sábado, 2 de noviembre de 2013

“Estados democráticos más avanzados”



Amigas(os) lectoras(es), si se llegan a tomar la molestia de revisar todos mis escritos anteriores, observarán a simple vista que es la primera vez que pongo comillas a un título. Y lo hago porque quiero resaltar la expresión “Estados democráticos más avanzados”.

No, no crean que estoy desvariando. Esa antojadiza expresión estoy cansado de leerla en “enjundiosos” escritos por sesudos analistas y, también, estoy cansado de oírla a tipos cabeza hueca que con estudiada pose pseudoacadémica y engolada voz pontifican al referirse, ambos grupos, a la democracia venezolana.

Cuando escriben, o hablan, argumentan que nuestro sistema está lejos de compararse y, mucho menos, igualarse a “Estados democráticos más avanzados”; pero lo que siempre les ha fallado es el otro referente de toda comparación. ¿Con cuál otro sistema implantado en otra parte del planeta nos compararan? Siempre omiten esa parte.

Aunque no les hago el menor caso a todo cuanto escriben, o hablan, me pareció hasta algo cómico para rellenar un par de cuartillas.

Esos desvergonzados tipejos cuyas cavidades encefálicas están llenas de materia color ocre y no gris precisamente; en sus mentes, presumiendo generosamente que tengan algo, ¿con qué país nos comparan? Descarto a priori que lo hagan con Ecuador o Bolivia. Esos países pareciera que no existen.

Sus países paradigmáticos son los EEUU, Reino Unido, España, Francia y otros del mal llamado primer mundo donde, casualmente, en estos tiempos que corren, están cercenando a sus ciudadanos, vasallos o súbditos todos los derechos adquiridos sometiéndolos a hambre y miseria mientras un grupito de privilegiados se enriquece inmoralmente; o sea, están haciendo a sus propios habitantes (observen que ex profeso no digo ciudadanos) exactamente lo mismo que antes, cuando las circunstancias los favorecieron en el pasado, descaradamente hicieron a los pueblos que colonizaron, aparte de los inmensos genocidios por todos conocidos.

Cuando se hace una comparación es como poner en ambos platillos de una balanza los elementos que componen cada uno de los casos a comparar y, según el peso específico de cada uno de ellos, la balanza se inclinará hacia uno de los lados. Invitados a comparar algunos de los componentes de la democracia venezolana con la de los EEUU. Comencemos por la Constitución, punto de partida, origen de todo estado democrático. Primera consideración: ¿Quiénes la redactaron aquí y allá?

Aquí, el pueblo soberano conjuntamente con los miembros de la soberanísima Asamblea Nacional Constituyente; miembros elegidos por el pueblo de la República de Venezuela en libérrimas elecciones. A posteriori, ese mismo pueblo la aprobó en referéndum por amplísima mayoría y uno de los primeros y emblemáticos cambios fue el nuevo nombre de República Bolivariana de Venezuela. De paso, existen mecanismos constitucionales para hacer reformas y o enmiendas que deben también ser aprobados por el pueblo mediante referéndum. Allá, la escribió, hace más de 200 años, un “selecto” grupo de fanáticos clasistas, racistas de terratenientes comerciantes que vieron sus intereses crematísticos amenazados por sus colonizadores británicos. No sé si aún estará vigente – tampoco me voy a molestar en averiguarlo – la disposición que establece que un negro libre vale la quinta parte de un blanco y, por supuesto, se les niega todo derecho y la esclavitud se mantuvo hasta que financieramente no les interesó más. A los esclavos había que proveerles sus necesidades básicas – un costo monetario – mientras que a los trabajadores se les pagaría un pírrico salario que jamás alcanzaría ni siquiera para comer completo, con lo que aseguraron mano de obra más barata en las peores y más inhumanas condiciones.

