domingo, 29 de julio de 2012

La mentira y la traición


Hace años leí un librito francés, en mi criterio bastante malo tanto por su contenido como por su escritura, que me produjo horror y, hasta la fecha no he podido olvidar la desagradable impresión que me provocó su lectura. Creo que su título era “Elogio a la Traición” y en su desarrollo se explicaba la conveniencia de mentir y, eventualmente, traicionar para alcanzar fines de naturaleza política.En cierta manera era algo peor y más inmoral que el postulado maquiavélico que “el fin justifica los medios”.

Gracias a mis padres, por el contrario, siempre he creído firmemente que la mejor trampa que podemos hacer en la vida es ser veraces y honestos. Tarde o temprano lograremos nuestros propósitos manteniéndonos en el campo de la ética y lo mejor es que nadie podrá enrostrarnos nada.

En esta época se suceden sacudones políticos en toda América y podemos conocer muchos aspectos del pasado hasta ahora ocultos de gobiernos, personajes y eventos de nuestras repúblicas.

Volviendo al librito, en él se sostiene la peregrina tesis que es necesario y conveniente mentir para tener éxito en política, que es necesario al menos ocultar las verdaderas intenciones porque, de lo contrario, se perderían muchos votos y adhesiones. Inútil decir que a la mentira generalmente le sigue la traición.

Hacer promesas falsas y ofrecer un programa de gobierno y, luego, al obtener el poder poner otro diferente en práctica es precisamente eso, una mentira, un fraude, un engaño, una traición y, por desgracia, ese parece ser el denominador común de la mayoría de los políticos y de los gobiernos latinoamericanos (y de muchísimas otras partes también, los ejemplos concretos abundan) a lo largos de los últimos siglos.

Resalto el honor del periodista venezolano mártir Fabricio Ojeda, asesinado en 1961 por el gobierno títere del imperio yanqui, quien en una de sus brillantes artículos confiesa que fue introducido al mundo de la política de la mano del líder “revolucionario” Jóvito Villalba de “destacada” actuación como miembro de la llamada Generación del 28.

Como si lo hubiera leído hoy mismo, recuerdo que él escribió que un día le preguntó al “líder” las razones por las cuales no se le decía claramente al pueblo que ellos eran revolucionarios, antiimperialistas, que pretendían confrontar los poderes fácticos; en fin, trabajar por y para el pueblo.

Fabricio Ojeda se apartó de esa organización, tomó un fusil y se fue a la guerrilla armada después de un emotivo, encendido y valiente discurso de renuncia a su condición de Diputado al Congreso Nacional. Posteriormente apresado y encarcelado, fue vilmente asesinado por los esbirros del régimen adeco de la época. Naturalmente, los voceros de ese asqueroso gobierno intentaron engañar a la opinión pública diciendo que se trataba de un suicidio.

La respuesta tajante de Villalba fue  que ellos no podían hacer eso porque se enfrentarían de inmediato a la burguesía oligárquica. Específicamente, le dijo que los políticos no debían nunca descubrir sus verdaderos planes e intenciones y que, en todo caso, los pondrían en práctica  al llegar al gobierno, eso sí, con “con mucho tacto” tratando de no herir susceptibilidades. En otras palabras, la difícil tarea de nadar en aguas turbulentas y simultáneamente cuidar la ropa.

Pero, por desgracia para todos nosotros, todo funcionó de manera opuesta; es decir, siempre se han ofrecido villas y castillos a los pueblos y después, al tomar el poder, pactar con los sempiternos enemigos del pueblo, valga decir, las más rancias oligarquías explotadoras lacayas del imperio de turno.

Vuelvo a decir que la mejor trampa es la honestidad. Hoy lo podemos comprobar. Existen ya en Nuestra América gobiernos orientados a la redención de los pueblos y logran creciente apoyo popular hablando claro, explicando sin ambages su orientación y luchando de frente contra los enemigos tradicionales. Se cometen errores. Sí. ¿Qué ser humano no los comete? Pero hay hombría y bravura para aceptar responsabilidades y rectificar.

