miércoles, 28 de agosto de 2013

Ser algo mejores

Hay un viejo cuento, fábula o como quiera que lo llamemos que brevemente narra la menuda historia de un hombre que intentó cambiar su país, y no pudo. Redujo sus metas y aspiraciones y se dijo a sí mismo que intentaría cambiar su estado, y no pudo. Continuó sucesivamente reduciéndolas e intentó cambiar entonces su municipio, su ciudad, su barrio y su cuadra, y tampoco pudo. Después de todos esos intentos y perdido inútilmente tanto tiempo, las redujo aún más, se dijo a sí mismo que intentaría cambiar su familia y, como imaginarán sin dificultad, tampoco pudo.

Ultimamente está intentando cambiarse a sí mismo.

La moraleja, según algunos, es fácil de deducir: para cambiar cualquier cosa es preciso cambiarnos a nosotros mismos; eso sí, siendo como dice la canción que canta Silvio Rodríguez “un tilín mejores”. No aspiremos a ser mucho mejores porque simplemente no lo lograremos, seamos tan solo un poquito mejores; persistamos, seamos un poquitín más con cada intento, y así lograremos, tal vez, llegar a ser algo mejores. Pero eso sí, hagamos pequeños esfuerzos y persistamos en alcanzar lo inalcanzable, lo que nunca lograremos, pero algo habremos conseguido.

Sé positivamente que estoy hablando de algo muy trillado. Cuantas veces hemos oído o leído cosas parecidas o semejantes a lo dicho. No obstante, a pesar de haberlo oído o leído tanto, seamos sinceros con nosotros mismos y hagámonos la pregunta: ¿Cuántas veces de veras lo he intentado? Y, en todo caso, ¿Qué he logrado hasta ahora?

Lo anterior se limita a una o a muchas personas. Pero, por extensión, lo podemos extrapolar a grupos humanos más grandes: una pequeña o gran comunidad, un barrio, un municipio, un estado, una región y hasta un país.

No tengo la menor duda que la Revolución Bolivariana ha logrado hacer que muchos venezolanos seamos un poco mejores de lo que antes éramos; pero, aún falta mucho. Y, precisamente, donde más falta es en aquellos conglomerados donde la revolución ha hecho poco o nada, pero no por falla de ella sino de la gente misma.

Resulta curioso darse cuenta que donde la Revolución ha tenido sus mayores y mejores éxitos ha sido en aquellas comunidades donde la gente era o se convirtió en algo mejor. Pero, más curioso resulta comprobar que, entre esos grupos humanos, los éxitos han sido más asombrosos en muchas comunidades indígenas. Sí señores(as) incrédulos(as), muchas comunidades de “salvajes sin educación” nos pueden dar y de hecho nos dan lecciones de organización, lucha comunitaria, acciones colectivas y sobretodo, gran solidaridad. La cooperación de unos con otros para lograr un fin colectivo ha sido y es notable. Digno de estudio y admiración.

Cualquiera puede argumentar que para “ellos” no es difícil porque esa es y ha sido su forma de vida. Efectivamente es cierto. Quien lo diga tiene razón y razón, mucha razón, tenía José Carlos Mariátegui – El Amauta – cuando afirmó que “no hay nada menos foráneo que el socialismo en América”. En Nuestra América – Ab ya yala - originaria agregamos nosotros. Las comunidades originarias han vivido durante siglos en sistemas socialistas en los cuales impera la solidaridad, o lo que es lo mismo, la desinteresada ayuda mutua con la que se consiguen logros que, para los imbuidos en la mal llamada civilización occidental, resultan asombrosos.

Se puede afirmar con lenguaje matemático que existe una relación inversa entre egoísmo individual y solidaridad colectiva. A menor egoísmo más solidaridad. Y también una relación directa: a más solidaridad más resultados concretos en lo colectivo y, por antonomasia, en lo individual. Se puede entonces afirmar que donde reina la felicidad colectiva reina la felicidad individual y no al revés.

Los nefastos antivalores impuestos por el capitalismo, especialmente el neoliberal salvaje, tales como el egoísmo y el individualismo, han creado seres insensibles pero a la vez muy infelices. Se han vuelto tan requetestúpidos que son infelices por lo que no tienen en vez de serlo por lo que sí tienen. Así, nunca podrán llegar a obtener la felicidad que ansían porque, por mucho que tengan, siempre habrá algo que no tendrán. En cambio, que feliz es quien lo es por y con lo que tiene. Y cuando digo lo que tiene no me estoy limitando solo a corotos materiales. Hay tantos intangibles que nos proporcionan tanta felicidad y, eso, los descerebrados lamentablemente no lo entenderán jamás a menos que lleguen a ser como canta Silvio, un tilín mejores.

