios a discreción. Cárcel parece ser el único método efectivo. Al respecto me viene a la memoria el episodio aquel cuando los banqueros se negaron rotundamente a prestar dinero al Gobierno encabezado por el General Cipriano Castro. Los metieron a todos en La Rotunda y pidieron cacao a los pocos minutos.

El pueblo gozará un puyero cuando vea a Fedecámaras, Consecomercio, Cavidea, Venemcham y otros grupos de traidores, mafiosos, especuladores, chupasangre pidiendo cacao. Las manos se me pondrían rojas rojitas de tanto aplaudir. Ruego al Sr. Presidente que me de ese fabuloso gusto... Y, millones de gracias anticipadas a nombre propio y de millones.


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domingo, 30 de agosto de 2015

¿Macabra estrategia total? - Segunda Parte



La guerra desatada contra todo nuestro país es verdaderamente obra de cerebros terriblemente malvados que no se paran ante ningún freno, sea moral, ético, humano, psicológico o de cualquier otra índole para causar daño a nuestro pueblo. Su único afán es destruir, como sea, a toda costa, la Revolución Bolivariana. La perversidad los lleva a intentar minar todos los valores del pueblo para luego usarlo como su peor instrumento. Ellos creen y aspiran que sea el propio pueblo beneficiario de SU revolución quien les haga el trabajo de destruirla, lo cual, sin duda, significa, que ese pueblo se convertiría en un monstruo torpe que generaría su propia autodestrucción. Redundo en mi intención de explicarlo mejor.

Tomemos el fenómeno del bachaqueo. La perversidad es tal y el resultado tan catastrófico que han inyectado en la mente de muchos la aberración que lleva al ROBO DEL PUEBLO POR EL MISMO PUEBLO. Que los poderosos nos roben es casi como si fuera el orden natural establecido a lo largo de siglos, son ricos porque siempre han robado a los pobres, de lo contrario, no existirían ricos ni pobres porque la riqueza se hubiera distribuido equitativamente. Para lograr su diabólico propósito se apoyan en cualquier manifestación de pecado y perversión para lograrlo.

Una de esas de esas creaciones propias del mismo Lucifer es el caso del paramilitarismo colombiano, sobre el cual no voy a entrar en detalles porque el tema ha sido analizado y explicado por gente que ha estudiado el caso en profundidad. Muchos han teorizado sobre su origen, causas, consecuencias, métodos, formas de actuación y, sobre todo, sus consecuencias no solo en la vida diaria y real de los colombianos, sino también lo que que ha chorreado sobre los venezolanos.

En esta guerra, los paramilitares son solo aliados circunstanciales que la burguesía universal, los poseedores de las mentes más perversas que, inclusive, gastan millones y millones en estudiar cada día métodos y procedimientos que los catapulten hacia ese ansiado logro de echar por tierra la Revolución Bolivariana.

Se ha repetido hasta el cansancio lo que todos sabemos a ciencia cierta quienes son los promotores de esta extraña y peculiar guerra, excepto aquellos a quienes les han tapado los ojos, obstruido sus oídos y aniquilado la capacidad de razonar, de reflexionar, de pensar, para lo cual utilizan otro aliado que, a su vez, es parte de ellos mismos: lo que siempre he llamado los medios de alienación porque son precisamente eso y jamás les diré medios de comunicación.

Pero hoy voy a referirme a una consecuencia poco visible en las muchas lecturas que han salido sobre la guerra total que sufre Venezuela y su gente: el efecto sobre el alma y el espíritu de, desgraciadamente, una parte de nuestra población que, también como consecuencia de sus métodos y prácticas, se ha vuelto un poderoso aliado de sus propios atacantes y destructores.

No es el alza de los precios de los productos esenciales o no, de primera o última necesidad, no es la escasez de los mismos, no es el terrible drama de buscarlos en todas partes para satisfacer necesidades reales o inducidas lo peor. No, no es eso, es EL EFECTO CAUSADO SOBRE LA PSIQUIS, EL ALMA, EL ESPÍRITU, LA CONCIENCIA DE MUCHOS HABITANTES DE NUESTRA TIERRA que no es otro que la desesperanza, la rabia, la amargura, la tristeza, la decepción que a la larga se convertirían, eso esperan, en la rendición total e incondicional ante los causantes promotores de la guerra.