Lo anterior y mucho más gusta a los pueblos y apoyamos gobiernos conducidos por hombres honestos, responsables y veraces. Los viejos carcamales los odian e intentan destruirlos.

PATRIA SOCIALISTA Y VICTORIA  -  ¡VIVIREMOS Y VENCEREMOS! 

lunes, 23 de julio de 2012

Otra gran diferencia


Hace cierto tiempo, el 18 marzo de 2012, escribí e invito a releer “La Diferencia entre ellos y nosotros”, y me referí a ciertos aspectos generales de las que creo razones para nosotros habernos rebelado y para que los europeos no lo hagan en contra del capitalismo y sus brazos represores, valga decir el FMI y los Bancos Mundial y Central Europeo.

El supuestamente refinado espíritu europeo está sembrado en la mente de ellos al igual que la consideración contraria que hacen de nosotros los latinoamericanos en general. Ese tal refinamiento lo expresan aún en las sutiles diferencias del lenguaje que usan para referirse a unos y otros.

En febrero de 1989 – sí, hace ya 23 años – cuando los venezolanos fuimos los primeros del mundo en rebelarnos contra el capitalismo salvaje y las imposiciones de sus brazos ejecutores, rebelión salvajemente reprimida y ahogada en sangre por el lacayo gobierno que padecíamos entonces, sin miramiento y sin reparo alguno fuimos calificados como hordas salvajes y otros epítetos similares.

Hago un paréntesis: me estoy refiriendo en el párrafo precedente al tristemente célebre episodio conocido como El Caracazo que todos los medios de la derecha nacional e internacional intentan sepultar en el olvido, al igual que sus maravillosas consecuencias posteriores y, que valga la pena recordar al menos una, la Revolución Bolivariana.

Los “civilizados” europeos, ahora agobiados y reprimidos brutalmente por los mismos que nos masacraron – oh ironía – no son hordas salvajes, son elegantes indignados.

¡Carajo! – Seré grosero. Prefiero mil veces ser salvaje, pertenecer a una horda de marginales, ser parte de la chusma desarrapada e inconsciente, sedienta y hambrienta y alcanzar los derechos que aspiro, tal cual lo logró y sigue logrando el pueblo venezolano con su lucha antes, durante y después de 1989.

Estamos en 2012. Solo comparemos los reportajes y las noticias difundidas por las mismas televisoras y otros medios capitalistas del mundo sobre las “celebraciones” del 1º de Mayo pasado, día llamado del trabajador, y otros muchos eventos. Sobre Europa difundieron y difunden protestas y represión que tampoco califican de salvaje o brutal. Debe ser que los “refinados” policías europeos piden excusas propias de refinados cortesanos antes de dar cada rolazo  a sus masoquistas víctimas, y lo digo porque ahora solo falta decir que los aporreados no son tales sino que disfrutan esas “caricias” al igual que esos deliciosos gases “hilarantes”.

Oh contraste – en Venezuela la gente salió a las calles masivamente a CELEBRAR sus conquistas sociales.

Qué extraña contradicción entre ellos y nosotros, por cierto mayormente sesgada o ignorada por las agencias internacionales de noticias (otro brazo alienante del capitalismo salvaje) Con mucha tristeza y conmiseración hacia los europeos y gringos, visto lo hasta ahora visto, no me queda otra alternativa que sugerirles pensar entre dos opciones claras: continuar siendo elegantes y refinados indignados, tragar gases, llevar más palo que gata ladrona, sufrir represión, ser aporreados, heridos o muertos, etc., o volverse ya “hordas salvajes” como nos califican a nosotros, y alcanzar sus aspiraciones y metas sociales, políticas, económicas, laborales, etc., haciendo una “revolución” pacífica, democrática, socialista, antiimperialista y anticapitalista.

Nosotros lo hicimos y estamos orgullosamente construyendo nuestro propio modelo. ¿No creen que ha llegado la hora de pensar en el de ustedes?