Volvamos a comparar lo obtenido por una u otra comunidad. Aquellas que han echado a un lado el egoísmo y el individualismo, han actuado en colectivo y se han organizado mejor han logrado más y mejores cosas. Eso no requiere análisis ni discusión. Es absolutamente obvio que un grupo como el descrito tramita sus aspiraciones (convertidas en proyectos concretos) con más facilidad ante los entes gubernamentales. Y no me digan que no saben hacer proyectos. Buscan ayuda, se asesoran, aprenden. De paso, la Revolución enseña, la gente aprende y genera resultados maravillosos. ¿Quieren un ejemplo? Me remito a la gran Misión Vivienda. Ver http://juanpedrotorres.blogspot.com/2011/06/el-mas-importante.html#comment-form

Los que no cooperan no hacen nada y por mucho que chillen tampoco lograrán nada. Jamás.

Refocílense en su desidia, en su egoísmo y su flojera. Critiquen. La Revolución no sirve ni servirá…para ustedes. De hecho, ni la Revolución ni nada servirá.


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jueves, 22 de agosto de 2013

Ladrón es ladrón

La ultraderecha fascista, lacaya y apátrida se rasga las vestiduras cuando alguien, en el colmo de su desesperanza o en un arranque de sinceridad de lenguaje sin eufemismos, los llama ladrones. ¿Cómo se llama entonces a quien roba, roba continuamente y ha robado desde siempre? ¿Será que sus “impolutos” tímpanos se recienten con la palabreja y preferirían que los llamaran cacos, cleptómanos o simplemente amigos de lo ajeno?

Ladrón es ladrón y hay que llamarlo ladrón. Sin ambages.

Da risa porque ultimamente han pretendido relativizar el término. No, el término LADRÓN no es sujeto de relativización. Tan ladrón es quien se roba un centavo como quien se roba varios millones. Es como las mujeres, están o no preñadas; ninguna puede estar medio preñada o algo preñada.

Tal vez, bajo ciertas condiciones, podría aceptar que alguien robe en caso de extrema necesidad bajo ciertas dolorosas y lamentables circunstancias; pero, jamás podré aceptar que un desgraciado desalmado sin conciencia lleno de dinero, lujos y comodidades robe.

¿Qué fenómeno obliga a alguien que disfruta de todos los bienes materiales imaginables e inimaginables robe? La avaricia y la codicia son pecados capitales. Son contra natura. Todas las religiones los condenan al igual que todas las reglas de ética y moral de todos los tiempos.

Ya dije que el término ladrón no es sujeto de relativización; pero, hay momentos cuando el robo adquiere ribetes de criminalidad. Eso ocurre cuando algún descerebrado androide roba, por ejemplo, la limosna a un ciego o el juguete a un niño. Y mayor aún es el grado de criminalidad cuando los grupos de ladrones – generalmente ricachones sin necesidades – roban lo que corresponde a pueblos menesterosos plagados de necesidades, muchas de ellas ancestrales causados por el robo que cometieron los antepasados de esos engendros.

Mención aparte se le debe dar al caso cuando el robo va precedido del asesinato, del crimen, de la matanza rápida o lenta de otro u otros seres humanos.

Y peor aún, el colmo del latrocinio es cuando el ladrón no tiene los cojones suficientes para hacerlo el mismo y manda a otros a robar en su nombre y para su provecho. A eso debemos agregarle la cobardía, algo por cierto no propio de hombres machos de verdad, dignos, corajudos y valerosos.

Y llegamos al summun de los casos: cuando el ladrón, como siempre ocurre, no asume su culpa, la niega, la disfraza, la justifica. Robar para dar a otro no elimina la falta, la culpa ni el pecado. Y generalmente, nunca se roba para realmente dar a otro sino que se usa ese pretexto como excusa falsa para intentar justificar lo injustificable.

Para ilustrar parte de lo dicho, les cuento algo real. Fui testigo.

En cierta ocasión presencié como un vendedor de “una prestigiosa gran empresa” le cobraba a un bodeguero de barrio una prima extra no reflejada en la “correcta” factura. Al preguntarle la razón de su conducta me respondió que “la empresa” lo obligaba. El bodeguero dijo que pagaba lo que yo califico de extorsión porque de lo contrario no le vendían los productos. Le razoné que él, - el vendedor - siendo un pobre explotado, hacía muy mal en robar a los de su clase para darle y beneficiar a los millonarios, que en todo caso robara, si él era realmente ladrón, para beneficiarse a sí mismo.