Aquí, los candidatos a gobernantes son postulados por el pueblo a los partidos políticos, e inclusive existe la figura de la autopostulación, éstos van a elecciones libres y el pueblo los escoge mediante el voto en elecciones de primer grado. Allá, limitándonos al Presidente, este lo escogen previamente los grandes grupos fácticos de poder y se lo imponen al pueblo que supuestamente los elige en elecciones de tercer grado. Adicionalmente, para ser candidato a cualquier cargo es necesario ser rico, millonario o tener respaldo económico suficiente por parte de grandes intereses para sufragar el carnaval electoral. Se usan las más refinadas técnicas promocionales, publicitarias, manipulación de masas, engaño descarado, mentiras y toda una serie de artificios psicológicos para literalmente vender los candidatos a la población tal como se hace una engañosa campaña de ventas de un jabón, una licuadora, un automóvil o cualquier otro artículo de consumo. Si no me creen lean un artículo escrito en inglés titulado The selling of the president http://scotterb.wordpress.com/2008/08/08/the-selling-of-the-president/ y o busquen el libro “Como se vende un presidente” por Joe McGinniss.

Pero vayamos a ciertos resultados. Todos los tratadistas están de acuerdo que se gobierna una sociedad con la idea de obtener el bien común. Entiendo que el bien común es el mayor bienestar posible de toda la sociedad; es decir, de todos y cada una de los ciudadanos. Ese concepto lleva implícita la repartición equitativa de la riqueza nacional entre todos sus habitantes. Para ello, Perogrullo dixit, la política debe dirigir, orientar o como se le llame, la economía para que los bienes producidos; es decir, la riqueza nacional sea para satisfacer las necesidades sociales (alimentación, salud, educación, vivienda, servicios esenciales, ambiente sano, ocio creativo, etc.)

No voy a perder tiempo comparando entre aquí y allá. Solo mencionaré que aquí, año tras año, se reduce el Índice de Ginnis (mide la igualdad o desigualdad social) mientras que allá el 1% es cada día descaradamente más rico que el 99%.  La diferencia salta a la vista. Para abreviar los remitiré a mis anteriores escritos  en http://juanpedrotorres.blogspot.com/search?q=La+riqueza+de+las+naciones

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domingo, 13 de octubre de 2013

Las falacias legales


No todo lo legal es ético, no todo lo legal es moral, no todo lo que es legal es justo. Una cosa es lo legal, una cosa es el derecho y otra cosa muy diferente es lo justo, la justicia.

Mucho antes de que lo pensara, el filósofo francés Michel Foucault distingue entre la norma y la ley precisando que “esta última opera cuando existe una infracción. Se convierte en un mecanismo de legitimación del poder dominante y regula los marcos de interacción social del resto de los individuos”. Es decir “las leyes están hechas por unos y se imponen a los demás”.

Desde niño se me ha inoculado un concepto llamado legal según el cual “todo individuo es inocente hasta tanto se le demuestre su culpabilidad”. He comenzado a dudar la certeza y lo justo de ese postulado y ahora me percato, tal como lo dijo Foucualt que “las leyes están hechas por unos y se imponen a los demás”. Nos impusieron ese principio hasta el punto de ser aceptado sin discusión por, diría, todo el mundo; pero, pensemos, mejor dicho, dudemos, si ese supuesto principio del derecho fue maquiavélicamente impuesto por aquellos que cometen delitos inteligentemente, que esconden eficientemente las pruebas y por tanto se dificultan a cualquier mortal obtenerlas. Pensemos por un momento si ese supuesto principio fue impuesto por un poderoso para protegerse de aquellos sin muchos medios investigativos.

Vayamos a un ejemplo concreto. Un poderoso roba. ¿Qué puede realmente hacer un pobre para probarlo? Para empezar, recabar las pruebas tiene un costo. Pero además impusieron otro casi imposible, si el débil acusa al poderoso y sus pruebas no se ajustan al derecho, en consecuencia no puede probar nada, está sujeto a una contrademanda por difamación, injuria, etc. y, para colmo no puede defenderse porque es pobre, va con sus huesos a podrirse en una cárcel por atreverse a dudar de la honorabilidad de un pillo rico. La riqueza es el escudo protector de sus perversidades.