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martes, 3 de julio de 2012


¿Por qué seremos tan estúpidos?

No recuerdo ciertamente que estímulo recibí antes de escribir en Twitter la oración precedente en su total extensión como sigue: ¿Por qué seremos tan estúpidos los que nos creemos humanos? Mi amigo Edgardo Colombo se inspiró en ella y escribió una maravillosa reflexión que invito a leer en http://mirebuenosaires.com.ar/editorial_del_autor.htm

El, prácticamente, no solo me invita sino que me incita a decir algo al respecto y desde hace muchos días la idea me da vueltas en la cabeza.

Se me ocurre que somos (estúpidos) a conciencia. Sí, lo somos porque nos da la real y regalada gana de serlo porque con muy buen ánimo nos negamos de plano a aceptar sanas enseñanzas, recomendaciones, sugerencias y consejos para nuestro propio bien. La consecuencia lógica e inescapable es que terminamos perjudicándonos con mucho de lo que hacemos para sufrir las posteriores consecuencias que a su vez, por efecto natural, se revierten en contra de nosotros mismos.

Sabemos a ciencia cierta que tomando ciertos caminos ineluctablemente tropezaremos con un muro de piedra. Pues bien, llegamos a ese muro y en vez de pensarlo dos veces y dar vuelta atrás, - asómbrense  o no – le damos cabezazos para derrumbarlo y, como es de esperar, terminaremos con el cráneo roto.

Permanecemos en el error por propia voluntad y decisión autónoma. Alguien dijo una vez que “la inteligencia no consiste en no cometer errores sino en saber aprender de ellos”. Pues, voluntariamente nos negamos a aprender y nos empeñamos, también voluntariamente, a caer reiterativamente en los mismos errores. ¿No les dice nada el adagio aquel que “el humano es el único animal que cae dos veces en el mismo hueco o que tropieza dos veces con la misma piedra”?

A veces pienso que he estado en un error al creer que existen seres que parecen humanos pero realmente no lo son. O sea, tienen características externas de humanos, parecen humanos, actúan como tales pero no son. Se me ocurre ahora, pensándolo mejor, que sí fueron humanos pero dejaron de serlo cuando llegaron a la infinitud del máximo nivel de estupidez. Fue entonces cuando dejaron de ser humanos y se convirtieron, gracias a sus propias acciones, en “cosas” de esas sin definición específica aún.

Perdonen mi enorme prepotencia al todavía creerme yo mismo un humano a pesar de mis errores reiterativos que me acercan a una de esas cosas que he definido en el párrafo anterior y, para escaparme elegantemente de la valoración que están a punto de darme, les daré algunos ejemplos muy pedestres e ilustrar mis estúpidas elucubraciones.

Muchos estudios “científicos” nos previenen contra el uso excesivo de bebidas carbonatadas o no con que nos atiborran las transnacionales refresqueras. Si estas bebidas son comprobadamente nefastas para nuestra salud, entonces, ¿por qué su consumo aumenta exponencialmente y las seguimos tragando con no disimulado agrado?

Nos han demostrado lo mismo de manera análoga con relación a la comida chatarra y seguimos alegremente atragantándonos pantagruélicamente con esas basuras tan dañinas.

Dos ejemplos evidentes con lo que consumimos a diario para atormentar nuestras barrigas; pero, ¿qué pasa en el campo político, económico, social? Al respecto, hemos sabido desde niños que las oligarquías capitalistas nos manipulan, explotan, expolian, en fin nos destruyen el alma, la personalidad y la vida misma. Entonces, estúpidamente me pregunto y les pregunto: ¿Por qué seguimos apoyándolos políticamente y votamos por ellos aún a sabiendas que estamos atentando contra nuestro propio futuro? ¿¿Futuro? ¡No! ¡Presente también!

He hecho hasta ahora solo tres preguntas y podría hacer unas cuantas más. Todas tienen una solo respuesta, por cierto muy obvia…y la sabemos.