Quiso el destino que al cabo de un tiempo lo encontrara accidentalmente. Me reconoció y me agradeció cuanto le había dicho. Me llenó de satisfacción cuando afirmó que “había pensado en todo cuanto le había dicho y había renunciado a trabajar para sus antiguos empleadores”. Lo felicité por ser un hombre digno.

Es el caso típico del súper ladrón que convierte a personas decentes en ladrones que roban migajas y, seguro estoy, que muchos se habitúan a robar para favorecer millonarios que realmente no necesitan nada. El refrán dice que grano a grano la gallina llena el buche. Tremendo empresario que no emprende sino que crea un ejército de ladrones para que le llenen sus arcas y, dicho sea de paso, la gran mayoría de los llamados empresarios no lo son, jamás han emprendido otra cosa que establecer redes para el latrocinio y, de paso, medrar contra el tesoro público sempiternamente.

Clamo ante las personas dignas y decentes de mi país, no contribuyamos con los ladrones. No compremos nada de lo que producen en sus empresas. También clamo para que los desenmascaremos, clamo para que los saquemos a la luz, clamo para que los denunciemos.

Clamo para que les hagamos una guerra frontal.

De los politiqueros ladrones no diré nada. En ese podrido e inmundo charco de mierda no me meto. Mi estómago y mi epiplón no lo soportan.


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domingo, 18 de agosto de 2013

5 de Marzo de 2013 – 4:25 p.m.

A la fecha y hora señalada en el título se cubrió toda Venezuela con un manto de luto, llanto y dolor que, a esta fecha, no ha desaparecido aunque sus efectos sobre la población se han mitigado aparentemente. En ese instante se acabó la existencia terrenal de HUGO CHÁVEZ FRÍAS y, en ese instante, saltó a la inmortalidad.

Un ser excepcional de esos que nacen quien sabe cada cuanto tiempo pasó a otro plano de la existencia y, sin importar credos, religiones o creencias, hay casi unanimidad en el sentido de aceptar, entender y comprender que Chávez, así, simplemente, a secas, no ha muerto y que, por el contrario, CHÁVEZ VIVE Y LA LUCHA SIGUE. Inclusive, muchos de sus detractores en vida han mirado en su propio interior y han hecho manifestaciones fehacientes de sus nuevas y diferente opiniones respecto al hombre y a su obra; obra que trascendió los confines de Venezuela y se esparció por el Continente Americano y fue más allá alrededor del mundo.

Lo anterior nadie lo discute, ni siquiera sus más acérrimos detractores tanto en vida como después. Pero no es a eso a lo que me referiré. Además de la pérdida de Chávez, el país ha tenido que soportar estoicamente la peor guerra económica por la que ha pasado el país incluyendo el terrible paro-sabotaje petrolero de 2002/2003. Ese malhadado tiempo fue relativamente breve, tan solo 63 días aunque algunas de sus consecuencias siguen vigentes, pero esta nueva guerra ha sido mucho más larga. Comenzó antes de las pasadas elecciones presidenciales del 7 de octubre de 2012, continúa con enorme fuerza hasta el día de hoy y quien sabe cuanto tiempo más durará.

Los promotores y atacantes de esa guerra creyeron que con ella derrotarían a Chávez en octubre pero no fue así; luego, aprovecharon el difícil tiempo de su penosa enfermedad y arremetieron con más fuerza soñando que la muerte del líder lo era también la de la Revolución Bolivariana. Carentes de la más elemental pizca de solidaridad y caridad cristianas formaron un aquelarre bochornoso cuando Chávez finalmente partió hacia el nuevo plano de su existencia. A partir de ese momento elevaron a la enésima potencia sus ataques en todos los frentes y daban por descontado que en las elecciones del pasado 14 de abril de 2013 saldrían airosos, pusieron su más rabioso y descomunal empeño para lograrlo y atacaron despiadadamente en todos y desde todos los frentes. Volvieron a fallar pero eso pareció envalentonarlos, y no contentos con provocar muerte (asesinatos reales a sangre fría) y destrucción se regaron por el mundo, buscaron los más inmundos aliados, se negaron a reconocer los resultados y aún persisten, buscaron las mil formas posibles para sabotear el novel  gobierno de Nicolás Maduro y lo han continuado haciendo con salvaje saña y amoral empeño. La guerra continúa y el sufrido pueblo, especialmente los más sufrientes, han soportado estoicamente todas las arremetidas haciendo suyo el lema “Chávez vive – la lucha sigue”.