Males, fallas, errores, faltas, inconformidad siempre ha habido y siempre habrá aquí y en cualquier parte. La felicidad es solo una utopia que, como afirma Galeano, a medida que se caminan diez pasos hacia ella, ésta se aleja también diez pasos por lo que la utopía nos sirve solo para caminar, avanzar; así ha sido y así siempre será. Pero todos debemos caminar ESPERANZADOS Y OPTIMISTAS, CON BUENA CARA, SONRIENTES HACIA LA UTOPÍA.

Pero, ¡que desgracia! - Esta maldita guerra inventada, generada e impulsada por verdaderos y reales diablos ha producido tristeza, amargura y desesperanza en muchos de nuestros compatriotas y contra ella debemos luchar echando mano a nuestra mayores y mejores reservas morales y espirituales. Es absolutamente necesario, vital para la normalización progresiva de este actual estado de cosas que, como pueblo arrecho y retrechero acostumbrado historicamente a enfrentar y vencer todas las dificultades, lo hagamos con decisión y coraje con buen ánimo, con una sonrisa en los labios sabiendo que así, solo así, saldremos victoriosos. No permitamos que otra derrota histórica nos sumerja en otros dos siglos de calamidades como los que acabamos de comenzar a superar hace apenas tan solo dieciseis años con la llegada, con la hermosa alborada de la Revolución Bolivariana. No podemos sucumbir ante esta prueba y benditos sean los problemas que debemos enfrentar porque solo la superación de éstos nos permitirá aquilatar lo que somos capaces de hacer.


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sábado, 4 de julio de 2015

Negro Primero

Lamento no haber tenido la suerte y el privilegio de estar en Caracas para presenciar el traslado de los restos simbólicos del Negro Primero al Panteón Nacional el día 24 de junio pasado, fecha en la cual murió hace 194 años en la Batalla de Carabobo.

Desde niño he sabido algunas de las historias menudas que rodean la vida de este prócer ejemplar y, en algunos aspectos, único de nuestra larga y sangrienta Guerra de Independencia; y, a partir de esas historias, lo he conocido y sentido más por el cariñoso apelativo de Negro Primero que por su propio nombre, Pedro Camejo.

No me referiré a la historia ni a los hechos que rodean la vida conocida de Pedro Camejo. No, intentaré discurrir sobre el apelativo que ostentó en vida y el que se ha inmortalizado y, mucho más ahora que reposa en el Panteón donde se guardan los restos de los héroes por la eternidad de la Patria Venezolana.

Negro y Primero. Empecemos por el final. Primero se le conoce en la historia por su valor, coraje, desprendimiento y sobretodo audacia. Encabezaba; es decir, iba de “primero” en todos los ataques y recordemos que aquellos ataques eran de caballería lanza en ristre; tipos de ataque no aptos para cobardes; eran realmente actos suicidas. Era así y pasó a la leyenda, que se inició entre sus propios compañeros de lucha que lo admiraban y les servía de ejemplo y acicate para arriesgar sus vidas por la Patria. Sea propicio recordar en que la Guerra de Independencia se inmoló la mitad de la población que entonces habitaba el territorio venezolano.

Negro. La palabra negro jamás ha sido una palabra peyorativa ni ofensiva en Venezuela. Es más, lo afirmo, es una palabra cariñosa, muy afectiva. Cuantos catires he conocido cuyas madres y familiares llaman cariñosamente “negros o negritos”. Quien no ha conocido una dama de sus afectos a quien llamen “la negra o la negrita”. Deportistas destacados conocidos como “el negro tal o cual”. Cuantos cuentos, chistes o chascarrillos se han producido en los cuales la palabra negro no salte para graciosamente referirse a alguien. Revisemos la poesía seria, costumbrista o humorista de Venezuela y nos encontraremos, al azar, con Angelitos Negros de Andrés Eloy Blanco o La Negra del Maraquero de Ernesto Luís Rodríguez y no vayamos a la literatura en general, porque saltará a la vista Pobre Negro de Rómulo Gallegos o Cumboto de Ramón Díaz Sánchez y, aunque Cumboto no es sinónimo de negro si se deriva de “cumbe” o lugar donde se refugiaban los esclavos que se escapaban de sus amos en búsqueda de su ansiada libertad.