En mi anterior escrito propuse la figura de la renta presunta para juzgar los casos de corrupción y que se invirtiera la carga de la prueba, es decir, le tocaría al acusado de corrupción probar que es inocente. De esta manera se acabaría con la injusticia envuelta automáticamente en el caso señalado en el párrafo precedente.

Basándonos en la concepción actual de la justicia, un pobre puede incluso llegar a tener pruebas pero teme al poderoso porque éste tienes más y mejores armas que él. El sociólogo Zygmunt Bauman plantea una intrínseca tensión entre la ética y la moral y la conservación de la seguridad personal. Según el pensador polaco el reconocimiento de un “blanco que atenta” contra la integridad del individuo relega cualquier tipo de planteo moral frente a las acciones que se desarrollan ante su presencia. El pobre piensa en su propia seguridad personal, en la de su familia y, al final, decide dejar las cosas como están, termina no arriesgándose, antepone su seguridad a los principios éticos y morales y a sus deberes como ciudadano.

Lo que copio a continuación reposa en un recorte de periódico y lamento no saber quien lo escribió para darle justo reconocimiento: “Así pues, el Estado de derecho se ha configurado como aquel regido y ordenado por un conjunto de leyes e instituciones (previamente aprobadas y legitimadas), organizadas generalmente en torno a una Carta Magna, que sirven como marco de actuación y control al comportamiento y funciones de las autoridades. Sin embargo, aunque el Estado de derecho permitió un control de las autoridades, no resolvió todos los problemas que conlleva la estructura compleja de un Estado, de hecho conlleva en su concepción un riesgo para alcanzar su objetivo: ¿cuál es y cómo se construye el contenido de las leyes?

Tenemos, por ejemplo, una dictadura o un Gobierno dominado por la burguesía que manipule la opinión pública y que controle el Poder Legislativo y Judicial, puede generar leyes a su favor y definirse como ajustado a derecho. Por ello debemos tomar en cuenta que para que podamos hablar de un verdadero Estado con base en la legalidad, el mismo no debe quedarse en lo estrictamente formal (construcción de leyes), sino que debe transcender al plano material (ejecución de las leyes sobre la base de la garantía de los derechos humanos), y ello solo es viable en gobiernos democráticos con la participación del pueblo en la construcción de las normas que le van a regir.”

“Tampoco el Estado de derecho por sí solo (si desde el plano formal lo analizamos) es capaz de resolver las desigualdades sociales y económicas que se han instaurado y arraigado especialmente luego de la Revolución Industrial, por lo que debe incorporar un nuevo elemento vinculado con la equidad y justicia social y asumir que el Estado es el instrumento por excelencia para alcanzar la transformación social.”

Desde que se inventó la humanidad, los poderosos han organizado todo a su favor en todos los órdenes de la vida. Las leyes no son una excepción. ¿Habrá llegado el tiempo cuando los pueblos, es decir los pobres, tomen conciencia y comiencen a sacudirse esos yugos seculares?

Con la inversión de la carga de la prueba se daría un primer paso fundamental para comenzar a deslastrarnos de injusticias finiseculares. Ese asunto de que el individuo es inocente hasta tanto se pruebe lo contrario es un verdadero engaño. Propongo que se aprehenda al criminal solo con la presunción y que le toque a él probar su inocencia. Me atrevo inclusive a proponer que se le señale y acuse confidencialmente para que no opere la venganza posterior. En el caso de los corruptos (eufemismo para llamar los ladrones) basta observar los súbitos cambios en sus estilos de vida porque ellos son maestros en el arte de esconder (justificar) delitos. Ya lo afirmó Simón Bolívar cuando dijo que “el talento sin probidad es un azote”.