La derecha fascista, apátrida, lacaya servil del imperialismo y los peores intereses que afectan la nación venezolana refina cada día sus métodos, usa descarada e inmoralmente la mayoría de los medios de comunicación de todo tipo, se apoya en los mal llamados empresarios – jamás emprendieron ni emprenderán nada, solo han medrado y quieren seguir – que siempre usufructuaron los caudales del erario público en su propio y exclusivo beneficio y ahora sangran por la herida porque lo que antes se robaban a manos llenas a la vista de todos, ahora va en gran parte a sanar las heridas de la injusticia social acumulada a los largo de siglos.

No dudan en aporrear al pueblo por donde más duele, por la barriga. Y para eso cuentan inclusive con gente que sale perjudicada como los pequeños comerciantes que tampoco dudan en esquilmar los consumidores, especialmente los que menos tienen.

Producción hay que bien administrada y dirigida alcanza razonablemente para satisfacer las necesidades de todos. El truco sucio que han inventado con la complicidad de los mismos perjudicados ha sido el desviar especialmente los alimentos básicos por la puerta trasera hacia minoristas y buhoneros que, seguramente, les han hecho creer que harán el negocio de su vida especulando a los de su propia clase sin percatarse que ellos mismos también son perjudicados y que lo que hacen es cuchillo para su propio gañote.

Voy a proponer algo que implica un sacrificio heroico. No prestarse a hacer colas interminables cuando anuncian la venta de cualquier artículo, no acudir todos los miembros de la familia a comprar cada uno la arbitraria cuota individual que fijan los comerciantes, NO PAGAR LOS PRECIOS impuestos arbitrariamente que realmente consisten en un ROBO A TODOS LOS PENDEJOS que salen a pretender atiborrarse de productos dejando a muchos sin la posibilidad de adquirir aunque sea una ínfima cantidad; en resumen, no caer en el jueguito que los vivianes nos quieren imponer. NO COMPREMOS NADA EXCEPTO A PRECIO RAZONABLE. Que se les pudran los productos, que se los coman los ratones. Cuando eso ocurra y solo entonces se verán forzados a rectificar ante la muralla de honradez que el pueblo les presente. Así como ellos nos manipulan para esquilmarnos, hagamos lo propio PARA QUE NO NOS JODAN MÁS.

Que no comemos arepas, que no comemos pollo, que no endulzamos el café, etc., etc., no importa porque el sacrificio será, se los garantizo, por tan solo unos pocos días. Mientras no bajen los precios y eliminen las cuotas de racionamiento no compremos nada y auguro que en pocos días ganaremos la batalla. Si no están convencidos todavía simplemente piensen que harán los vendedores de pescado cuando se les empiecen a podrir, lo que harán los vendedores de tomates cuando les empiece a chorrear una agüita rojiza y los mosquitos a ronronear. Pónganse ustedes mismos el ejemplo que se les ocurra y entretanto hagamos como en los días del paro sabotaje petrolero de 2002/2003 cuando no había nada de nada e hicimos acopio de nuestra inventiva y creatividad para derrotarlos y los derrotamos bien derrotados.

Adelante mis bravos guerreros, la victoria contra los abusadores nos espera y será fulgurante.

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sábado, 13 de julio de 2013

Atila

Sobre este caballero se han tejido las peores leyendas que registre la literatura europea y lo hemos creído en el llamado “mundo occidental”, el de la mal llamada “civilización occidental” judeo-cristiana, a la supongo que pertenezco; pero no pertenezco porque así lo escogí libremente sino que por ignotas razones nací donde nací. Pero lo cierto del caso es que realmente fue un primigenio luchador anti-imperialista. Como tal inventaron las peores fábulas para desacreditarlo y acabarlo moralmente. ¡¿Lo lograron?! – No lo sé, tampoco lo creo…ahora.

Poco a poco, lentamente, a lo largo de los años, he tenido la maravillosa experiencia de ir desnudando mentiras históricas que nos han enseñado casi como dogmas, pero que no han sido otra cosa que “matrices de opinión”, como les dicen modernamente, eso que los españoles llaman “camelos”, que en Venezuela llamábamos “cobas” (no sé con cual, b ó v)

Personas muy inteligentes, pero con cero moral, sin duda, han empleado su tiempo en diseñar y fabricar engaños que luego han montado maravillosamente, a posteriori nos los han mostrado como verdades absolutas y fácilmente han entrado a la historia como hechos reales e incontrovertibles.