Ignoro la razón por la que ultimamente se usa un edulcorado eufemismo, “afrodescendiente” para referirse a los negros si toda la vida nos acostumbramos a llamarlos negros y, en este momento, me acuerdo mucho de una cantante muy popular, Edith Salcedo apodada nada más y nada menos que “La Negrita Cariñosa”. ¿Quien no se ha deleitado oyendo El Curruchá cantado por el Dr. Jesús Sevillano o algún otro cantante o la deliciosa canción Mi Negra? A falta de una explicación que no encuentro, me siento libre para pensar que es un eufemismo importado de los EEUU o Europa, gente que siente prurito ante la palabra negro.

Digo lo anterior a partir de algunos indicios. Conocí en los EEUU un simpático “potorro” (peyorativo de portorriqueño empleado por otros gringos de origen latino) de apellido Negrón. Carajo, los(as) gringos(as) se torcían pero no pronunciaban el apellido Negrón, porque para ellos es insultante que a alguien lo llamen negro y le decían Lagron, Magron o cualquier otra palabra pero jamás su apellido. Por otra parte, negro, es decir el color negro se dice black en idioma inglés. Negro (pronunciado nigrou) es para referirse a las personas de piel negra. También en francés, noir y negre; en alemán, schwarz y negger o en italiano, nero y negro. Resumiendo, en castellano no hacemos diferencia linística, negro es para ambos, tanto el color como la persona. Y volviendo a los gringos, ellos utilizan una palabra sumamente insultante, a los negros, despreciativamente, los llaman niggers y cuando quieren suavizar las cosas los llaman colored people, es decir gente coloreada. Se valen de argucias para disfrazar sus verdaderos sentimientos respecto a los descendientes de esclavos africanos a quienes desprecian y odian. Ahora también recuerdo que en cierta ocasión discutía con un gringo y éste se quejaba que “ellos” habían venido de Africa a contaminar su sociedad blanca y se quedó perplejo cuando le recordé que los negros jamás hicieron cola en ninguna embajada o consulado para pedir una green card, es decir, una tarjeta de residente en los EEUU, sino que, por el contrario, los cazaron como fieras, los encadenaron y los trajeron al Continente Americano muy, pero muy en contra de sus voluntades.

Dejémonos de eufemismos y sigamos como siempre fuimos. Al negro y la negra llamémoslos negro, negrito, negrazo, negrote, negra, negrita, negraza y todas las derivaciones de la palabra que el rico idioma castellano nos da y, eso sí, con el mismo cariño de siempre. Recordemos que nuestro Libertador Simón Bolívar mamó de las tetas de una NEGRA y que esa leche tenía algo, algo que él se encargó de transformar en un gran tesoro para la posteridad.


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miércoles, 13 de mayo de 2015

Pueblo chiquito nuevo, pueblo chiquito tricolor

Existen numerosos pueblos chiquitos y no tan chiquitos en toda Venezuela; unos, más conocidos que otros. A veces me divierte mucho hablar con gente de muchas partes y ya no me sorprende que no conozcan la existencia de tantos de ellos. En la gran mayoría de esas comunidades se vive, por supuesto, una vida placentera, sin sobresaltos, como no ocurre en los grandes centros poblados y me atrevo a decir que el llamado stress es algo así como un artículo de lujo. La paz y la tranquilidad que se respiran, para mi, son inigualables. Pero, por otra parte, la felicidad no es completa porque faltan muchas de tantas cosas que sí se tienen en las ciudades, o lo que es lo mismo, se carece de ciertos elementos solo al alcance de esos habitantes que, de alguna manera, contribuyen a aliviar ciertas cargas de la vida actual.