A pesar de todo, la vida continúa teniendo sus aspectos agradables, alegres, bonitos y ocasionalmente aceptamos que hemos tenido, aunque sea, una pequeña dosis de felicidad. También sabemos que la felicidad no está en tener; está en ser. Pues, seamos. Seamos solidarios, generosos, altruistas, amistosos, etc. Y todo eso se revertirá con creces. Busquemos la felicidad donde está, dentro de nosotros mismos y no en ninguna parafernalia exterior para que seamos realmente humanos y no bípedos erguidos; así, tal vez,  dejaremos de ser tan estúpidos.

Ah, olvidaba mencionarles que las mejores formas para convertirnos en seres totalmente estólidos están contenidas en refinadas técnicas para engañarnos y para eso emplean a los llamados “medios de comunicación”, que no son otra cosa que centros bien concebidos para manipular conciencias.

La humanidad es la totalidad de los humanos; así que, hagámosnos miembros de ella. En cada nación elijamos aquellos esclarecidos ciudadanos que nos provean el mejor sistema de gobierno, como el que sabiamente definió Simón Bolívar el 15 de Febrero de 1819, en su célebre discurso pronunciado ante el Congreso de Angostura cuando, por cierto, se creó la República de Colombia, llamada Gran Colombia:

“El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce la mayor suma de felicidad posible, mayor suma de estabilidad social, y mayor suma de estabilidad política”.

Perdonen mi estúpida ignorancia, pero no sé de ningún otro ser humano que haya lanzado al mundo un concepto ni remotamente parecido.

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viernes, 22 de junio de 2012

No nos conocemos – Parte V


Aclaratoria: No es un salto en la serie ir de parte III a V. Mi amigo Edgardo Colombo escribió la parte IV y los invito cordialmente a leerla en:


Quienes hemos tenido la oportunidad de viajar a países no latinoamericanos, sea por estudio, trabajo o simplemente turismo, hemos experimentado una agradable sensación muy especial cuando hemos topado con paisanos de la PATRIA GRANDE. Algo me induce a pensar que mis propios sentimientos y emociones han sido igualmente sentidos y compartidos durante esos encuentros ocasionales, algunos de los cuales han propiciado y desarrollado amistad en grados variables.

El entendimiento, la solidaridad y el sentirse “hormigas de la misma cueva” han sido casi siempre los denominadores comunes de esos encuentros al azar, lo que ha prevalecido más allá de las insignificantes diferencias en el acento con que hablamos, los distintos significados muy locales que le damos a algunas palabras o frases usuales, los diversos nombres que le damos a ciertas cosas, actitudes o eventos; y en la mayoría de esas cosas nimias se ha llegado pronto al chiste, al chascarrillo o en general al estallido del buen humor. Rarísima vez se ha producido desencuentro alguno,

Es cierto y comprensible que determinadas costumbres y enfoques sean producto del lugar geográfico de donde provenga cada uno. Es absolutamente normal; y debemos entenderlo, aceptarlo y tolerarlo que haya diferencias superficiales entre un montañés del sur de Chile con un pescador del caribe dominicano, entre un originario del altiplano boliviano con un llanero venezolano, y así sucesivamente.

Quiero destacar el hecho que el sentimiento generalizado no es que seamos de uno u otro lugar, zona o región aunque eso sea común dentro de cada uno de los países, sino que somos paisanos de “algo mayor” que nos incita a la unión y este algo más no es otro sentimiento que el de pertenecer a la PATRIA GRANDE.