Por ejemplo, nos han presentado a Dante Alighieri y su escrito La Divina Comedia como una joya monumental de la cultura europea del renacimiento. - ¿Saben qué? – Hace tiempo se demostró fehacientemente – eso sí, lo han ocultado muy bien – que ese libro es UN PLAGIO de un escrito árabe llamado El Viaje de Mahoma. Atacar a la grande y extraordinaria civilización árabe, llamarlos infieles, bárbaros y todo un sinfín de calificativos negativos les ha servido para tapar su engaño, su camelo, su coba, su matriz de opinión. El ataque a la civilización árabe es viejísimo, hoy persiste y cada día lo refinan más. Desde antes de las cruzadas hasta hoy no se han detenido y les han resistido, les resisten, les resistirán y, al final, prevalecerán. Alá ju acbar.

Igual ha pasado con Atila. Donde pisa su caballo no crece la hierba es una expresión que resume odio y todo lo malo que se pueda inventar alrededor de una persona. ¿Qué no han dicho sobre Atila?

Categoricamente afirmo sin ambages ni la menor pizca de vergüenza que prefiero mil veces y más como persona, como político, como jefe, como guerrero, como gente, a Atila que a Bush, Obama, Cameron, Merkel, Hollande, Tzarkozy y otros, esos sí, que son bárbaros sin alma. No perdamos tiempo en mencionar a Rajoy, Berlusconi y otros similares. Son marionetas de los primeros.

Atila fue un gran guerrero pero también fue un hombre decente, un hombre solidario con gran corazón que se compadecía de los débiles. ¿No lo creen? Pues, les contaré una pequeña historia real.

Era el año 452 cuando Atila llegó a las puertas de Roma. Ya se había tejido parte de la leyenda, la gente le temía, creyeron anticipadamente que saquearía Roma, la destruiría y degollaría sus habitantes. El Papa León I lo esperó a orillas del Río Tevere (Tíber) y le pidió que hiciera con la ciudad lo que quisiese, pero que tuviera piedad con los fieles refugiados en las iglesias, mayoritariamente enfermos, ancianos y desvalidos.

ATILA RESPETÓ A LOS REFUGIADOS; pero no solo eso, respetarlos. No. Los cuidó, protegió y auxilió.

En aquella época era algo absolutamente “normal” que las victoriosas tropas invasoras saquearan las ciudades conquistadas. Atila no saqueó Roma, protegió sus numerosas obras de arte. Dirán que invadió Roma. Es cierto, pero lo hizo porque el ya decadente Imperio Romano había hecho un pacto que NO CUMPLIÓ. Inclusive le habían concedido con anterioridad el título de Magister Millitum. ¿Parte teatral del premeditado engaño?

Fijémonos en un pequeño detalle que nos puede conducir a una reflexión. Etimologicamente, Atila es palabra derivada de una antigua lengua germánica, atta-illus – que significa PADRECITO. En esa época era común que los líderes asumieran nombres generalmente dados por sus seguidores; seguramente Atila no era el nombre que le pusieron sus padres al nacer sino el apelativo que luego mereció. Inocentemente pregunto: ¿Qué clase de hombre es aquel cuyo pueblo llama PADRECITO? 

De eso y mucho más no sabemos nada, no nos lo enseñan, lo ocultan. Imaginen una razón. La que se me ocurre es que Atila los superaba – y los sigue superando - en caridad, en generosidad, en ser más gente o más humano que ellos y eso es algo imposible de tolerar, de aceptar, de reconocer. Entiendo, difícil de digerir. Hablemos mal de Atila para cubrir nuestras “deficiencias”.

Si nos venimos a nuestro tiempo observaremos que en este cochino mundo nada ha cambiado y al igual que en esas épocas, hay gente que pretende cambiarlo y lucha para lograrlo; pero hay gente exactamente igual o peor de mala con el agravante que los instrumentos para la destrucción de la especie humana, y del planeta, son más letales.

Atila respetó, admiró y cuidó las obras de arte romanas. Los verdaderos bárbaros de nuestro tiempo saquean, p.e., el antiquísimo Museo de Bagdad y roban lo que no destruyen. Se enorgullecen de los tesoros acumulados en los museos de toda Europa y Norteamérica, se enorgullecen entonces de sus latrocinios porque todo lo que hay en esos sitios es ROBADO.

Y, para finalizar, no compararé – ustedes lo harán - el concepto que Atila tuvo sobre el ASILO y como lo practicó.