Aunque la vida es más fácil, más llevadera, esas carencias y limitaciones tienden a crear insatisfacción aunque tienen, a mi entender, fácil solución. Solucionarlas, también a mi entender, tiene que ser más fácil que, por ejemplo, en un enorme barrio caraqueño. Hay barrios en Caracas u otras grandes ciudades con decenas o cientos de miles de habitantes. Los pequeños pueblos a los que me refiero tienen poblaciones infinitamente menores, a veces tan solo una pocas decenas de miles de pobladores e inclusive menos. Con lo que jamás se solucionarán los múltiples problemas de un megabarrio caraqueño, sí se solucionarán los problemas de muchas de estas pequeñas poblaciones. Es cuestión de pensarlo y proponérselo.

Hecha la anterior reflexión, voy a lanzar una idea. ¿Tendrá acogida? Quien sabe, dependerá de la difusión que den mis queridos lectores a este escrito para que llegue a los oídos de tantos dirigentes que tienen voz y voto en el desempeño nacional. Dependerá también del apoyo de muchos que, de paso, deberían contribuir a redondear la idea y hacerla “palatable”.

Así como existe una Gran Misión llamada Barrio Nuevo, Barrio Tricolor para remodelar y hacer grata la vida en los barrios de las grandes ciudades, ¿por qué no extenderla y que uno de sus brazos sea la Sub Misión Pueblito Nuevo, Pueblito Tricolor?

Con tan solo una parte del dinero que se invierte en uno de tantos corredores de la Misión Barrio Nuevo, Barrio Tricolor, repito, se pueden remodelar varios pueblitos. Y ya los imagino lindos, relucientes, más ordenados, limpios, con servicios eficientes de iluminación, telefonía fija, agua potable, aguas servidas, comunicaciones, puntos de abastecimiento de la Misión Alimentación permanentemente bien dotados, etc. Instituciones educativas y de salud ya existen en la mayoría de ellos, solo faltaría mejorarlas y ampliarlas según sea el caso.

En las etc., se pueden incluir pequeños pero cómodos terminales de pasajeros y que las lineas de transporte que los sirvan tengan rutas y horarios fijos y que sean respetados. Con pocas unidades y conductores adiestrados se puede resolver el problema del transporte local, urbano y semi urbano. También abrir las llamadas taquillas únicas para realizar trámites administrativos de instituciones públicas y así no tener obligatoriamente que desplazarse. Y no hablemos de agencias bancarias, públicas y o privadas y de otra índole, necesarias para hacer más fáciles tantas necesidades cotidianas. Desde luego que esta lista es ampliable y se oyen sugerencias y recomendaciones.

Haciendo la vida más feliz con la puesta en práctica de pocas pequeñas soluciones, ya imagino muchos de esos pueblitos constituirse en imanes que atraigan gente de las grandes ciudades como asiduos visitantes y, ¿por qué no como futuros habitantes? Que forma tan fácil para lograr aquella largamente cacareada y necesaria idea de desconcentrar los grandes núcleos urbanos.

También se puede pensar en la posibilidad de instalar centros de producción de tantos artículos que se requieren, lo que contribuiría a mejorar los niveles de vida y terminaría de redondear el cuadro de felicidad que avisoro; es decir, un pueblo agradable, cómodo, bien servido y atendido que, de paso, tenga fuentes de empleo estable para sus habitantes. Que no sea necesario desplazarse cada vez que surge una necesidad que solo puede ser resuelta en una urbe mayor.

El establecimiento de unidades productivas que aprovechen los recursos propios de cada zona propiciarían la deseada y necesaria mutación de comunidades de solo consumidoras a productoras, cuestión ésta que ha sido la causante del atraso de tantos lugares específicos. Esa producción, por incipiente que sea, satisfaría total o parcialmente algunas de las necesidades locales pero su ampliación, más allá de cifras limitadas, generaría riqueza local al llevar sus productos a otras localidades, sean éstas cercanas o lejanas. Pensemos, pues, en el establecimiento de una dinámica que impulse, aunque sea en pequeñas escalas, el desarrollo de muchas pequeñas comunidades que, sumadas unas con otras, se convertirían en un gran tejido que, sin duda alguna, contribuiría enormemente al desarrollo nacional integral.