Simón Bolívar fue sumamente drástico con relación a los corruptos. Su famoso decreto fechado en Lima el 12 de diciembre de 1824 contempla la pena de muerte a quienes roben más de 10 pesos; pero no solo eso, idéntica pena se aplicaba a los jueces venales que protegieran a esos ladrones; pero, hay algo sumamente importante que la mayoría de los historiadores soslayan, Bolívar apela al pueblo para que los denuncie y establece la obligación de hacerlo. Confiaba en el pueblo más que en los sabios cuando de la salud de la patria se trataba. Al invertir la carga de la prueba y establecer la obligatoriedad de la denuncia se daría un paso gigantesco hacia EL REINO DE LA JUSTICIA. No olvidemos jamás que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece en su Artículo 2 que el régimen que debe imperar en el país es uno de Derecho y de Justicia.

  
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martes, 1 de octubre de 2013

La Corrupción


El delito, en cualquiera de sus formas, se esconde, se mimetiza, se mezcla con las demás actividades. El delito se transforma y se renueva. Todo delito, por supuesto, debe ser ilegal aunque a veces ciertos delitos no lo sean. Todo delito es pecado y fruto directo de otros pecados – los pecados capitales – porque se origina y forma parte de ellos. La corrupción es una forma de delinquir derivada directamente de los pecados capitales; la envidia, la codicia, la avaricia, la soberbia y hasta la lujuria. Su principal nutriente es la ambición desmedida e insana propia de almas podridas, pervertidas.

Hay mucha gente que permanece honrada porque nunca tuvo oportunidad de probar su verdadera naturaleza. Nunca se le presentaron tentaciones para ser deshonestos.

Para que haya corrupto tiene que haber corruptor. ¿Quién da el primer paso? Tanto el uno como el otro pueden tomar la iniciativa y al juntarse se da el matrimonio diabólico. Como siempre, la víctima de todo delito es el pobre. De hecho, los ricos son ricos porque siempre han robado a los pobres y esta conducta se ha hecho habitual y casi se considera como parte del orden natural. Peor es cuando el pobre roba a otro pobre, ese es un pobre ladrón, las migajas que roban son realmente pocas.

Antes dije que muchos delitos pueden no ser ilegales. Inmorales y faltos de ética siempre lo son. No todo lo legal es ético, ni moral ni mucho menos justificable; pero las leyes, muchas malhadadas leyes, son escritas por los corruptos directa o indirectamente. Uno de los grandes ejemplos en Venezuela fue una tristemente famosa “Ley de Bancos”, escrita por banqueros corruptos, aprobada por políticos corruptos, ley que amparó el tal vez mayor robo colectivo de la historia de Venezuela.

Ultimamente se ha mezclado peligrosamente la corrupción con una guerra económica que intenta sabotear el país. Los capos de la guerra se han aliado con los corruptos, que en esa mezcolanza son los mismos, han estimulado el delito y han encontrado campo fértil en aquellas personas que de honestos tienen la honradez virginal de las mujeres muy feas. Son honestos porque nadie les ha propuesto dejar de serlo al igual que esas mujeres que se conservaron vírgenes porque nadie les dio la oportunidad de dejar de serlo.

Daré algunos casos, a veces difíciles de identificar, que sabotean y a la vez nadan en el asqueroso pozo de la corrupción. Son saboteadores los empleados administrativos de empresas u organizaciones públicas que se encargan de cancelar “las cuentas por pagar”. Retrasan con cualquier pretexto, real o imaginario, la cancelación de las facturas vencidas. De este punto se derivan dos vías: una, la empresa afectada corta el suministro hasta recibir el pago, las máquinas, equipos o procesos no son atendidos debidamente, se retrasa o suspende la producción y el sabotaje se consuma. Otra, la empresa afectada está presionada por su falta de flujo de caja y le proponen pagar las facturas atrasadas siempre y cuando “se bajen de la mula” con determinado porcentaje. En ambos casos se sabotea la producción.