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viernes, 12 de julio de 2013

Cero polémica

Mi último escrito originó más reacciones diversas de las que pude en principio suponer y, aunque solo hay dos (2) comentarios públicos más una respuesta mía, mi correo se llenó. Unos me dan la razón y lo agradezco; otros, casi neutrales, critican al gobierno pero; el colmo de los colmos es el de quienes me insultan o al menos me maltratan. Uno en particular me llama “chavizta degenerado alcahueta de inútiles corruptos”; otro, me llama “traidor enemigo de la revolución” y así una variopinta lista de expresiones que, en honor a la realidad, no me insultan porque no insulta quien quiere sino quien puede y, de hecho, nadie pudo. Cuando puse mis correos a la vista del público sabía a lo que me exponía y no me arrepiento porque, también, he recibido frases muy bellas, laudables, cariñosas y una larga e inmensamente preciosa etcétera.

Diré algo que nunca he dicho públicamente. Jamás milité en partido político alguno, ni de derecha ni de izquierda ni de nada; en 1998 no voté por Hugo Chávez (QEPD) y para esa fecha me había convertido en un iconoclasta respecto a la política. Posteriormente, muchas cosas me hicieron cambiar de percepción, poco a poco y de manera conscientemente razonada fui coincidiendo con el entonces Sr. Presidente de la República Bolivariana de Venezuela y, un día, me inscribí en el PSUV porque me dio la gana…y punto.

Es pues cierto que milito en el PSUV pero nunca he ido a ninguna reunión, acto, manifestación o cosa que se le parezca; tampoco he tenido contacto con ningún dirigente de ningún rango, cargo, posición o lo que sea. Nunca llegué a ver al Comandante Eterno personalmente.

¿Qué estoy de acuerdo con el Gobierno? - Sí. ¿Qué lo apoyo? - También. ¿Qué lo defiendo? – Lo intento.

De igual manera me siento con el derecho de criticar las consecuencias malas de los errores. Observen bien la frase: “consecuencias malas de los errores”. No dije “errores” a secas porque todos cometemos errores y los únicos que no los cometen son quienes no hacen absolutamente nada. No critico a las personas, las respeto pero, eso sí, critico las consecuencias malas de los errores con la idea de que haya enmienda y no se repitan. Cosa mala es permanecer o, peor aún, propagar los errores y Marx tuvo razón cuando afirmó que la inteligencia no consiste en no cometer errores sino en saber aprender de ellos.

En otro correo alguien me echa en cara que no hable, que no critique, que no me queje y pregunta lo que yo hago en bien del partido, del gobierno, de la revolución. Empezaré por lo más elemental: ESCRIBO ESTAS LINEAS y me inspiro en el viejo lema de Kotepa Delgado: “Escribe que algo queda”. Si hubiera una sola persona que haya sido tocada en el corazón sería para mí una gran victoria y una enorme satisfacción porque mi palabra no habría caído al vacío total. El resto de lo que he hecho, hago o haré no lo diré porque auto alabarme no es mi estilo y eso, además, solo lo saben los involucrados directamente. Lo raro de todo lo sucedido es que nadie que pudiera estar directa o indirectamente relacionado con la situación descrita haya reaccionado hasta ahora. Pedí públicamente que me ayudaran a que mi clamor se oyera y es altamente probable que aún no haya sido oído donde debiera.

Me siento obligado a dejar por sentado que señalar errores no es ser contra revolucionario ni cosa que se le parezca pero, también me parece un exabrupto pretender que los errores necios de pequeños funcionarios o voluntarios sean achacados, sin pensar, a los altos dirigentes. ¿Cree realmente alguno de ustedes que nada más ni nada menos el Señor Presidente de la República o alguno de su tren ejecutivo llegó a tener algo que ver, directa o indirectamente, con la situación descrita en mi artículo anterior?

No hay que tomar el rábano por las hojas – de paso, nunca le he intentado – dice un viejo refrán; o como dicen otros, ni calvo ni con dos pelucas, pero intentar criticar TODA LA REVOLUCIÓN o TODO EL GOBIERNO porque una persona descuidada, quizás con la mejor intención del mundo, cometió un error que a su vez condujo a una consecuencia no del todo buena, es solo concebible en mente de tontos o de malintencionados que pretenden sacar provecho egoísta de todo lo que huela a descuido por parte de cualquier cosa relacionada con el Gobierno o la Revolución.  