Que la idea se divulgue, es todo lo que anhelo.



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domingo, 28 de diciembre de 2014

Meditando algo más

Como ayuda visual, vean otra vez la foto incluida en el anterior escrito.

Cuando descanso en mi hamaca casi siempre con la misma orientación hacia el NE, veo obligatoriamente al palo sano seco. La mirada no suele centrarse en el primer plano y ver al robusto, frondoso y siempre verde árbol de mango sino en el palo sano en un segundo plano. Lo veo, lo observo, centro la mirada y lo imagino cuando estaba plenamente vivo, orgulloso y frondoso esparciendo su enorme belleza a la vista de cercanos y distantes observadores. Es posible que a mi imaginación la ayuden algunas ramas de un almendrón por delante y las de un alto tamarindo por su parte posterior. Y pienso, pienso, pienso.

Me prengunto cuantos años, siglos tal vez, los que tardó la madre tierra en crear ese portento de la naturaleza, portento de unos veinte metros de altura, quizás más. ¿Cuantos se cobijarían bajo su sombra en todo ese tiempo? ¿Cuantos miles de pájaros se habrán montado en su espectacular ramaje? Como quisiera escudriñar los secretos que guarda el palo sano donde concentro mi atención aún sin proponérmelo.

No tengo idea de cuanto tiempo hace que perdió su follaje y solo me atengo a lo que veo, sus aún fuertes ramas secas que permanecerán erguidas hasta que la madre tierra que las parió las llame a formar de nuevo parte de su seno. Se fueron sus vivas hojas, se fue su follaje, sus flores, sus frutos y cuantas cosas de tantas que cotidianamente nos rodean se nos van sin remedio.

Ese ir y venir de la vida, sin querer, sin proponérmelo, me hizo pensar en cosas que eran algo así como el pan nuestro de cada día y que se han ido, las hemos ido olvidando y las nuevas generaciones no tienen idea de su pasada existencia.

Nuestro país ha dado un gran vuelco estos últimos quince años y se han ido tantas cosas que ojalá no vuelvan para desgracia nuestra. Vienen a mi memoria pero no las añoro porque, verdaderamente, estoy contento que se hayan ido. Cero nostalgia y, si acaso existen en algun recóndito plan o dimensión de cualquier vida; pues, que se queden por allá hasta que se desaparezcan con el olvido.

Así es que me parece importante recordar algunas a quienes las olvidaron o no las vivieron.

Tal cual como se fueron las hojas del palo sano, se fué bien lejos del país la recluta, aquel odioso e inhumano sistema de cazar jóvenes para meterlos (que no incorporarlos) a la fuerza en el sistema militar. Recuerdo sin nostalgia las carreras y las escondidas cuando estaba en la edad para ser reclutado.

Se fue la peinilla. Terrible instrumento que usaba la Guardia Nacional y la Policía para castigar atrozmente a quienes nos atrevíamos a protestar por algo. Y cuantos inocentes también la sufrieron por estar en el sitio equivocado a la hora equivocada.

Se fueron los bachilleres sin cupo en las universidades. Cuantos miles truncaron sus vidas al serles imposibilitado el ingreso a las universidades públicas por falta de cupo, un mecanismo creado por la oligarquía burguesa imperante para solo permitir a sus hijos el ingreso a las universidades. Los pobres hijos del pueblo tenían que continuar siendo sus peones esclavizados, víctimas de una bestial forma de exclusión social educativa.

Se fue la Ley de Vagos y Maleantes, un oprobioso esperpento legal para joder a Juan Pueblito. No se sorprendan si les digo que esa aberración legal no la administraban los jueces. No, no la administraban ellos. La administraban los llamados "prefectos" - prefiero escribirlo con minúsculas en señal de asco y repudio - funcionarios civiles de décima categoría, generalmente esbirros policiales puestos para reprimir al pueblo. Correspondía a ellos apreciar y determinar si cualquier desgraciado que cayera en sus manos era, según su único concepto, apreciación y entendimiento que era vago o maleante. Desgraciado quien tuviera la desgracia de ser mirado feo por uno de esos perversos seres antihumanos porque sus huesos irían a dar a las llamadas Colonias Móviles de El Dorado por tiempo indefinido, una ergástula oprobiosa donde se violaban todos los derechos humanos ubicada en lo profundo de la selva guayanesa, lejos de todo contacto con la mal llamada civilización. Cuantos desgraciados seres, todos pobres, pasaron allí años sin término por el solo hecho de no haberle caído en gracia a uno de tantos chácharos con dudoso rango de prefecto o jefe civil.