Desde tiempo inmemorial los imperios y las asquerosas oligarquías locales han intentado desmembrarnos y reducirnos a grupúsculos semiautárquicos y, vaya que lo han logrado, al punto de hacernos ir a pelear por ellos en defensa de sus egoístas intereses, han pretendido infundir odios artificiales para mantener enfrentamientos fratricidas pero, aún así, en el fondo del alma de casi todo latinoamericano subyace ese valioso sentimiento de sentirse miembro de la PATRIA GRANDE aunque no nos conozcamos en detalle y, por eso, ahora abogo porque nos conozcamos más, intercambiemos con frecuencia ideas, usos, costumbres y proposiciones. Gratamente descubriremos que en esencia compartimos lo mismo, amamos lo mismo, soñamos lo mismo. El mayor conocimiento entre nosotros acortará en años luz el definitivo momento de hacer realidad ese sueño secular de nuestros gloriosos antepasados y concretar la gran idea por la que Simón Bolívar luchó denodadamente, por que LA PATRIA ES AMERICA.

Cuando visitemos alguna región de “nuestra América”, como la denominó adecuadamente José Martí, vayamos con el corazón y el intelecto abiertos para recibir de esa savia que nos nutre el alma. Aprendamos, aprendamos y aprendamos; enseñemos, enseñemos y enseñemos; compartamos, compartamos y compartamos.

Dos días antes de la solemne Declaración de Independencia por parte del Congreso de Venezuela el día 5 de Julio de 1811, cuando la guerra no había comenzado aún, Simón Bolívar pronunció un encendido discurso en la Sociedad Patriótica de Caracas que remató con una lapidaria frase:

“Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana: vacilar es perdernos”

En medio de las avatares de la Guerra a Muerte, en pleno fragor de la contienda, escribe el 12 de Junio de 1818 a Juan Martín de Pueyrredón, Jefe de las Provincias Unidas del Río de la Plata:

“Una sola debe ser la patria de todos los americanos, ya que en todo hemos tenido una perfecta unidad…La América, así unida, si el cielo nos concede este deseado voto, podrá llamarse la reina de las naciones y la madre de las repúblicas.”

El máximo ideal de Bolívar era convertir la América hispana en una inmensa y sorprendente nación:
“Yo deseo más que otro alguno, ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria.”

Palabras éstas, y muchas más que merecen estar grabadas en bronce en todas las naciones de América.

Al final de sus días, antes de pasar definitivamente a la inmortalidad, sentenció:

“El gran día de la América del Sur no ha llegado.”

Casi doscientos años después, te decimos Padre Libertador, que tus pueblos han retomado ardorosamente tus ideas y tus banderas, que ahora al fin, sí ha llegado ese “gran día” y haremos lo posible todos tus hijos para que se concrete tu profecía y tu sueño, los de Miranda, San Martín, Sucre y de tantos otros porque definitivamente LA PATRIA ES AMÉRICA.

Avancemos optimistas y alegres hacia esa aurora luminosa a paso de vencedores, a tambor batiente, a todo estruendo.



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martes, 1 de mayo de 2012

No nos conocemos – Parte III


El territorio que hoy ocupa la República Bolivariana de Venezuela fue uno de los territorios coloniales de España más pobre de todo el continente americano.

El historiador Manuel Pérez Vila lo describe maravillosamente: “Durante la primera mitad del Siglo XVI las perlas de Cubagua incrementaron sustancialmente el tesoro de la Corona, pero los ostiales se agotaron pronto y el “boom” cubagüense no tuvo consecuencias durables para la economía venezolana. La empresa coriana de los Welser resultó un fracaso económico, si bien dejó como saldo el establecimiento de ciudades – Coro, El Tocuyo…- en la región occidental; y tal vez aquel fracaso contribuyó a arrancar de las mentes el espejismo de “El Dorado”, es decir, la esperanza de un súbito enriquecimiento mediante el botín de imaginarios reinos indígenas opulentos. Pronto pudo verse que Venezuela no era un nuevo México, ni un nuevo Perú. Los conquistadores se volvieron hacia las tareas más prosaicas de la agricultura y la cría”.