Si antes critiqué a los organizadores del aludido operativo de Mercal, ahora los defenderé. Esa acción la organizaron personas comunes del pueblo, voluntariamente, voceros o no de Concejos comunales por tan solo el compromiso de cooperar con sus vecinos. Ningún funcionario burocrático participó y NADIE COBRÓ NADA tampoco. Un sábado cualquiera sacrificaron su descanso para, repito, cooperar con sus vecinos. No hablemos del nivel cultural o educacional de quienes participaron el operativo porque desconozco al respecto y no es mi intención especular en ese terreno. Digo esto con la intención de desterrar la posibilidad de cualquier ataque en contra del Gobierno y, en todo caso, habría la posibilidad de una falla por parte de la Revolución porque todavía no ha logrado “entrenar” a la totalidad de la población para ciertos menesteres.

A esos voluntarios los exalto y los animo a no desmayar en el solidario trabajo social en beneficio de sus vecinos, de su comunidad y de ellos mismos, pero sí les pediría más pasión revolucionaria para aprender disciplinadamente a enfrentar situaciones cotidianas e inclusive eventuales.

Si los perros ladran es señal que cabalgamos, Sancho amigo. Para los pocos que no lo sepan, que los hay y no es delito, la cita es de Don Quijote de la Mancha escrito por Don Miguel de Cervantes y Saavedra.

¿Me hice entender?

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lunes, 24 de junio de 2013

Acciones para beneficios sociales

Afirmo categóricamente que cuando se intenta efectuar una acción de tipo social con la intención de beneficiar una comunidad y no se hace bien, ésta resulta contraproducente. Mejor no hacerla. Y no pienso que se arme una discusión y tampoco que nadie venga a reclamar nada; es mi experiencia, lo he observado detenidas veces y ya no me queda la menor duda. ¿Quieren argumentos? Bien, se los daré parcialmente con un ejemplo.

Hace pocos días, en una pequeña y muy desasistida población organizaron MAL el suministro de productos alimenticios de Mercal y, si lo evaluaran, llegarían a resultados diametralmente opuestos a los buscados. Simplemente la gente no quedó satisfecha, la gente se molestó y terminó hablando pestes en contra de todos, inclusive contra muchos que no tienen ni tuvieron nada que ver con el asunto.

El primer error, no calcular la cantidad de productos a suministrar en proporción directa al probable número de compradores a satisfacer. Trajeron muy poquito para tanta gente; en consecuencia, no alcanzó para satisfacer la demanda, quienes no pudieron llegar al reparto se molestaron, se indisciplinaron, se hizo imposible mantener el orden y aquello terminó en un gran zafarrancho donde, inclusive, tuvo que actuar la policía.

Una gran cantidad de personas se fue HABLANDO MAL DEL GOBIERNO en general y esta arbitrariedad fue inmediatamente aprovechada por los escuas para soliviantar parte de la población y exagerar sus despropósitos. Pregunto: ¿valía la pena llegar a ese resultado?

Otro error en medio del caos no previsto fue no cuidar el orden ni la necesaria disciplina en todo acto concurrido. Esa disciplina y ese orden necesario debe ser cuidadosamente planificado y ejecutado para evitar que las cosas se salgan de su cauce correcto.

Otro ridículo error fue repartir números a los asistentes antes de empezar la venta, pero, ¿saben qué? – no trajeron suficiente papelitos numerados para tanta gente y, después de todo, igual los pusieron en cola, pero quienes si tenían papelitos pensaron que tendrían prioridad sobre quienes no lo tenían. Lo elemental, querido Watson, - perdón, José – hubiera sido traer papelitos numerados de sobra. Ese pequeño detalle contribuyó notablemente al desorden que se terminó de formar.

Repito, cuando se piense ejecutar una acción social, sea Mercal o lo que fuere, aunque parezca algo sencillo es necesario planificar su logística y su ejecución. ¿Qué la gente no sabe hacerlo? Es entonces el peor error, poner gente incompetente a hacer las cosas.

Ya llevamos CATORCE años de Revolución Bolivariana, ya es tiempo de tener gente entrenada en todos los frentes, especialmente en el frente social simplemente porque este frente es el abrebrechas en el camino revolucionario.

Sé de antemano que este escrito no levantará emociones entre mis lectores porque todo cuanto digo es casi de Perogrullo, es cosa sabida por todos y eso me molesta aún más; si es o debe ser sabida por todos, ¿Por qué carajo ocurre entonces?

Pido a mis escasos lectores que divulguen estas reflexiones a ver si, por carambola, llega a algún planificador, de la estatura que sea, y éste a su vez lo hace llegar a cualquier líder que, a su vez, pueda y quiera cuidar los avances que hasta ahora ha tenido la Revolución.