Muchas cosas más se han ido gracias a la Revolución Bolivariana que las eliminó para siempre porque los de la burguesía parasitaria, explotadora, chupasangre, traidora, pitiyanqui, cipaya y otros calificativos, simple y llanamente, ¡No volverán!

Cerraré esta triste reláfica con algo, tal vez, gracioso para algunas(os). Se fue un refrán piropo que decía: "Tienes los ojos más negros que el porvenir de un maestro de escuela". Dejo a su memoria e imaginación las razones para su desaparición.

Por encima de los recuerdos tristes que suelen aflorar durante estos días de fiesta propicia para la paz y la unión, les impongo la ineludible obligación de ser muy felices, no solo durante la Navidad y el Año Nuevo sino durante todo el 2015 y todos los años venideros. Jamás olvidemos que SER FELICES ES DEBER REVOLUCIONARIO.


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¡FELIZ CHAVIDAD!

viernes, 26 de diciembre de 2014

Meditando



La imagen que hoy presento a mis queridas(os) lectoras(es) es la que, indefectiblemente, veo desde mi hamaca cuando tropicalmente me someto al descanso. Pero, para mi, el descanso es tiempo de resumen, recapitulación de eventos y, a la vez, momento ideal para reflexionar y meditar.

Describiré la imagen. La dirección de mi mirada se va rumbo al Noreste y diviso el claro cielo de límpido azul que cubre esta paradisíaca parte de mi Venezuela. Lo que pareciera niebla no lo es, es el reflejo de "ese sol que suda blancos, ese sol que tuesta negros", a decir del gran poeta Andrés Eloy Blanco. En primer plano, un trozo de mi hamaca y el contorno del techo; más allá un imponente árbol de riquísimos mangos y también se ven pequeñas ramas de un ciruelo, pero del que produce las aciditas ciruelas de huesito. Si, ya sé, se están fijando en la parrillera donde ocasionalmente asamos carne o pescado, especialmente un delicioso lebranche envuelto en hojas de plátanos para comer con yuca. Al fondo un árbol seco de "palo sano" al cual le encuentro un gran belleza tal como está y siempre lo imagino cuando vivía con todo su esplendor.

Al PALO SANO seco le encuentro la belleza de las zonas áridas y la belleza de la muerte con dignidad; erguido, de pié, firme, soportando estoicamente el final y permaneciendo así, quien sabe por cuanto tiempo antes que la mismísima madre tierra se lo trague, o lo que es lo mismo, que vuelva al mismo lugar que lo parió y le dió vida noble para deleitar a tantos con su acogedora sombra. Está muerto, pero no, para mí está más vivo que nunca y a veces siento como si me hablara, como si me comunicara alguno de los tantos secretos que encierran sus secas pero muy nobles ramas yertas.

Medito, trato de hacerlo siempre porque me produce un gran descanso mental y, también, un refrescamiento de las ideas, esas ideas que van y vienen moviéndose al compaś con que seguramente se movieron las ramas del palo sano impulsadas por una de tantas refrescantes brisas tropicales que vienen del gran Caribe, ese mágico y trágico mare nostrum.

Como es de esperarse, todo el año llegan muchos pájaros que decoran los árboles y el cielo, especialmente durante los meses de cosecha de frutas, mangos, ciruelas de huesito, guayabas, guanábanas y pienso cual será la razón por la cual los pájaros no comen tamarindo. Y cómo disfruto viéndolos en los secos ramajes del palo sano porque se destacan mucho, al contario de los otros árboles donde se esconden entre las siempre verdes hojas. A mis amigos de latitudes nórdicas o súricas (palabra ahora inventada por mí y, por favor, no corrijan) les digo, o mejor, les recuerdo que la mayoría de los árboles del trópico están siempre verdes a menos que la sequía sea muy intensa durante algunos pocos meses.