Es así como aquella Venezuela de esa lejana época colonial volteó sus ojos al campo a partir de los comienzos del Siglo XVII hasta entrado el Siglo XX cuando nos cayó la maldición petrolera, que no solo acabó con unas actividades ya seculares de apego a la tierra que, ciertamente, nació en la colonia sino que también perduró después de la independencia trunca. Venezuela sorteó épocas difíciles, guerras, montoneras, caudillaje, pobreza, desastres, pero sus producciones primarias sustentaron la país a través de todas sus épocas. Es a partir del segundo tercio del Siglo XX cuando el petróleo termina por desarticular totalmente al país y nos sumerge en la miseria del rentismo que solo benefició al imperio y a las podridas oligarquías lacayas.

A partir del Siglo XVII, el cacao se convierte en el primer producto de exportación, seguido por el tabaco y los cueros de ganado. La producción de cacao fue la fuente de grandes riquezas de ciertos personajes al punto que, aún hoy en día, perdura desde entonces el apelativo de “gran cacao” para señalar a los oligarcas millonarios.

Entre 1728 y 1784, la Corona concede el monopolio de todo el comercio a la Compañía Guipuzcoana de la cual el mismo Rey de España era accionista. No analizaré las implicaciones políticas, económicas o sociales que este hecho trajo consigo; pero el comercio de alguna manera se desarrolló y creció. El cacao fue el primer producto de exportación. A partir de 1784 el cacao continúa ocupando su lugar seguido por el añil, cueros, ganado en pie y comienza a tomar importancia el café que para 1830 desplaza al cacao y se convierte en el principal rubro de exportación. Para 1854, el café genera el 37% de los ingresos por exportaciones, el cacao 21%, los cueros 14%, etc. Hubo periodos cuando el café y el cacao llegaron a producir el 70% de esos ingresos y la diferencia la aportaron el algodón, los cueros y el ganado en pie.

Una vez logrado el propósito imperial de convertir a Venezuela en solo una factoría petrolera, la producción de la tierra casi desaparece pero, aún así, bajo esas terribles condiciones, muy adversas, lograron sobrevivir ciertos cultivos, de tal manera que el café y el cacao se mantuvieron como segundo y tercer rubros de exportación detrás, por supuesto, del petróleo. Lógico que sus valores relativos resulten insignificantes frente al petróleo y así permanecieron hasta la segunda mitad del Siglo XX cuando fueron desplazados por el hierro y el aluminio.

Actualmente ha tomado auge nuevamente la producción de café y cacao bajo el estímulo y los auspicios de los ambiciosos programas de desarrollo agrario impulsados por la Revolución Bolivariana,

Lo que nunca llegó a perderse fue la tradicional calidad y el gran aprecio de los consumidores por el café y el cacao venezolanos.



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domingo, 29 de abril de 2012

No nos conocemos – Parte II


Insisto con el primer párrafo del anterior escrito. Los latinoamericanos hemos vivido de espaldas y no nos conocemos. Sabemos todo o casi todo de aquello que les ha interesado y les interesa a los centros imperiales. A cualquiera de nosotros le preguntan y responderá correctamente mucho sobre Nueva York, Londres, Paris y últimamente Miami; pero es bien poco o nada lo que puede decir sobre Guadalajara, Santiago de Cuba, Guatemala, Medellín, Guayaquil, Arequipa, Valparaíso, Belo Horizonte o Santiago del Estero.

Inútil decir que hablo de la generalidad y no de todas las honrosas excepciones.

Y no hablemos de nuestra historia. No tenemos idea sobre Hidalgo, Morelos, Juárez, Emiliano Zapata, Morazán, Martí, Maceo, Ricaurte, Camilo Torres, Calderón, Inanue, Santa Cruz, O´Higgins, Moreno, Rivadavia y otros miles.

Hay una incontrovertible realidad histórica y es que a Venezuela le ha correspondido la innegable gloria de haberse constituido en punta de lanza, bandera y vanguardia de la independencia americana; pero, poco saben nuestros compatriotas de la PATRIA GRANDE sobre el más universal de todos los venezolanos de todos los tiempos: FRANCISCO DE MIRANDA.