Otra forma de corrupción es la desidia. Esos empleados a quienes no les importa que el ciudadano común o la institución para la cual “trabaja” obtengan lo que buscan. El primero se llena de ira o frustración y echa pestes contra la institución y sus líderes superiores y, en el segundo caso, la empresa no cumple con sus objetivos en el tiempo deseado.

La corrupción no se puede relativizar. Es tan corrupto el funcionario que por desidia, incapacidad, flojera, perversión, mala leche o grupos de estas “cualidades” guarda “involuntariamente” un expediente o solicitud en una gaveta, como el tipo que cobra millones en comisiones por contratos o compras millonarias. A la sempiterna corrupción (existe en todo el planeta desde que se inventó la humanidad) se ha unido ahora en Venezuela la guerra económica contra el país. Hay necesariamente complicidad de funcionarios públicos y el daño se le hace a todo el pueblo. Los oligarcas burgueses siempre han robado a todo o todos los pueblos y diseñan los más elaborados planes para lograrlo. En eso son expertos.

El Señor Presidente Maduro va a solicitar a la Asamblea Nacional una Ley Habilitante para luchar contra la corrupción y, supongo, la guerra económica desatada contra toda la nación. Ruego a los lectores dar difusión y divulgar lo que diré a ver si estas notas llegan a los altos niveles del gobierno y consideran mi propuesta. Es la siguiente:

Considerar la figura de la renta presunta. Se dice que hay tres cosas que nunca se pueden ocultar: la tos, el humo del cigarrillo y la riqueza. El robo fabrica millonarios de la noche a la mañana o acrecienta los activos de quienes ya lo son. Si se les encuentra riqueza súbita – no el producto de viejos robos cometidos por sus antepasados – que se les confisque todo, al menos preventivamente. Tocará a ellos la difícil prueba de demostrar que esas ganancias “son honradas”. ¿Podrán los acaparadores, especuladores, cobradores de comisiones, etc. superar esta clase de prueba? A esa gente hay que aporrearla donde les duele: en sus bolsillos y cuentas bancarias. Acaparen o especulen con lo que sea no importa, no tiene que ser solo con productos de primera necesidad, que se les quite todo sin contemplaciones. Si ellos roban con toda clase de productos, que se les castigue por lo que sea que ellos roban, es decir, acaparan y o especulan.

No es raro ver tipos que siempre fueron pobres, como de la noche a la mañana viven en mansiones, tienen carros de lujo, viajan por el mundo, se codean con “el alto perraje” y ostentan riquezas de origen dudoso. Que se les caiga encima sin piedad ni consideración alguna, que se les quite todo. Ya tocará a ellos probar la legitimidad de esos capitales. Sería la única manera con que contaría para devolver al pueblo al menos parte de cuanto le fuera robado.

Simón Bolívar lo dijo muy claro que debe haber leyes inexorables, draconianas agrego yo, para preservar la moral y la virtud de toda la nación. Ojalá Bolívar viviera y pusiera en práctica su famoso decreto ordenando pasar por las armas a todo aquel que robe más de 10 pesos, y a los jueces que los apañen.

Para cerrar, voy a parafrasear la frase de aquel inmundo batracio (con el perdón de esos inocentes animalitos) aquel 4 de febrero de 1992 en el extinto congreso nacional (en minúsculas en señal de asco y desprecio):

MUERTE A LOS LADRONES, A LOS ESPECULADORES QUE ES LO MISMO, MUERTE A LOS CORRUPTOS.

Sé de antemano que la pena capital no la contempla nuestra humanista Constitución, pero volver a la pobreza sería peor para esos desgraciados escatológicos tipos que la pena de muerte misma.