Pero me extravié en el pequeño rico paisaje que gozo desde mi hamaca y me fuí literalmente por las ramas. Pero, ¿de qué otra cosa se puede hablar en esta temporada de Navidad y Año Nuevo? Hagamos un alto, descansemos un porquito de esos temas lacerantes relativos a la política y todo cuanto de ella se deriva. Creo, sin embargo, que bien vale la pena recordar un símbolo muy íntimo relativo a Jesús Niño olvidado por la imperante sociedad de consumo que lo mercantiliza todo. Ese Niño, para muchos en el mundo "El Niño Dios", nació como uno de los seres más pobres y excluídos de la humanidad. No nació en cuna de oro; al contrario, nació en un pesebre en una cueva y, por supuesto, rodeado de animales. Dicen los textos que a su madre María la rechazaron en todos los lugares adonde acudió en busca de refugio y pienso a veces en la angustia que debió haber vivido considerando que el parto ineluctablemente se acercaba. Que gran belleza espiritual encierra el recuerdo tradicional de montar un pesebre para decorar las navidades en muchos hogares, que gran belleza enciera el hecho de armarlo en unión familiar en la cual los niños suelen ser los más destacados protagonistas. Que gran belleza encierra la infantil espera por los regalos que les traerá el pequeño divino contemporáneo. Valga otra acotación especial para mis amigas(os) de otros países, le de significarles que, en Venezuela quien trae regalos a los niños en Navidad es el Niño Jesús y lo hace justamente a la hora de su nacimiento, a la medianoche del 24 para el 25 de Diciembre. Que belleza encierra el acto de obediencia infantil que, sin chistar, obedecen la orden o insinuación de ir a dormir y, seguramente arrullados por una música celestial, duermen felices como nunca en esa noche tan especial. Por la mañana, bien tempranito, los padres, sin posibilidades de protestar, tendrán que interrumpir su descanso ante la alegre algarabía de los chipilines que celebran sus regalos. A veces medito y reflexiono sobre lo lindo que hubiera sido para todos no haber nunca dejado de ser niños. Y a esta reflexión debo añadir una petición, un ruego muy encarecido a muchos padres: por la futura salud mental y espiritual de sus niños, de sus hijos, por Dios, que el Niño Jesús ni nadie les traiga jamás juguetes bélicos.

¿Qué otra cosa puedo decirles ahora? Pues lo habitual de siempre por esta época, que sean inmensamente felices, pero felices de verdad. Que esa sensación de paz que todos intentamos lograr en estos días mágicos sea perdurable todo el año y todos los años. La única riqueza que les deseo es la de disfrutar siempre de paz mental y espiritual porque ella nos hará más fuertes para liberarnos de todo mal.


FELIZ NAVIDAD Y UN ESPECTACULARMENTE DICHOSO AÑO NUEVO 2015


¡PATRIA SOCIALISTA Y VICTORIA! ¡VIVIREMOS Y VENCEREMOS!
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¡FELIZ CHAVIDAD!


jueves, 27 de noviembre de 2014

Anticipo de la Navidad 2014


La cercanía de la llegada de la Navidad suele transformar, al menos momentaneamente, los espíritus de muchos seres humanos y, de alguna manera, adoptan otros comportamientos en sus propias vidas; así que, hablemos de algunos aspectos alegres que anticipamos de esta próxima temporada, sobretodo después del largo aburrimiento y tristeza a los cuales los sometí a lo largo de los doce capítulos anteriores en los cuales, se puede decir que les hablé solo de maldad y bajeza.