Brevemente, solo diré que le tocó participar activamente, de manera destacada, en las tres grandes revoluciones de su tiempo histórico: la Independencia de los EUA, la Revolución Francesa y la Independencia de las antiguas colonias antes españolas. ¿Sabías que su nombre está grabado en el Arco de Triunfo allá en París como héroe de la Revolución Francesa y alcanzó el grado de Mariscal?

Casi ningún colombiano o ecuatoriano sabe que su bandera, al igual que la venezolana con sus colores amarillo, azul y rojo, fue creada por Miranda. Casi nadie sabe que el nombre de Colombia es invento de Miranda y casi ningún latinoamericano sabe que el proyecto de Miranda, su COLOMBEIA, contemplaba la creación de una gran nación que se extendía desde la América del Norte hasta el Cabo de Hornos. Territorios que luego pasarían a formar parte de los EUA, Louisiana, Florida y todo lo que le robaron a México y de ahí hacia el sur, incluyendo todo el Caribe, hubieran llegado a ser parte de la PATRIA GRANDE, COLOMBEIA.

Luchó, sufrió y murió viejo prisionero de España, la cual lo persiguió por todo el mundo durante casi cuarenta años, pero sus banderas fueron recogidas por otros venezolanos y de otras partes quienes hicieron la epopeya que nos dejó una independencia trunca porque, a la muerte de Simón Bolívar, los imperios de turno nos colonizaron de nuevo contando para ello con el apoyo, ayuda, y participación activa de las serviles, lacayas y podridas oligarquías criollas.

(Continuará)

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viernes, 27 de abril de 2012

No nos conocemos – Parte I


Decir que nosotros los latinoamericanos hemos vivido de espaldas los unos a los otros y que no nos conocemos es un lugar común, una verdad de Perogrullo. Y lo peor es que lo hemos sabido, lo sabemos y bien poco hemos hecho para revertir esa triste y deplorable situación.

A lo largo del tiempo he sufrido el desaliento y la frustración que casi nadie en el mundo sabe de nosotros, excepto los deformados estereotipos implantados por la filmografía de Hollywood. Nos han hecho creer la deformada e irreal visión que presentan de los mejicanos como unos seres tarados y desnutridos que se la pasan durmiendo arropados con un xarape bajo un sombrero alón, que viven en un pobrísimo lugar desierto donde solo hay polvaredas y chamizas voladoras y que, además, están a la espera de un gringo elegante, fuerte, prepotente y machote que venga a redimirlos.

Según esos estereotipos, los argentinos lo único que hacen es bailar tango, los colombianos son todos despiadados guerrilleros terroristas y traficantes de drogas; los brasileños andan todo el año bebiendo cachaza disfrazados en un eterno carnaval. En resumen, todos somos feos y tarados, ninguno es “smart” pero en medio de todo hay una enorme contradicción porque ellos, los gringos y muchos europeos, donde quiera que llegan dan por sentado que los heladeros, barrenderos, choferes, al igual que todos los miembros del más bajo y despreciable estrato social sea perfectamente bilingüe, que hable su idioma, si es inglés mejor que un académico de Oxford y se comunique con ellos espléndidamente, sobretodo para obedecerles servilmente.

Una vez presencié el alborotado berrinche que armó un turista gringo porque un vendedor callejero de perros calientes no hablaba inglés. Por fin, ¿en qué quedamos? No me explicaré jamás como un presunto tarado analfabeta tiene que hablar perfectamente un idioma extranjero. Inútil decir que ellos no se rebajan a aprender aunque sean veinte palabras de ningún idioma cuando viajan como turistas o como “experimentados hombres de negocio”.

Al fin y al cabo me y nos importa un carajo lo que ellos digan, sientan, piensen u opinen sobre nosotros. Lo que sí me escuece es que entre nosotros mismos, los latinoamericanos, tenemos también esos estereotipos que nos han hecho tragar de cada uno de nosotros y así, estupidamente, nos creemos esas ficciones tan falaces.

(Continuará)

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