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sábado, 21 de septiembre de 2013

Amuay – Un año después

Sí amigas y amigos, hace poco más de un año escribí mis artículos “Amuay” - http://juanpedrotorres.blogspot.com/2012/08/amuay.html y “Sigo con Amuay” - http://juanpedrotorres.blogspot.com/2012/08/sigo-con-amuay.html#comment-form – Desgraciadamente, mis sospechas se han confirmado con el paso del tiempo. Cuanto me hubiera gustado no tener razón.

El pasado día lunes 9 de septiembre quedé estupefacto ante lo que llamo una Conferencia Magistral del ciudadano Rafael Ramírez, Ministro del Poder Popular de Energía y Petróleo de la República Bolivariana de Venezuela, sobre los tristes, dolorosos, lamentables sucesos del día 24 de Agosto de 2012 en el bloque 23 de la Refinería de Amuay, operada por Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) y propiedad de TODOS LOS VENEZOLANOS. Ver “Evento Clase A – Refinería de Amuay” que pueden leer y/o descargar de la página web oficial de PDVSA http://www.pdvsa.com/ desde una conexión Resultados de Investigación: Caso Amuay

La conclusión del ciudadano Ministro y de un multidisciplinario equipo técnico, basado en contundentes pruebas técnicas (metalográficas, químicas, etc.) es que en ese desafortunado incidente hubo una(s) mano(s) inhumana(s) muy peluda(s) que, con plena conciencia de sus actos, perpetraron un CRIMINAL sabotaje.

El genio de Simón Bolívar pronunció por allá por los 10 ó 20 del Siglo XIX una estupenda y profética frase: “El talento sin probidad es un azote”.

Desgraciados y mil veces malditos esos talentos que asesinaron tanta gente inocente, inclusive niños; que destruyeron tantos hogares, que causaron tanta infelicidad, angustia, horror, terror y muerte, además de considerables daños económicos a la nación, a la patria, a SU propia patria. Y conste que digo “SU propia patria” porque nacieron en algún lugar de Venezuela y tienen ciudadanía, nacionalidad y cédula de identidad de venezolanos; aunque sabemos que muchos, así hayan nacido en Guaracaral de Abajo o en San Fermín de Perromojado, hijos, nietos, bisnietos, etc. de Venezolanos, tienen su mente enferma, podrida, maloliente, sus jirones de alma perversa y su corazón envenenado en otra parte y, además, son obedientes lacayos de los intereses más cínicos, pérfidos, malvados, criminales, etc. del planeta y quizás más allá.

Por desgracia, tengo algún conocimiento sobre esta materia y he podido aquilatar la perfección del plan de sabotaje. Cerebros y manos expertas se conjugaron para llevar a cabo ese criminal acto que, gracias al altísimo, gracias al Dios de todos y cada uno, tuvo una falla. Falla no de ellos, de la naturaleza que nos salvó de un infierno mayor. El diseño original, sin duda, contemplaba un resultado mucho más catastrófico, muchísima mayor destrucción, quizás miles de muertos, heridos y desaparecidos. Buscaron la destrucción casi total de la refinería de Amuay mediante la creación de un súper infierno cuyas llamas hubieran tardado semanas y tal vez meses en apagarse. Pero no solo eso, destruir más de la mitad del centro refinador MAS GRANDE DEL MUNDO no es poca cosa. La catástrofe, además de humana y técnica hubiera representado al país un gigantesco daño económico y financiero, y casi seguro también político.

Nos salvamos, no me queda la menor duda, porque el Dios de todos y de cada uno metió su mano y les arruinó parcialmente el plan. Sabemos que la explosión fue causada por una chispa que se originó en el estacionamiento del Destacamento 47 de la Guardia Nacional Bolivariana ubicado fuera del área de la refinería en dirección sur-este. Esa chispa afectó una nube de olefinas muy volátiles que escaparon a la atmósfera debido a la rotura intencional de una bomba vertical. Lo anterior explica la razón por la cual la mayoría de las víctimas y los daños materiales corresponden en número, aunque tal vez no en dinero, a la población aledaña a las instalaciones de la refinería.