Los venezolanos somos muy dados al jolgorio. No en balde somos una mezcla de europeos, a su vez mezclados con árabes, indios y negros pero; por extrañas razones socio-antropológicas hemos extraído y cultivamos lo más rico de sus alegrías. Creo que ese el origen de nuestra innata y permanente alegría, así como nuestra permanente disposición a “prender la fiesta” en cualquier momento y con cualquier pretexto. Pero, Navidad es algo especial, fuera de lo común. Los preparativos comienzan muy temprano; algunos tan temprano como el mes de Septiembre y ya, para estos días de Noviembre, se puede decir que todo, o casi todo, está listo para el “bonche”. Mis lectoras(es) de otras latitudes saben ya otro venezolanismo, “bonche” que es fiesta, jolgorio, alegría y algo más.

No obstante la rumba que no es entorpecida por nada, aún en los peores momentos que hayamos vivido, no deja de aparecer un pequeño dejo de tristeza producido por tantos y tantos recuerdos de otras épocas.

Lo primero que me viene a la mente en este día de hoy es esa infinita mezcla de tristeza, dolor, muerte, maldad, desprecio a la vida con una palabra muy corta pero muy llena de tanto contenido: PAZ. Eso lo deduzco sin mayor esfuerzo de lo que deben estar sintiendo muy dentro de sus almas los 119 estudiantes
palestinos a quienes la Revolución Bolivariana ha cobijado recientemente, para que permanezcan unos seis años en el país y retornen al suyo, Inchalá, convertidos en Médicos Integrales Comunitarios. Pensemos solo por un instante como debe bullir el cerebro de uno de ellos, acostumbrado al resonar de los cañones, al tableteo de ametralladoras, los gases venenosos y las explosiones de bombas humanitarias, y maldito sea el inventor de tan bárbaro eufemismo. Pensemos en ese cerebro de hombres y mujeres curtidos, no obstante sus cortas edades cronológicas, por la guerra de exterminio a que los ha sometido el bárbaro e inhumano sionismo, que no conocen otra cosa y que, para colmo, fueron sometidos a inhumanas humillaciones en su camino a Jordania para tomar el avión que los condujo a la que también es su patria, que así, como por arte de magia, de repente, oyen música para ellos desconocida, ven gente reír y niños jugar libremente sin miedo ni sobresalto, sienten gente extraña para ellos que los abraza solidariamente, que pueden moverse a su antojo sin cortapisas; en fin, otra forma de vida totalmente desconocida que pueden gozar a plenitud y, por encima de todo, ser tratados por todos como lo que son, seres humanos dignos.

Sabemos que son fieles musulmanes pero anticipo que disfrutarán una Navidad Cristiana, a la venezolana, y la harán suya. Es quizás la primera fiesta libre que disfruten en sus cortas vidas como ya deben estar disfrutando el maravilloso hecho que nos caracteriza, como es el de ser una sociedad donde no nos importa la religión que practiques pero te la respetamos; y lo que realmente nos importa es que seas solamente una buena persona a quien le guste compartir su amistad y sus buenos sentimientos con todos sin hacer ningún tipo de discriminación por razones que consideramos fútiles. No en balde el respetado periodista Sr. Walter Martínez suele recordar todos los viernes en su programa Dossier, transmitido al mundo por VTV y Telesur:

Gracias a Dios es viernes. Shabath Shalom, A Salam Aleicum, Pax Vobis”, para luego agregar: “En esta tierra de gracia llamada República Bolivariana de Venezuela convivimos en santa paz los seguidores de las tres grandes religiones monoteístas, y todas la demás. Es un privilegio que debemos respetar y conservar.”

Nota al Sr. Martínez: Disculpe si me equivoqué al citarlo de memoria. Lo saludo con admiración y respeto.

Hermanos Palestinos, disfruten pues de nuestras hallacas que tienen parte de su cultura en muchos de sus ingredientes y que no surja nada que choque con su milenaria y riquísima cultura o con sus modos religiosos; y si llegara a ocurrir, hagan lo posible por aceptarlo como una inocentada por lo que nosotros mismos no sabemos. Si alguien, por ejemplo, les ofrece “pan de jamón” es porque no sabe que ustedes no comen cochino; pero, si trasgreden sus normas y lo comen, Alá no lo tomará en cuenta y no lo considerará pecado porque todo habrá sido producto del más puro amor.


¡INDEPENDENCIA Y PATRIA SOCIALISTA! ¡VIVIREMOS Y VENCEREMOS!

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