Ahora permítanme volver a una vieja prédica: el Gobierno Revolucionario debe atender cuanto antes las necesidades y problemas de los pequeños conglomerados y no concentrarse exclusivamente en las grandes urbes. Créanme, allí, en los pequeños, los problemas son también pequeños, de fácil solución y bajo costo. El problema aludido se presentó sencillamente porque en ese pequeño poblado no existe ni siquiera un “Mercalito”, eso sí, permanentemente surtido, donde los vecinos puedan acudir en cualquier momento y no tener que esperar “operativos especiales” que, como el descrito, resulta arrojando resultados negativos, contraproducentes.


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miércoles, 19 de junio de 2013

Un dolor muy grande

Dedicado con especial cariño a todas las madres, a todos los padres.

“Unas son de cal y otras son de arena” – Ay, ¡cuantas veces tenemos que tragar arena en la vida estoicamente! - es un adagio popular que sabiamente resume la gran realidad de la vida. Es muy cierto que a todos nos toca siempre unas verdes y otras maduras dentro de una amplia gama de valores; o para decirlo con otras palabras, unas veces nos va bien y otras no aunque siempre sea nuestro anhelado desiderátum que todo marche siempre sobre rieles.

El gran filósofo español Ortega y Gasset se refirió al hombre y sus circunstancias. Son precisamente esas circunstancias cambiantes, comunes a todos, las que rigen y dentro de las cuales transcurren nuestras vidas.
La vida oscila como péndulo entre dos extremos, uno bueno y uno “malo”, agradable desagradable, feo bonito, dulce amargo, grato ingrato, placentero doloroso.

Para un padre o una madre no existe nada peor que la pérdida de un hijo o una hija. Y dentro de esa escala de valores nada supera el dolor cuando la pérdida de ese vástago ocurre por circunstancias trágicas y “no naturales”. Si por razones de las llamadas naturales – enfermedad, terremoto, inundación, etc. – sobreviene el alivio proporcionado por la resignación ante lo inevitable; pero si es por causas trágicas – accidente, crimen, etc. – nos rebelamos y clamamos y reclamamos con rabia y furia ante una gran injusticia que no atinamos a que o quien achacar. Es ahí ante esa prueba ingrata que proporciona la vida cuando debemos erguirnos y sacar a flote nuestra capacidad para sufrir y soportar todas las inclemencias.

Perder un hijo o una hija trágicamente no tiene explicación, no tiene sentido, ni razón. Se produce en el alma una desolación inenarrable y un vacío infinito que nada ni nadie tiene capacidad para llenarlo porque no existe nada capaz de suplantar esa desgarradora ausencia.

Cada cultura de las existentes en el planeta Tierra asume la muerte de diferente manera. Unos inclusive llegan a celebrarla, pero en la mal llamada “civilización occidental judeo cristiana” no nos enseñan como asumirla ni como afrontarla por lo que, a la hora de la verdad, estamos completamente desasistidos y, entre otras consecuencias, ni siquiera sabemos como reaccionar. Entonces, nos encontramos frente a otro problema existencial, aprender de repente todo lo que ya deberíamos saber porque nadie sabe tampoco nada para enseñarnos.

Filósofos, pensadores y poetas han acuñado frases que posiblemente puedan ayudarnos a meditar y obtener un poco de eso que llamamos consuelo.

Montaigne dijo “El hombre debe aprender a soportar pacientemente lo que no puede evitar debidamente.” La pregunta obvia: ¿Y cómo aprendemos? Toca a cada uno improvisar su propio aprendizaje mientras permanece sumergido en el dolor.

En su hermoso poema “Angelitos Negros”, Andrés Eloy Blanco pone en boca de la negra que perdió su negrito la expresión de fe que alivia su pena: “Dios lo tendría destinao como angelito del cielo”.

Balzac afirma algo muy cierto: “La desgracia crea en ciertas almas un vasto silencio en el que resuena la voz de Dios”. Esa voz de Dios a la que se refiere Balzac realmente truena pero no para consolarnos sino para darnos fuerza, coraje, ánimo y perseverancia. Para ponernos una coraza y mejor soportar los más tenebrosos golpes. Con el tiempo se mitigarán esos dolores que no terminan nunca de pasar y solo se irán con nosotros a nuestra propia tumba.

Busquemos pues refugio en nuestra propia fe, sea ésta cual fuere, como la negra del poema, porque el problema es meramente espiritual y no atañe a nadie más que a nosotros mismos y, sea como sea, la vida continúa y debe continuar.

Y nosotros aquí estamos, aquí seguimos con la obligación ineludible de enfrentar TODO.

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