Digo y repetiré que Dios metió su mano e hizo fallar parcialmente el criminal intento por lo siguiente: normalmente el viento sopla en dirección noroeste y solo en raras ocasiones exactamente lo contrario como realmente ocurrió. La verdadera y calculada intención de los criminales saboteadores era que la nube se desplazara en sentido exactamente contrario y, al incendiarse, lo hiciera precisamente sobre la zona de concentración de la mayoría de las plantas de procesamiento de crudo y derivados. Imaginemos la dantesca situación de muchas plantas de proceso, llenas de hidrocarburos en proceso, todas, súbitamente, ardiendo de repente y generando una interminable cadena de catastróficas explosiones.

Se hubiera generado un caos y una conmoción cuyas consecuencias hubieran alcanzado al país entero. Ahora vayamos a lo que es PEOR. A un año de ese fatídico acontecimiento, se sabe a ciencia cierta, con pruebas contundentes que no dejan asomo a ninguna duda, que algunos dirigentes de la criminal fascista ultraderecha antivenezolana se reunieron con altos personeros, malvados todos ellos, del gobierno gringo y planificaron medidas para impedir un nuevo triunfo de la Revolución Bolivariana en las próximas elecciones presidenciales programadas para el día 7 de octubre de 2012.

Ante la evidente victoria del Comandante Supremo, llegaron a la tétrica y aberrante conclusión que SOLO UN EVENTO CATASTROFICO podría hacer variar a la opinión pública y cambiar el curso de los resultados electorales. Esos malditos hijos de engendro diabólico planificaron y ejecutaron ESE EVENTO CATASTROFICO y, ciertamente, lo lograron parcialmente y causaron esos terribles daños que todos lamentablemente conocemos. No lograron su fin último. La reacción inmediata del Comandante Supremo y su gobierno en general surtieron efecto contrario al esperado y el inevitable triunfo se consolidó en la fecha señalada pero los daños quedaron y sus consecuencias materiales aún tardarán tiempo en ser subsanadas. Imposible recuperar los daños humanos, menos aún a los mártires.

Vuelvo a Bolívar: “El talento sin probidad es un azote”. Inconcebible que gente “bien preparada” técnica y científicamente tenga cerebros tan malvados y pongan sus capacidades, conocimientos y experticia al servicio de Lucifer. Cerebros llenos de conocimientos pero también llenos de maldad. Esos cerebros son realmente los malos engendros de la sociedad capitalista que los inocula con el diabólico veneno de la codicia, la avaricia, la ambición desmedida y los peores principios, los antivalores, la falta de aprecio a sus semejantes y a la humanidad en general. Me faltan calificativos para seguir juzgándolos, no soy tan inmundo como ellos. No lo intenten, no se ensucien ustedes, queridas(os) lectoras(es), tampoco.


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martes, 17 de septiembre de 2013

Dinámica de grupos en la vida real

He tenido recientemente una experiencia que me atrevo a calificar de poco agradable. Intento movilizar a los vecinos de una pequeña comunidad con la idea de obtener un beneficio para todos y, a pesar de los varios intentos para conseguirlo, no logro entusiasmarlos y, conste, he buscado argumentos que en principio captan la atención y la aprobación de esos interlocutores pero, de ahí no logro pasar más allá y convertirlo en acción creadora.

A veces tiendo a desanimarme pero me entusiasmo de nuevo y para darme ánimos me digo a mí mismo que estoy luchando contra un patrón cultural firmemente establecido, muy difícil de romper o modificar. ¿Contra qué lucho específicamente? Pues, sinceramente, yo mismo no le sé. ¿Egoísmo? ¿Molicie? ¿Incredulidad? ¿Abulia? ¿Individualismo?

¿Por qué no se dan cuenta que al beneficiar colectivamente a la comunidad donde viven, también se benefician ellos en lo personal, grupal o familiar?

¿Qué los mueve; o, mejor dicho, que los detiene?

Confieso también que he buscado por diferentes vías obtener una respuesta y me asombro de una paradoja que no sé como interpretar y, naturalmente, resolver. Esa paradoja consiste en que muchos parecieran negarse en vista de que consideran que los otros vecinos no cooperan y eso parece frenarles su deseo de cooperar. No hacen la pregunta, pero casi automáticamente la supongo:

¿Por qué debo yo hacer algo con lo cual beneficiaré a otro que no hace nada por beneficiarme a mí? Le agrego, ni siquiera por beneficiarse él mismo o ella misma.

La idea del beneficio directo propio parece predominar siempre y cuando no beneficie a más nadie. Por el contrario, soy de la idea que, si para beneficiarme yo debo ayudar a que otros también se beneficien, y es la única forma para yo lo logre; entonces, que muchos tengan también lo que yo tendré. La alegría, la felicidad, el bienestar, la mejor vida y muchas otras cosas más se disfrutan a plenitud cuando los vecinos también lo disfrutan. Eso elimina la posibilidad de que exista envidia y por ende maledicencia. Entendamos de alguna manera, es mejor ser felices todos juntos.

Soy ferviente repetidor de la una frase feliz expresada por el gran mexicano Don Mario Moreno, mejor conocido como Cantinflas quien afirmó que “el primer deber de un ser humano es ser feliz; el segundo, hacer felices a los demás”.

Oigamos a Cantinflas, hagamos felices a los demás y deslastrémonos de ese inveterado pensamiento egoísta que le he oído a unos cuantos, que se jodan los demás aunque me joda yo también. Eso es exactamente solidaridad al revés, sí estamos dispuestos a compartir la desgracia porque parece ser que las desgracias de los demás son las que nos satisfacen. ¿Algo absurdo, verdad?

Parte de ese negativo patrón cultural es la sempiterna quejadera. La gran mayoría lo hace a cada rato por los motivos más baladíes y el tema favorito es encontrar defectos y fallas en los demás para justificar la ausencia de cooperación. Para no abundar ni redundar en ese aspecto e intentando modificar esos patrones de conducta que propician la maledicencia, para cerrar les cuento una fábula (gracias al Rev. Numa Molina) y que cada quien saque sus conclusiones:

ASAMBLEA EN LA CARPINTERÍA

Hubo en la carpintería una extraña asamblea; las herramientas se reunieron para arreglar sus diferencias. El martillo fue el primero en ejercer la presidencia, pero la asamblea le notificó que debía renunciar. ¡La causa! Hacía demasiado ruido, y se pasaba el tiempo golpeando.

El martillo reconoció su culpa, pero pidió que fuera expulsado el tornillo: había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo.

El tornillo aceptó su retiro, pero a su vez pidió la expulsión de la lija: era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás.

La lija estuvo de acuerdo, con la condición de que fuera expulsado el metro, pues se la pasaba midiendo a los demás, como si él fuera perfecto.

En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo, utilizando alternativamente el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Al final, el trozo de madera se había convertido en un hermoso mueble.

Cuando la carpintería quedó sola otra vez, la asamblea reanudó la deliberación. Dijo el serrucho: “Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestra flaquezas, y concentrémonos en nuestras virtudes”.

La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba solidez, la lija limaba asperezas y el metro era preciso y exacto. Se sintieron como un equipo capaz de producir hermosos muebles, y sus diferencias pasaron a segundo plano.

Moraleja
Cuando el personal de un equipo de trabajo suele buscar defectos en los demás, la situación se vuelve tensa y negativa. En cambio, al tratar con sinceridad de percibir los puntos fuertes de los demás, florecen los mejores logros. Es fácil encontrar defectos –cualquier necio puede hacerlo–, pero encontrar cualidades es una labor propia de almas nobles, capaces de despertar lo mejor que tienen los demás.


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